LA VIEJA ESCUELA MÍA

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En la umbría calle de una humilde aldea
la vieja casona en silencio dormita,
ni el aire respira, nada se menea,
la leña reseca en la chimenea
suplica un responso sumisa a la ermita.

Triste y somnolienta se quedó la escuela,
pues despavoridos huyeron los niños,
difuntos algunos por la varicela.
Se fueron los padres y el pueblo hizo guiños
igual que a los años se murió la abuela.

Se fueron los niños, se fueron pa al norte
y así tras sus pasos se fue la alegría,
hoy ya los recuerdos, la melancolía,
al tiempo pasado sirven de soporte
de esa vieja escuela, de esa escuela mía.

Se fueron, se fueron y ya se han perdido,
de quien fue su escuela ya se han olvidado.
Cuando esos zagales volaron del nido
con ellos llevaron los sueños y el ruido
y al pueblo en sus llantos dejaron anclado.

Hoy a la cancela le anuda un candado,
y hasta la fachada casi no resiste
y hasta las cigüeñas del nido han volado
y aquellos labriegos que allí se han quedado
ahora ya son viejos de mirada triste.

Cada cierto tiempo suenan las campanas,
unas son a muerto y otras son a misa,
los que aún se resisten, de esperanzas vanas,
nunca ya sonríen pues no tienen ganas
tan sólo el recuerdo saca una sonrisa.
©donaciano bueno

Recuerdos de mi escuela Clic para tuitear

En la foto la escuela de mi pueblo, Zazuar, en la provincia de Burgos, antaño tan bulliciosas y ahora ya con esa apariencia, huérfana por la falta de niños.

Recuerdo infantil (A. Machado)

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.

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