¡AY, MADRE!

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Que saber, hay que saber,
que nací yo una mañana
y quise echarme a correr
al ver desde mi ventana
lo que me iba acontecer.

Y es que vine a mi pesar
sin que nadie me informara
y me tuve que aguantar
y seguir dando la cara
sonriendo sin cesar.

Pues llegué como quien llega
sin saberlo, de puntillas,
sin poner ninguna pega
ni a quien puso las semillas
y tampoco al que las riega.

Que yo hubiera deseado,
ser del mundo un presidente
para hacerle más aseado,
y poder mirar de frente
sin fingir hacia otro lado.

Mas no guárdole rencor.
A quien fuera que le hizo
le respondo sin pudor,
por favor, torne al hechizo
y le dé más explendor.
©donaciano bueno

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