UN TARAMBANA

Rufino Blanco-Fombona (sugerido)
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Yo he sido un luchador, un tarambana,
un tipo que lanzado a la aventura
salió a la calle y vio que estaba oscura
haciendo el caminar de mala gana
sumido en su locura.

Un hombre por la gracia de sus padres
que hicieron de engendrar su pasatiempo,
debiéndose enfrentar al contratiempo
y hacerles despertar de sus desmadres
burlados y a destiempo.

Saliendo a navegar entre tinieblas
en medio de una mar llena de intrigas,
buscando y recogiendo solo migas,
sin remos que remar, sin antinieblas
purgando con ortigas.

Después, pues vine aquí sin darme cuenta,
y al verme en el camino equivocado
sentí que ya mi tiempo había pasado,
en medio del rugir de la tormenta
sabiéndose atrapado.
©donaciano bueno.

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Rufino Blanco-Fombona

Personal
Canté, indignó mi cántico a los viles
Y me hincaron el diente sus pasiones;
Me escupieron su baba de reptiles
Cuando quise luchar con los leones.
 
De vuestra propia indignidad cubiertos
Buscáis – mansas ovejas – los apriscos;
Matadores de honras y de muertos
Yo vengo a dar lanzadas, no mordiscos.
 
El escenario mundanal es sólo
¡Oh dolor! El sarcástico museo,
Donde hace burlas Arlequín de Apolo
Y acogota Zeus a Prometeo.
 
¿Me quieres perdonar que te haya hecho
Tanto, Musa, sufrir con mis amores?
Llevas clavado en la mitad del pecho
Manojo de puñales – mil dolores.
 
Mis pesares, como una enredadera,
Quieren trepar: la enredadera troncha;
¡Ojalá que tu orgullo les sirviera
De lo que sirve el caracol su concha!
 
Como el místico bardo de otros días
Vivir quiero conmigo, triste y sólo,
y por el mundo hacer mis travesías
Como un oso en un témpano de Polo.
 
Soberbia es, no miedo, entre la bruma
De las pasiones radiará mi nombre;
Si para los contrarios soy la pluma
para los enemigos soy el hombre…
 
En El Polo
Sobre témpano enorme de hielo
Níveo alcázar, de rayos de luna
Constrüido y de todas las garzas
y todos los cisnes con todas las plumas
Viaja joven pareja de osos;
El de ríspida estampa y hercúlea,
Ella, ¡amante, feliz!- un ensueño
De célibe oso-muy blanca y muy rubia.
 
Terciopelo felpudo y en rizos
Es la piel de nevadas gardenias,
De los grandes corderos. Son cofres
Sus bocas, las joyas: coral en Culebras.
 
¡Cuán felices! Y viajan y viajan
En la góndola blanca. La hembra
En el tálamo yace. Y el oso
Lascivo la vida la muerte y la besa.
 
De la aurora boreal tras el iris,
Para ellos, al yermo del norte,
Indistinto y audaz sagitario
Dispara saetas de todos colores.
 
Y los buitres convierten al cielo
Las miradas que van al pone:
En sus pechos de oso la dicha,
Renuevo en el árbol, y savia en el brote.
 
¿Cuán felices! Y viajan y viajan
En la góndola blanca. La hembra
En el tálamo yace. Y el oso
Lascivo la vira la muerte y la besa.
 
De la aurora boreal tras el iris,
Para ellos, al yermo del norte,
Indistinto y audaz sagitario
Dispara saetas de todos colores.
 
Y los buitres convierten al cielo
Las miradas que van al que pone:
En sus pechos de oso la dicha,
Renuevo en el árbol, y savia en el brote.
 
¡Cuán felices! Y viajan y viajan
En la góndola blanca. De pronto
Un témpano… un choque…rumor de catástrofe
Que invade, que invade, los yermos del polo.
 
Después…!Oh blasones!
La sangre a rubíes en campos de hielo;
y auroras boreales y más corazones
Que vuelven las pías miradas al cielo…
 
Días De Campo
 
El pobre bardo, del Dolor cautivo,
Deja el bullicio por campestre calma;
En busca va de dulce lenitivo
A la incurable enfermedad del alma.
 
Por las cortina de rosadas nubes
El sol asoma en el azul remoto.
Allí quedó – tras lid entre querubes –
Como un escudo abrillantado y roto.
El sol besa con labios sitibundo
– Fragantes senos de mujer – las lomas;
Cantan las aves su cantar jocundo
y miel destilan las doradas pomas.
 
Luce a distancia un muro polvoriento
y mártir de trepante enredadera,
Cual medúseo cráneo que da al viento
De lianas la dulce cabellera.
 
En la montaña el guásimo aborigen
El cedro anciano y el almez de Europa,
Al viento dan la susurrante y su tronco erigen.
 
Cuando en la fronda de robusta sabia
Del viento da la cólera desecha
Grita la fronda al viento con la rabia
De Neso herido por la hercúlea flecha.
 
Circüíto de olientes limonares
Mira el Poeta, a quien el duelo agobia
Como tiemblan de amor los azahares
Por una ignota y presentida novia.
 
Y el pobre bardo, del Dolor cautivo,
Deja del campo la aparente calma
Sin encontrar piadoso lenitivo
A la incurable enfermedad del alma.
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