AMANECE/

Nuria Benito Manjón (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.

 

Amanece en mi ventana y un rayito delincuente
va dibujando el ambiente y al despuntar la mañana,
la flora, fresca, temprana, del río bajo ese puente
el agua que, displicente, despierta de mala gana.

Voy sumergido en un sueño, y aún percibo en el espejo
de mi alma su fiel reflejo, la tranquilidad soriana,
del campo la seca grana, del sauce reseco y viejo
el enigma de un consejo del que la piedad emana.

La misma que por las noches se refugia en la penumbra
adornando cual fantasma mis sueños y mis temores,
los rezos, las alegrías cuando el mismo sol no alumbra,
y si de verdad deslumbra, el perfume de sus flores.

Las mismas luces y sombras, salga el sol por Antequera,
días de amor en otoño, de invierno las tardes frías;
verano, caligrafías, rey tostado: en primavera
tardes lánguidas, de espera. de sueños melancolías.
©donaciano bueno

¿Conoces a Nuria Benito Manjón? Lee/escucha algunos de sus poemas

Nuria Benito Manjón

¿Para qué sirve…? (pensamientos rápidos con rimas de ripio horripilante), léase con humor, (fin de la cita)

¿Para qué sirve saber?

¿Para qué sirve saber,
una vez errado el tiro,
dónde fuera el proyectil
y cuántas vueltas diera el objetivo?

Me proyecté sobre el humo,
vuelvo a mi camino,
ahora que sé, que sobre el humo,
me disipo…

Moviéndome en la itinerancia
de la persistente creencia
en la idiotez de la humanidad
constato que sólo somos sonrisas

Regalémonos, puesto que es soberbia
pensar que la alegría se posea y que los tiempos se manejan.

Enajenarse, puede uno, mil y una noches,
puede incluso vivir alienado siempre, donde quiera y como quiera,
pero es valiente atreverse con uno mismo, con sus escaseces y excrecencias;

es honesto no dejar más que lo puesto, donde siempre hubo aire no es justo no dejar aliento.

Así que voy de paso y no paso de nada, todo me concierne y en todo sobro, excepto en mis afectos.

No haya penas, que las penas son de escarcha y de ausencia.

Vuelvo a mi camino, que siempre fue el de la palabra.

CAMPO DE BATALLA

Entregué la razón a la lujuria
me devolvió un campo de batalla lleno
de deseos vivos
¡Cúanto entregar en el silencio!
Las armas son inútiles en esta pelea de pieles candentes.
Las huestes se reducen con la primera caricia,
no tiene sentido estrategia alguna frente al ardor.

Dar la batalla por perdida es ganarla.
Entregándome al deseo descubro el bien.
En este campo de batalla algunos se rinden y piensan…
otros avanzamos en sabiduría y sudor.

LIBRO DEL PROSCRITO

No puedo estar más lejos de tu enredadera
de tu basura y tu sopor.
Del escándalo dormido del querer de tus sueños.
No puedo estar más lejos de tu rodar.

Hay una sombra que no me espera,
que aulla a un sol que no es el mío,
que imita mi piel y mis lágrimas de limón.
Que te encuentra en el camino de un anciano en un paso de cebra,
lento, derruido por el tiempo, que mira en un semáforo en naranja
en el que no hay oportunidad para pasar, en el que la compañía es una mentira y el sentir
siempre es dolor y soledad.

No me cuentes que el tambor de tu lavadora se mueve al revés,
no me cuentes que cuando te levantas sólo esperas la caricia de una mano que te lo dio todo.

Una palabra, sólo una palabra.
Atenazar el segundo en esta tupida maraña que siega la hierba a ras de día.

Esperaba encontrarte. No soy una niña perdida.

PROSCRITO 2

Sin ser yo la que diga que no,
pongo por empeño el otoño.
Piso sus hojas heridas,
aspiro a sus olores.
De repente, repito que esta ansia no es la mía.
La mía la conozco y se lame sus otoños en el SILENCIO
y en la HUMEDAD de todos mis labios
en una épica conspicua, atenazada y
desa-mordaz-ada.

PROSCRITO 3

De espaldas a tu espalda
sugiero que hay un espacio
imperfecto
que me acogerá.

Ya he visto esa luz de la que me hablabas
en aquel tiempo en que
sin saberlo fuimos uno, o al menos,
yo fui una contigo.

Al habitar el riff
te vivo.

Te oculto que mi tiempo
demasiado a menudo es tuyo porque el tuyo
es nada mío.

En ese placer de tu sonido, tu voz me lame y corro
a esa palabra que no poseo.

PROSCRITO 4

Vivo pendiente
del cimbreo que produce el estertor de tu presencia
cuando en otros descubro la parte de ti que nunca llega.

¡Qué proverbial es el respeto a este silencio que me impongo!

Nunca sabré qué caricia
convirtió mi alma en rock and roll
pero sé que fue tuya.

Otro poeta: “no sé quiénes sienten mi ausencia”
la tuya la siento y no tendrá remedio por empeño en el sentir.

Aquel fue un concierto “minitudinario” ¡¡¡¡¡TAN BESTIAAAAL!!!!!

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