AMOR A PRIMERA VISTA

Heli Ramirez (sugerido)
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Al chopo, al que amamanta la ribera,
algunas hojas nuevas le han salido,
después de un largo invierno, tensa espera,
al tiempo que arribó la primavera
ya todo ha despuntado, está florido,
será hasta que dios quiera.

El mismo, el que arrogante apunta al cielo
y observa atardecer tras la colina,
sus hojas arrastrando por el suelo
igual que el que reparte una propina,
buscando así calmar su desconsuelo
en medio la neblina.

El chopo, el que no oculta la maleza
esbelto cual lo hiciera un estilista,
grabado con ternura en su corteza
y siempre en buen estado de revista,
amor del que rezuma su belleza,
pues fue a primera vista.
©donaciano bueno

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Heli Ramirez

No nací para morir antes de estar muerto
De las ilusiones que me hago a alguna llego.
 
Yo no nací para morir antes de estar muerto. Olvídese. Así
como no me quedé en la pared de una esquina pegado de grafiti
en fondo de pantalla para un video.
 
Nada está perdido para mí.
Y fuera de la consigna “plata o muerte”
que a veces tan burda suena cuando
se escucha desde la comodidad o desde un mediado estar
me he planteado otras consignas para ser
feliz entre la realidad cotidiana siempre de reina cruel
cuando se está encajonado entre
un Mínimo de salario que no entrega
una noche de fiesta ni aunque se le
amenace y de la amenaza se pase al
hecho de dejarlo en las afueras de la
ciudad de basura en una bolsa negra…, al
Mínimo. Claro. Con mayúscula.
 
¿Muy viniendo traición?
 
Cuidado con ese muerto que quiere hablar.
 
Uno es algo
Y no me diga que uno es nada en la vida. ¿Somos nada? Somos.
 
Yo soy.
 
Es imposible no ser algo. Uno es algo.
 
¿Que uno es nada si no se tiene un peso en el bolsillo
ni tarjeta en un cajero?
 
De acuerdo. Muy estúpido sería decirle que no. No tenemos un
peso, ni tarjeta para meter en la ranura de un cajero,
pero de ahí a que somos nada, mal me huele esa idea.
 
Y para que se muerdan las uñas: eso tiene solución en uno de esos
pensamientos que llaman malos bien parado en la mente
por una carretera sembrada en pinos de ilusiones.
 
Y no me diga que así lo quiso el destino.
 
A la una, a las dos, o a las cuatro de la tarde o del amanecer
uno es lo que quiera ser o sea
a no ser que de pereza nos quedemos sentados…
 
sentados a esperar que el billete
del cielo caiga por un hueco en el techo
a la sala del rancho.
 
Yo sí tengo muchas cosas que ser para hacer.

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