EDUARDO MÁRQUEZ – A veces mi país

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Ex Reportero Política internacional y Deportes en Diario Español Montevideo. Comencé a acompañar mis escritos con imágenes de lapiceras, hace ya algunos años, en homenaje a Mario Benedetti, nuestro entrañable Mario. Quizás, nadie lo haya advertido, pero él pidió que en su último viaje lo acompañara su lapicera. La gente en su velatorio, en el salón de los pasos perdidos depositó cientos, tal vez miles, yo hice lo propio con mi pluma preferida.

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SIN RECLAMOS

Como un perro ladrándole a la luna
me dejaste sin nada que esperar
y soñando que tal vez fueras alguna
que obligó a este Casanovas a dudar…

Entre sueños que se secan sin olvido
con sazones de una noche sin mojar
me dejaste sin querer entumecido
y sin luces de una historia que contar

Con las sábanas de nuevo almidonadas
sin almizcle y sin cintas que cortar
me quedó solo el recuerdo de tus bragas
que colgadas olvidaste rescatar

¡Pero vamos que no estamos para llantos!
No hay reclamos simplemente un recordar
los enriedos de una noche en sus encantos
con suspiros de un amor sin constatar

Pues es cierto que si fuiste o no fuiste,
y quisiste o no quisiste algo olvidar,
me dejaste en esa duda de si existe,
o no existe eso que llaman… añorar.-

“Dedicado a algunos compañeros de fatigas”
 
A VECES MI PAÍS…

A veces mi país tiene estas cosas
cosas que a veces saltan a la vista
benditas, insolentes, caprichosas
de lo que vende con los ojos del artista

Ellos de afuera nos ven como ideales
nosotros de adentro nos vemos desastrosos
a veces mi país está en pañales
y a veces me parece tan hermoso

Ahora que lo dejo por un rato
quizás un rato largo que no cuento
tal vez es mi país lo que me invento
o tal vez mi rebeldía en desacato

Pero lo cierto es que a veces me recuerda
que me voy con ganas de llevarlo
tal vez porque al amor no hay que inventarlo
y a mi país… habrá quien vuelva a darle cuerda. 

NO PREGUNTES

Hoy me llené los ojos de mi barrio
fui por las cosas que un día fueron mías
el arco iris de tantos calendarios
las horas todas de cándida alegría

La esquina aquella que fuera mi guarida
la adolescencia pasandome factura
y la perpetua sonrisa que tenía
mi candidez de aquellos años de aventuras

No me esperaron los árboles frondosos
quien sabe fueron, con suerte a alguna parte
y los portones ahora con cerrojos
parecen fríos, distintos a los de antes

Día muy frío que pasa en la vereda
cielo de plata entre el ir de transeúntes
llegó el progreso que todo se lo lleva
¿Con quién se fue? me dijeron… ¡No preguntes!

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