JUGANDO AL ESCONDITE CON MI NIETA

José Infante (poeta sugerido)

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Mi nieta Geno
es dulce miel, graciosa y cariñosa,
es una bendición, es una rosa,
un dardo al corazón dando en el pleno
que sabe a regaliz de tan mimosa.

Jugando al escondite con mi nieta
fijándome en su astucia e inocencia,
fingiendo que demando su clemencia,
tratando de inventarme alguna treta,
rogando su indulgencia,

así paso los días disfrutando,
mirándome en sus ojos que iluminan,
su espíritu sagaz, lo que maquinan,
con ella y mi paciencia dialogando,
a ver si lo adivinan.

Mi nieta, no está bien que yo lo diga,
me gana a mi aunque yo no lo quisiera,
se esconde donde nunca se le espera
y corre ella intentado la persiga,
mi nieta es la repera.

Me invita a recordar que yo fui niño,
me lanza con frecuencia algún envite,
me llama mi abuelito y me derrite,
no puedo soportar tanto cariño,
me incita a que levite.
©donaciano bueno

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José Infante

Las sombras

Luego surgían las sombras. Como si fueran
habitantes difusos de la casa que ocupaban su sitio.
En todos los lugares donde ponía los ojos,
allí las sombras conformaban su reino.
¿O era su reino mismo que todo lo llenaba,
como señal acaso de que mi vida sólo sería
un frustrado deseo de traspasar sus formas?

¿Eran las sombras o sólo las tinieblas de la tristeza
las que surgieron siempre entre estos muros?
También estaban las efímeras sombras que traían
los recuerdos de cuando la luz brilló completa.
Y era la plenitud total el único soporte que tenían
los días del resplandor, allá en el Sur sin límite,
donde habían existido la felicidad y la misericordia,

Hoy viven todavía a mi lado. Ya no podría
vivir sin ellas. Son parte de mí, son la parte
más oculta y segura que sostiene mi voluntad.
Cuando flaquea, cuando quiere huir
del laberinto absurdo en que me pierdo,
donde ya no sabría moverme sin su norte
orientando la dirección que no debo abandonar,
por más que me persigan para aniquilarme.

Angustia

(Remedios Varo, 1965)

Pendientes de una soga, que no cuelga
de ningún otro lugar conocido,
colgando de unos hilos
que no sabemos quien sostiene,
rodeados de animales confusos
que no sabemos humanos,
confusos como el humo
que oscurece los ojos,
desconcertados por lo que
no entendemos pero existe,
absortos ante tanto misterio,
anonadados ante la fatalidad
que nos persigue.
Así permanecemos,
sin saber qué es la angustia,
pero ahogados por ella
en un lejano abismo.

Las despedidas

Interminables fueron las despedidas.
Se suspendía el tiempo y no rompía
el silencio más que la sensación de estar
fuera del mundo. Porque el mundo
quedaba entonces fuera de sus paredes.
Como si algo, inmensamente extraño
se acabara imponiendo sobre todo el paisaje
que ocupaban los ojos del adiós.
Despedirse
se convertía entonces en una nueva forma
de invocar los vivido, de conjurar la vida
que ya estaba perdida, irremediablemente.

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Soy un poeta que escribepoemas para sus nietospidiendo que se estén quietos,que a su ritmo no les sigue,y que a veces no consigueque le guarden sus respetos.