YO A VECES CUANDO LEO ME PREGUNTO

Mi Poeta sugerido: »José María Egas

EL POEMA Lee otros poemas de HUMOR

 

A veces cuando leo me pregunto
si entiendo todo aquello que yo leo
si lo que guardo yo en mi camafeo
es aquello que más me gusta y punto.

A veces al leer yo pienso y dudo
si lo que interpreto es lo que ellos dicen,
pues que otros esos versos los bendicen,
o debo al comentar quedarme mudo.

A veces no, que algunas, muchas veces,
sospecho de mi vista pues no veo
algo que discernir. Y como ateo
no creo ya en los panes ni en los peces.

Y dado que en las letras soy turista
mostrando mi trasero siempre voy,
de nuevo me pregunto ¿yo quién soy
para meterme en la mente del artista?

A veces me pregunto, ay, si yo fuera
un típico farsante en este mundo
capaz de elaborar una quimera,

que todos la leyeran y aprendieran
aunque la dedicaran un segundo
y al final con orgullo la aplaudieran.
©donaciano bueno

Acaso tú eres de los que nunca se preguntan nada? Clic para tuitear
POETA SUGERIDO: José María Egas

José María Egas

Diálogo de cumbres

Un diálogo de cumbres ensordece el espacio…
El huracán famélico, reacio,
pugna por destrozar su cadena en los montes.
La tempestad remata sobre los horizontes
quién sabe qué tremenda cosas definitivas…
Un hálito anormal circunda las altivas
mesetas que avisoran el arcano.
En todo hay una especia de temblor sobrehumano.
Y la escena es olímpica, misteriosa, gigante,
digna del padre Homero, de Shakespeare o del Dante!
Es un soplo inmortal… el que circula, acaso,
hasta en las mismas vértebras andinas…
Y queda estupefacto el Chimborazo
entre la emulación de las iras divinas!…
Cada fuerza pretende superar al conjunto.
La escena formidable va subiendo de punto
hasta lindar los éxtasis de la emoción suprema.
Ya no se sabe si es realidad o poema
el asombro inaudito… Mas la grandeza es tanta
que es dolor en los ojos y nudo en la garganta!

«Qué será? —dice el viejo patriarca diamantino—.
¿Será que de improviso se ha truncado el destino
de la tierra en su viaje por el azul celeste?
¿Qué insólita amenaza, qué sortilegio es éste
que empieza a hacer flaquear mis bases de granito?
Yo, que por los siglos vivo mirando de hito en hito
panoramas excelsos… Yo que soy el vigía
del cielo de la Raza, de esta América mía
radiante de heroísmos y prodigios sin nombre.
Yo que en mis flancos pude resistir (no te asombre!)
a Bolivar, el grande entre los grandes,
soberano y magnífico.
que en su delirio estremeció los Andes
y alucinó el Pacífico.
Yo que he vivido y palpo maravillas sin cuento,
nunca, de veras, nunca sentí lo que ahora siento.
Estupor… Sobresalto… Ansiedad… Desvarío…
Mareo de grandezas, temblor de escalofrío.
Una onda sutil que me recorre y hace
como que a fuego lento me consuma y abrase.
Qué será? Su tú puedes, dímelo, cumbre hermana!
Tú que sabes hablar en tu lengua de fuego.
De dónde esta inquietud penetrante y arcana,
este fatal desasosiego?
Algo raro en tu rostro adivino.
Ya empieza a crepitar la emoción en tu fragua.
Golpea en las tinieblas, interroga al destino,
transfigúrate y habla!… Qué es?» Y el Tungurahua,
desplegando el orgullo de su oriflama al viento,
le dice «calla, calla, que todo lo presiento.
Es sangre de mi sangre, aliento de mí mismo
lo que exalta las cumbres y agiganta el abismo.
Lo que hace estremecer el panorama inmenso.
Lo que da la ansiedad que te deja suspenso
y sin saber cómo ni por qué te extravía.
No lo sabes, hermano? Tanta grandeza es mía!
Es nervio de mis nervios y dolor de mi entraña,
fuego de mi volcán, cumbre de mi montaña,
aureola de mi sien nevada y pensativa.
No le ves? Como todo lo que tiende hacia arriba
infunde una solemne majestad al proscenio
deslumbrante y sublime,
donde agita sus cóndores el genio
con la fe del apóstol que redime!
No le ves? No le palpas? Espíritu sin mengua;
orgullo de una raza, flor y prez de una lengua.
Atalaya de un mundo, faro de ideología,
norte de la justicia y de los pueblos guía.
Nació para romper coyundas y prejuicios.
Adoró la virtud, fustigando los vicios.
Templó su corazón en fraguas de Vulcano
y ante sus ojos negros palideció el tirano!
Rebelde como un himno de luz, de independencia;
con su mano ciclópea libertó la conciencia.
Supo, como las grandes, de dolor y ostracismo.
Y en cada golpe pudo superarse a sí mismo.
Es él. ¿No ves como alza sus trompetas la gloria?
Es Montalvo que pasa redivivo en la Historia!»

Alma

Hablando a media voz, sin que nadie la entienda,
Alma, la dolorosa virgen, va por la senda.
Tiene los bucles rubios, las miradas azules,
y es casi una ilusión hecha de finos tules.
Blanca, toda irreal, en éxtasis divino,
va con los ojos muertos, fijos en el Destino…
Un mal aristocrático su belleza extenúa…
Se aleja como un símbolo por el viejo camino
donde cae en monótona vaguedad la garúa.
Un mal aristocrático su belleza extenúa…
Espiritualizada, femenina, exquisita,
con las miradas húmedas de emoción infinita,
Alma, la dolorosa, huella su triste vía
con temblores de nervios y sudor de agonía…
La pobre tiene un gesto de perdón para todo.
Santificó su vida con celestes martirios;
y de este fango humano de miseria y de lodo
ella resurge intacta con su veste de lirios!
Pero Alma ya no puede con su carga de angustia,
sus afanes y lágrimas, bajo la tarde mustia.
Y agotada, en silencio, huella la triste vía,
con temblores de nervios y sudor de agonía.

Sigue dolientemente por el jardín

Sigue dolientemente por el jardín… Tus rizos
ondulan como el diáfano cendal de mis quimeras;
y tus ojos, que se abren como dos paraísos,
tienen todo el prodigio de las adormideras.

Sigue dolientemente… La tarde es un tesoro
y el jardín una alfombra de jazmines caídos…
No quiero que al milagro de tu belleza de oro
se despierten en mi alma crepúsculos dormidos.

Sigue por el jardín… Está cayendo el día…
Sigue hasta que se pierda tu inefable silueta
bajo el azul sin nombre de mi melancolía…

Que yo, como un romántico, besaré mis dolores
y tendré la locura de sentirme poeta
cuando caiga la tarde sobre el jardín sin flores.

Pleitesía

(Hoja de álbum)

La historia tuvo un siglo perfumado y galante
sólo para que un siglo te sirviera de augur.
No hay línea que copie, ni verso que te cante,
ni rosa en la pradera, ni estrella en el levante
que rime con la gloria de tus sueños de azur!

Inefable y romántica… Te llamaron María
por tu ingenua frescura de leyenda oriental.
Eres todo el ensueño, toda la poesía!
Tus manos son las manos de la santa de Hungría
y tu pecho un escudo de realeza imperial.

Y como el Padre quiso que el universo fuera
espejo de cien lunas para tu encarnación,
en cada maravilla te puso una quimera:
Para seguir tus huellas sembró la Primavera,
para copiar tus ojos, cada constelación!

La última tarde

La vida siempre igual! … Con su color de tedio,
con sus tardes lluviosas que estremecen de frío
y son como la angustia de este mal sino remedio
que nos va consumiendo de locura y hastío!

Dejar que el alma llore con su misma dolencia
y se pierda en canciones vagas y misteriosas…
Seguir viéndolo todo con esa indiferencia
del que sabe el amargo secreto de las cosas!

Ya no nos queda nada!… Ni aquellos ojos negros
que eran como el encanto de una noche dormida…
Ni aquella risa loca que iba fingiendo allegros
en ese pentagrama lírico de la Vida!

Y sentir un perfume como a novias lejanas…
Y el corazón llorando con un dolor eterno,
con ese dolor místico que tienen las campanas
que lloran al crepúsculo de una tarde de invierno.

La lluvia sigue hilando su canción de abandono…
Ha llegado la tarde final en que mi vida
cantará sus tristezas, y con su mismo tono,
así, como una flauta, se quedará dormida…

Líndica

(A una gitana)

Y se llamaba Líndica… Gitana
de ojos bandidos y de faz morena,
que, en el cortejo de su caravana,
pasó por los eriales de mi pena.

Me dijo frases truncas:… de la Muerte,
del Amor, de la Vida y del Arcano,
descifrando misterios de la suerte
en las líneas absurdas de mi mano…

Quise hablarle de amor. Y de repente
se estremeció su corazón de Oriente
con mi devota ingenuidad cristiana.

Y en ese instante, con unción secreta,
fundí mi raza blanca de poeta
con su raza maldita de gitana!

Figulina

(Hoja de álbum)

Pasas con chic de aristocracia suma
frívolamente sobre mis martirios.
Pareces hecha con blancor de espuma
o levedad finísima de lirios!

Una serena majestad reviste
tu vida espiritual que sufre y calla…
Resumes toda la elegancia triste
de una puesta de sol que se desmaya.

Mensaje blanco de las primaveras!…
Albura espiritual!… Oh! figulina
de ponerte a exhibir en las vidrieras!…

Porque eres grácil, impecable y fina,
al tocarte parece que tuvieras
fragilidad de porcelana china.

Sonetos de la tarde

I
Despacio, y como atentos a la voz del destino
diluida en el grave son de los campanarios,
íbamos silenciosos por el viejo camino
Donde se alzan escuetos árboles milenarios.

Lejos lloraba el ángelus desde la triste ermita…
se desmayó la hora trémula en el ocaso.
Y tuvieron la angustia de esa tarde infinita
las hojas que caían muertas a nuestro paso.

Ella y yo por la senda triste… la fuente clara
rimaba sonatinas como si fuesen para
nuestro amor, para ella, que tenía en su frente

una vaga dulzura crepuscular dormida…
Yo la dije un secreto triste como la vida
y ella cerró los ojos melancólicamente.

II
Ingenuamente pones en tu balcón florido
la nota más romántica de esta tarde de lluvia.
Voy a hilar mi nostalgia de sol que se ha dormido
en la seda fragante de tu melena rubia.

Hay un libro de versos en tus manos de luna.
en el libro un poema que se deshoja en rosas…
Tiendes la vista al cielo… y en tus ojos hay una
devoción infinita para mirar las cosas.

Tiembla en tus labios rojos la emoción de un poema.
Yo, cual viejo neurótico seguiré con mi tema
en esta tarde enferma de cansancio y de lluvia.

Y siempre cuando mueran crepúsculo de olvido,
hilaré mi nostalgia de sol que se ha dormido
en la seda fragante de tu melena rubia.

La clave

Piensas que has de poder!… y no reparas
en que si no hay licencia,
por más que tu propósito alcanzaras
la misma realidad será impotencia!
En cambio, se hará todo
si la divina voluntad lo sella.
Y podrá la partícula de lodo
surcar el infinito y ser estrella!

La canción del enemigo

Y yo te bendigo,
cordial enemigo,
por todo lo malo que fuiste conmigo!
José María Egas

Vuelve a tus rediles, corazón extraño!
Todo lo que pierdas lo voy a ganar…
Yo mismo me duelo de tu desengaño
cuando te acurrucas para hacerme daño
y te empequeñeces al verme pasar!

Deja el abandono de tu yermo frío.
Vuelve a los rediles de Nuestro Señor!
Ya ves que me duelo de tu desvarío…
Y te hago una seña, corazón baldío,
desde la inclinada torre de mi amor.

Yo bien te dejara la loca esperanza,
la inútil locura de seguir detrás…
a ver si tu pobre guijarro me alcanza
hasta la inasible bienaventuranza
de los que vivimos nuestra vida en paz.

Yo bien te dejara, con tu orgullo insano,
perdido en la selva de tu confusión.
Pero es que no puede mi amor soberano…
Tengo, por instinto, que tender la mano
y abrir los nidales de mi corazón.

Por eso te busco; por eso te sigo
en los laberintos de la multitud.
¡Y sin que lo sepas, cordial enemigo,
te doy, por lo malo que fuiste conmigo,
venganza de estrella, de nardo y laúd!

Pero no te exaltes, corazón pequeño!
Vuelve a la montaña, vuelve a tu redil.
Acaso al conjuro de tu loco empeño
se afine el instinto de mi clavileño
y se haga más puro mi canto de abril.

Acaso no puedas malograr la fina
hebra de mis blancos telares de amor…
Y sólo consigues con tu mala espina
que colmen mi vaso sangre divina
los dulces viñedos de Nuestro Señor.

Sal de tu egoísmo, sal de tu recodo,
y abre tus murallas para comprender…
¡Yo soy un poeta que vive a su modo,
porque ya lo tiene perdonado todo
cuanto los humanos le pueden hacer!

Y así no comprendes… Acaso algún día
—de tantos que lleva la rueca fatal—
en que nada esperes, porque todo hastía,
¡rezarás por mí Salve de melancolía
sobre tu difunto pecado mortal!

De profundis

Bien está la vida… porque Dios la quiso!
Porque es una lejano y azul paraíso
y es una promesa y una tentación.
Porque es una santa vía de amargura…
(Yo sé de una estrella de malaventura
prendida en la noche de mi corazón.)

Yo sé de una estrella de malaventura
que es como la clave de mi senda oscura,
que rige un sistema de fatalidad…
y sólo quisiera bendecirlo todo:
la albura del cisne, la mancha del lodo
y la furia inútil de la tempestad!

Bien está la vida… porque Dios es bueno!
Qué importa un ligero sabor de veneno?
El tónico fuerte sentará mejor.
Los dioses conserven filones de oro…
Y sé que prodigan su rico tesoro
con la gentileza de un nuevo dolor.

Yo sé que prodigan su rico tesoro,
ha tiempo que saben mis ojos lloro,
que cerré mis labios a toda canción.
Y voy por la senda que fijó el destino,
con una paciencia de benedictino,
labrando la copa de mi corazón!

Acaso parezca sutil ironía
ponerle dos alas a la fantasía
para que fabrique dorada Stambul…
Y vaya en su vuelo, por sobre las cosas,
dejando un reguero de piedras preciosas
en el infinito de la tarde azul.

Acaso parezca delirio insensato
llevar la locura de un dulce arrebato
de melancolía por una mujer!
Ya que los humildes no tienen derecho
ni al lujo inocente de rasgarse el pecho
por una mentira que nunca ha de ser!

Pero nada importa… Dirán que la vida,
como una elegante mujer aturdida,
sobre las blanduras de un sueño cayó…
Y desde su lecho florido de rosas
ensalma las penas y olvida las cosas
con el desconsuelo de lo que perdió.

Dirán que el camino penoso fue largo…
Que la desventura, con nepente amargo,
mojó nuestros labios en la extrema unción.
Dirán que a los buenos el odio quebranta….
¡Pero los calvarios de Semana Santa
tienen un Domingo de Resurrección!

Dirás que es muy duro, que vacila el paso
de los infelices que burló el fracaso
cuando una sirena les hizo dormir.
Pero hay que infundirles vigor a las alas,
aunque el sortilegio de las cosas malas
enmarañe todo lo que ha de venir.

Yo tuve la gloria del padre Infortunio!
Me helé con enero, me abrasé con junio.
Y ya no me duelen fatigas ni sed.
Porque sólo añoro, con unción divina,
de las romerías de mi Palestina
los atardeceres de mi Nazareth!

Bien está la vida… porque Dios la quiso!
Tiene su serpiente cada paraíso.
Tiene su manzana cada tentación.
Bien está el camino de santa amargura.
Y bien esa estrella de malaventura
prendida en la noche de mi corazón!

El verso imposible

No sé qué verso me duele…
Verso sin luz ni palabra.
Quiere salir… y no puede.
Y se hace un nudo en el alma.
Y se marchita y se muere
en un silencio de lágrimas.

Yo no sé de donde viene.
Qué es lo que sobra o le falta.
Si es ala que no se atreve
o es amor que no se alcanza.
Pero es un verso que duele.
Y es dolor que ya no canta.
(La vida se me desprende
en esta noche de plata).
Eco que nadie devuelve.
Visión que nunca se aclara.
Soplo que Dios no lo quiere.
Verso sin luz ni palabra.

Y no sé hasta dónde llegue
con su aridez desolada.
Belleza que se me pierde.
Maravilla que se apaga.
Verso que se alza impotente.
Gloria sin vida y sin alas.
Espuma que se adormece
sobre las olas cansadas.
Y es que a sí mismo se vence.
Y al fin se borra y se calla.
Sólo mi amor lo comprende.
Pero el amor lo salva.
Este verso me duele
ya va a morirse en el alma…!

Estancia de amor

¡Quisiera ser más bueno, señor! ¡Para mirarla
desde el humilde valle de mi resignación!
Si tu ley es tan dura que condena a olvidarla,
yo no sé lo que haría… Te pediré perdón…
Mi culpa es la locura de querer engastarla
como perla preciosa sobre mi corazón…

Culpa que hace más bueno, debe ser culpa santa.
¡Ya ves cómo, en silencio, te bendigo, Señor!
Y bendigo la nieve polar de su garganta
y bendigo los pétalos de sus labios en flor,
ese rostro de virgen, esas manos de santa
y esos ojos nostálgicos de otro mundo mejor!

Ama…!

Ama… y sabrás que tu vivir incide
en amplias soluciones armoniosas…
El alma sólo con amor se mide!
Y su ley es la misma que preside
en ritmo universal todas las cosas!
Abre tu corazón! …Une! …Coincide!…
Es tan fácil que des lo que dios pide
como dan las estrellas y las rosas!

Arias íntimas

¡Señor!… ¡Si es la inicial de mi destino!
¡Si no puedo olvidarla!… ¡Si es tan buena
como el azul de este paisaje andino!
¡Si es una hermana que salió al camino
como una bendición para mi pena!…

Hecha de ritmo, aromas y cristales,
ella es quien hace despertar el día…
Por ella hay en la fuente madrigales,
amanecen con perlas los rosales
y tienen las alondras melodía!

¡Yo quiero hacer en mis ensueños vanos
dos hemistiquios de sus labios rojos,
y traer de mis líricos arcanos
alburas de marfil para sus manos
y nostalgias de mar para sus ojos!

Mi vocación azul se la ofreciera.
La he dado toda mi melancolía.
Por ella se agostó mi primavera,
¡y sin embargo en mi dolor quisiera
tener algo que darle, todavía!

El amor

Deja que venga solo, deja que venga piano,
alegre, doloroso, como quiera venir.
Que arome de silencios tu corazón cristalino
y pueble de luceros tu noche de zafir.
Pero nunca te empeñes en forzar el arcano!
Amor es un tesoro que se cae de la mano…
Es arpa de los cielos que la tendrás que oír.

Deja que venga solo… Que llegará en un día
de sorpresa inefable para tu corazón.
Cuando traigas del valle de tu melancolía
humedad en los ojos y en los labios canción.
Pero nunca te empeñes con inútil porfía!
Amor vendrá de suyo, como un Ave María
a tu madrugadora campiña de ilusión!

Vas lacrimarum

No te arrimes mucho sobre mi desgracia
ni afines tu oído para mi canción.
Porque es tan dolida y humilde mi gracia
para las finuras de tu aristocracia
y las maravillas de tu corazón!

Yo sé que me sigue tu cariño santo
como una estrellita de felicidad.
A veces te lloro, y a veces te canto!
Pero me da pena que te mires tanto
sobre la fontana de mi soledad!

Mis invernaderos dañarán tus rosas…
Grave y pensativa te hará mi laúd.
Yo soy un enfermo que tiene sus cosas…
Retira en silencio tus manos piadosas
de la herida mala de mi juventud!

Yo soy un enfermo que tiene sus cosas…
No busques alivio para mi orfandad.
Serás, con tus manos floridas de rosas
y con tus unciones misericordiosas,
como una hermanita de la caridad,

pero yo no quiero que por mí desveles
el sueño dorado de tu corazón.
Ni agotes tu néctar ni seques tus mieles…
Que ya puse al margen de mis horas crueles
la dulce ironía de mi salvación.

No sé qué destino te puso en mi vera…
Ni qué bebedizo de magia sutil
dejó que mi pobre ceguedad te viera
pasar en las glorias de tu primavera
como una infantina de cuento de abril!

No sé qué herbolario, ni qué hechicería
o qué libro malo me dio su licor…
Pero, misterioso faquir, yo quería
deslumbrar en ansia de mi fantasía
con tu fabulosa leyenda de amor.

Y no sé qué alquimia doró mi desgracia…
Y fue todo música y luna y canción!
Y soñé rondeles floridos de gracia
para las finuras de tu aristocracia
y las maravillas de tu corazón.

Pero ya sangraba la herida secreta.
Ardía en silencio la llama fatal.
Y, cuando quisimos coronar la meta,
triunfó la injusticia de nacer poeta,
rodó mi celeste vendaje ideal…

Y sólo quedaron las alas marchitas,
el libro soñado.. lo que pudo ser!
Y algún misterioso temblor en mis cuitas
por tus inefables miradas benditas
y tus pecadoras manos de mujer!

Algún escondido retazo de pena…
Algún idealismo y alguna inquietud…
Y no sé qué dulce bondad nazarena
para esta fatiga, para esta cadena
del santo suplicio de mi juventud!

Tengo, por estirpe, mi solar cristalino.
Mi heráldica sabe de la Flor de Lis.
Vibran abolengos al tender la mano…
Y va por la vida mi amor franciscano
como un hermanito del Santo de Asís.

Pero no te acerques con unción de gracia,
ni afines tu oído para canción.
Porque te pudiera tentar la desgracia
de hacer la corona de tu aristocracia
con las maravillas de mi corazón.

Te sugiero seguir leyendo...
Escucho a Mozart por la noche y leo a un tal Machado o a algún…

Busca poemas entre más de 3000 poetas sugeridos

X
Scroll Up