ZOQUETES Y PENDEJOS

Poeta sugerido: Mercedes Matamoros y del Valle

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He sugerido a Dios que el año entrante
se ocupe un poco más de los humanos
so pena se le escapen de las manos
y no haya solución. Que en este instante,

por ansias de mostrarse diferente,
al borde ya se encuentra el precipicio
dejando en mal lugar. Y es que su vicio,
no atiende a las razones. Pues la gente,

contenta como está con tal suplicio,
se muestra complacida y complaciente,
dispuesta a suicidarse en parapente,
haciendo al Creador un mal servicio,

quedando en mal lugar. Pues nunca aprende
que todo acaba mal si mal empieza.
Después a enderezar ya da pereza,
la llama de la vela no se prende.

Yo sé que no está bien le dé consejos,
que a viejo no le gano y es más listo,
mas quiero aquí advertir si nunca ha visto,
a tipos tan zoquetes y pendejos.
©donaciano bueno.

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POETA SUGERIDO: Mercedes Matamoros y del Valle

Mercedes Matamoros y del Valle

LA GOTA DE ROCÍO

Diáfana, temblorosa, deslumbrante,
cual átomo de luz entre las flores,
robas a las estrellas sus fulgores
y sus vívidas chispas al diamante.

Perla del cielo, el sol con su brillante
rayo, te da del iris los colores,
y del tiempo estival en los ardores
es el zunzun tu libador constante.

Mas aunque en ti encuentre la frescura
del néctar que el jazmín guarda en su seno,
nunca serás tan bella ni tan pura

como la dulce lágrima piadosa
que vi brillar, ante el dolor ajeno,
en los divinos ojos de una hermosa.

EN EL LIBRO DE POESÍAS

Del libro en que tú y él habéis leído
graba ¡oh, niña! en la página postrera
la palabra más triste y lastimera
para el ardiente corazón: ¡olvido!

Símbolo de la muerte, al que ha sentido
la dicha, la pasión, la fe sincera,
le dice esa palabra que es quimera
cuanto está por nacer o que ha nacido.

Y esos versos que a amar te convidaron,
y a dos almas dormidas despertaron
que sobre ellos sus lágrimas vertieron,

serán ¡ay! cual las notas suspiradas
que exhalaron dos olas enlazadas
y en el mar de la vida se perdieron.

A LA MUERTE

¿Eres tú? ¿Y en la góndola enlutada
por tu pálida mano dirigida,
de mi cruento dolor compadecida,
quiere llevarme a la región soñada?

¡Partamos, pues! La brisa perfumada
cual nuncio de la tierra prometida
con ósculos de amor y bienvenida
acaricia mi frente atormentada!

¿Hieran los remos la brillante espuma,
rasgue la proa audaz la densa bruma,
que a nuestros pies se rinda el mar profundo;

y de la Eterna Luz a los reflejos,
piérdase, como un átomo, a lo lejos,
con sus venturas míseras el mundo!

TRANSFORMACIÓN

Mira volando en el pensil ameno
la oruga transformada en mariposa;
cómo el capullo se despierta en rosa,
como la rosa se convierte en cieno.

Al rostro juvenil, dulce y sereno,
triste sucede el de vejez llorosa;
tórnase arrugas la mejilla hermosa,
en mármol frío el palpitante seno.

Y yo, sujeta a la eternal mudanza,
en los ritmos del arpa estremecida
-fluctuando entre la duda y la esperanza-

ya canto a la tristeza, ya al contento,
porque en cada minuto de la vida
cambian el corazón y el pensamiento.

A LA VEJEZ

Cuando llegan tus años tenebrosos
bañas en llanto el corazón que heriste,
como cubre de escarcha invierno triste
los troncos deshojados y ruinosos.

¿En dónde, en dónde están los venturosos
sueños, que el alma en adorar persiste?
¿Por qué la rosa del placer no existe
y quedaron los tallos espinosos?

¡Oh, noche! Ya desciendes gravemente,
y la nave gentil de la Esperanza
vuelve sin joyas del lejano Oriente!

Y hacia la playa, donde el viento a solas
gime, la hermosa Juventud avanza,
cadáver yerto entre las negras olas…!

EN EL ENTIERRO DE CASAL

Atenta muchedumbre conmovida
ve pasar en silencio reverente,
el sombrío ataúd del que doliente
encontró pocas flores en la vida.

Llora una juventud desvanecida,
el triste eclipse de una luz naciente;
solo allí el envidioso, internamente
a la Muerte le da la bienvenida.

Enemigo de Dios y de su hechura
lo mismo es Satanás; con loco anhelo
llegar quiso hasta Él, y en su amargura

de gozo cruel su corazón palpita,
cada vez que una nube enturbia el cielo,
cada vez que una rosa se marchita.

LA MUERTE DE UN ESCLAVO

Por hambre y sed y hondo pavor rendido,
del monte enmarañado en la espesura,
cayó por fin entre la sombra oscura
el miserable siervo perseguido.

Aún escucha a lo lejos el ladrido
del mastín, olfateando en la llanura,
y hasta en los brazos de la muerte dura
del estallante látigo el chasquido.

Mas de su cuerpo de la masa yerta
no se alzará mi voz conmovedora
para decirle: ¡Lázaro, despierta!

¡Atleta del dolor, descansa al cabo!
Que el que vive en la muerte nunca llora,
y más vale morir que ser esclavo. (*)

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