YO, NARCISO/

Pedro Geoffroy Rivas (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Yo, aunque no lo creáis, siempre me beso,
algunos hay dirán que es que estoy loco,
me beso cuando cojo algún sofoco,
cuando leo, levito, y me embeleso
y lo hago despacito, poco a poco.

Me beso cada día, cuando pasa,
cuando siento pesar, melancolía,
en tiempos de dolor, en la agonía
del sueño que ausentóse con su guasa
sabiendo que jamás retornaría.

Y puestos a querer ¿quién es mi amigo,
el que siempre me sigue a cada instante,
el que ríe conmigo y presta el guante,
el mismo que me arropa con su abrigo,
que más que ser amigo, él es mi amante?

Que yo con mi modestia considero
que todo lo que soy es muy importante
a cuestas con mi gozo y mi talante,
mi sueño de invencible aventurero
así fuera me tilden de pedante.

No quiero ya ocultar, a quien más quiero
es al que al mundo esparce simpatía,
que cree que el amor o la alegría
nunca fue un sentimiento temporero,
tal como yo, disculpen mi osadía.
©donaciano bueno
http://www.donacianobueno.com/la-casada-infiel/

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Pedro Geoffroy Rivas

Soledad

Frecuentemente el viento sopla fuerte
En el minúsculo jardín junto al que duermo
Y su largo aullido me mantiene entre sueño y vigilia
Entonces pienso grito o recuerdo es lo mismo
O proyecto futuros que nunca llegaré a vivir
O hago recuento de cuanto pudo ser
Paso las noches asediado por muertes que todavía no se atreven
Golpeado por poemas que todavía no me decido a escribir
Asaltado por imaginaciones que me caminan
Como extraños insectos desde los pies hasta el alma
O me navega la sangre buscando un olvido
Que jamás ha logrado detener mis diástoles
Queriendo recuperar vasijas que alguna vez rompí
Sin encontrar el prometido tesoro que debieron contener
Recogiendo las hojas del árbol que siempre quise sembrar
O acariciando al pequeño animal que humildemente espera
En cualquier rincón de los epitelios en que habito
Su aleatoria oportunidad de ser el iniciador de una nueva estirpe
De un alfabeto de fábula con el que sea posible
Nombrar poéticamente las cosas más repulsivas
Declinar adjetivos apropiados para cada uno de los colores
Que matizan el terrible submundo en que me muevo

Cuando cierro los ojos
O celebrar holocaustos definitivos
Sobre la antigua piedra en que se inscriben todos los

Sacrificios
Permanezco anegado de preguntas que nadie sabría
Contestarme
Exhausto por el interminable forcejeo
Entre mis debilidades y mi fuerza
Paralizado por el irrefrenable impulso
De realizarme en pájaros o rosas
Desesperadamente urgido de invisibles presencias
Anhelante de un pensamiento que me permita sobrevivir
En la espantosa realidad que me rodea
Atado por una absurda confabulación de negaciones
Que me impide soltar mi bandada de instintos
O me reduce a la desesperante pequeñez del poema
Todo se diluye en una densa oscuridad
Donde el silencio es el único sonido
Y una lluvia de pálidos pétalos
Va levantando muros alrededor de mi dolorosa respiración
Construyendo la tumba en que no quiero descansar
Condenándome a una eternidad que definidamente
Rechazo
O abandonándome en medio de un encrespado mar de piedra
En el que todo naufragio es imposible
Despierto hundido en mi propia materia
Horriblemente oliendo a carne moribunda
Me levanto
Me visto mi raído traje de soledad
Y salgo a caminar entre fantasmas.

Primavera

Allá lejos, la primavera andará despeinándose,
Ahora, en esta hora desatendida y lenta,
Cuajada de racimos imprevistos,
De pupilas sin sueño,
De reptaciones trémulas,
De avances y de orugas y de sexos hambrientos.

Pero aquí hasta nosotros no llegará la primavera.

A nosotros se nos niega la pregunta
Y el contacto y la luz y el improperio.

Las gentes huyen al vernos macilentos y erguidos,
El viento se detiene en las rejas,
Las respuestas chocan contra los altos muros
Y rebotan y se van sin encontarnos.

Andará por las calles la primavera luminosa,
Con los senos alzados,
Provocando a los mendigos y a los perros sin amo,
Alborotando instintos, desparramando pólenes,
Concretando las largas imprecisiones del invierno.

Caminará por los barrios ricos de todas las ciudades la primavera

Prostituta
Ofreciendo en subasta su diminuto vientre,
Halagando a los posibles compradores de su perfume y de sus brisas
Y de su aliento
cálido,
Infundiendo asquerosas intenciones en los viejos impotentes
Y encendiendo la sangre de los jóvenes que aún no tuvieron
Tiempo de
estrenarse el sexo.

Ah, pequeña primavera desvergonzada,
Niña precoz y lista;
Qué bien sabes calcular tus dones y escoger tus clientes.

Pero ya llegará la hora de bajar hasta los barrios de los pobres,
De penetrar en las casas de vecindad increíblemente desoladas,
De pasearte del brazo de todos los que no logran pagarte tus favores,
De parir lindas primaveritas engendradas por un robusto viento
Que limpiará el mundo de prostíbulos e igualará los barrios
De todas
las ciudades.

Entonces llegarás hasta nosotros sin temerle a las rejas ni a los muros
Y serás verdadera primavera; la dulce camarada primavera.

Entonces nos veremos, primavera.

La búsqueda

Yo no encuentro la letra deseada
Para mi canción,
Ni encuentro los ojos que llevo
En el corazón.

Cuando escucho un canto me digo:
Esa es mi canción.
Cuando veo unos ojos exclamo:
Los del corazón.

Pero pasa el canto y se van los ojos
Y aún siento en el alma vibrar la canción
Y siento como arden dos negras estrellas
En el corazón.

Breve lamento

¿He de marcharme entonces?
¿Sólo un instante viviré sobre el mundo?
¡Como la flor del tiempo,
iré perdiendo pétalo tras pétalo!
¿Nada quedará entre nosotros?

Hasta las piedras finas se rompen.
El oro se destruye.
Se rasgan las plumas preciosas.

¿Qué ha de hacer mi corazón entonces?

¿Nada será mi nombre alguna vez?
¿En vano he venido a la tierra?

¡Oh amigos!

No dejéis que perezca del todo.

¡Conservad este canto!

Por el hermano que cayó aquel día

Por el hermano que cayó aquel día
Hoy me corono de palabras crueles,
De palabras punzantes como espinas.

Una mañanita,
Clara
Como él soñó los ojos del hijo que aún no le nacía,
Lo llevaron al muro del viejo cementerio.

Él levantó la frente
Y los maussers rezaron su oración tremenda.

Hoy duerme bajo la dulce tierra
Junto a sus dos amigos.

Una mujer preñada nos dejó en herencia.

Una canción de amor

Perfúmate con agua de nocturnas campánulas,
¡Oh Corazón del cielo!

Con greda nueva adórnate,
Con semillas de achiote.

Cíñete la cintura con el refajo verde.
Ponte el huipil bordado de ardientes girasoles.
Que te alumbre los ojos la flor del jiquilite.

Baja a la playa entonces,
Búscame en el estero
Cuando la luna prenda su lámpara en los cocos
Y el mar esté sonando todos sus caracoles.

Un lecho de algas húmedas olorosas a yodo
Ha tejido mi amor para tu cuerpo
De venada inocente.

Quiero estrecharte el torso
Con guirnaldas de súchiles morados,
Ungirte el pecho con sagrado bálsamo,
Mirar en tus pupilas las estrellas más grandes.
Quiero besar tus muslos de amorosa serpiente.

Soltarte el nudo de la trenza
Y enredarte luciérnagas
En el manglar oscuro del cabello.

Quiero envolver tu cuerpo con la espuma más blanca.

Que mis manos despierten tus desnudos sensontles.

Quiero elevar tu sueño hasta el delirio
Y dejar en tu vientre la semilla de un dios.

Narciso – Amor (Canciones 1921-1924) – García Lorca

Narciso.
Tu olor.
Y el fondo del río.

Quiero quedarme a tu vera.
Flor del amor.
Narciso.

Por tus blancos ojos cruzan
ondas y peces dormidos.
Pájaros y mariposas
japonizan en los míos.

Tú diminuto y yo grande.
Flor del amor.
Narciso.

Las ranas, ¡qué listas son!
Pero no dejan tranquilo
el espejo en que se miran
tu delirio y mi delirio.

Narciso.
Mi dolor.
Y mi dolor mismo.

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