IGUAL QUE UN ESTROPAJO/

Eduardo Marquina (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Yo, que vine a este mundo sin saberlo,
sin que nunca pidiera o consultara,
cual bulto sospechoso de estraperlo,
sin siquiera comerlo ni beberlo,
cual cerdo en una piara.

Yo que anduve marchando siempre a gatas
que pasé media vida aquí silbando
entre el ruido apestoso de las ratas
apoyado mi cuerpo a cuatro patas
y siempre resbalando.

Que no quise admitir que no era nada
pretendiendo subirme en las paredes,
el que anduvo siguiendo a la manada
sin salirse jamás de la cañada,
preso en sus mismas redes.

Supe un día que el mundo cambiaría
presintiendo se iría en un atajo
arrastrando en el cieno cuesta abajo
y al final del proceso quedaría
igual que un estropajo.
©donaciano bueno

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Eduardo Marquina

LA NOVIA

La casita escondía, entre rosales,
la humildad de su gracia acogedora;
la aldea apenas palpitaba en la hora
de las primeras nieblas matinales.

Desparramando un vuelo de pardales,
pasa la diligencia atronadora;
mira a la casa el estudiante y llora
su corazón, volando a los cristales.

Ella le ha visto; entreabre la ventana,
y una mirada azul en la mañana
pone el jirón de su saludo tierno…

Pasó hambre y frío en la ciudad distante,
luchó, sufrió… ¡mas, para el estudiante,
fué todo el orbe azul aquel invierno!

Salmo de amor

¡Dios te bendiga, amor, porque eres bella!
¡Dios te bendiga, amor, porque eres mía!
¡Dios te bendiga, amor, cuando te miro!
¡Dios te bendiga, amor, cuando me miras!

¡Dios te bendiga si me guardas fe;
si no me guardas fe, Dios te bendiga!
¡Hoy que me haces vivir, bendita seas;
cuando me hagas morir, seas bendita!

Bendiga Dios tus pasos hacia el bien,
tus pasos hacia el mal, Dios los bendiga!
¡Bendiciones a ti cuando me acoges;
bendiciones a ti cuando me esquivas!

!Bendígate la luz de la mañana
que al despertarte hiere tus pupilas;
bendígate la sombra de la noche,
que en su regazo te hallará dormida!

¡Abra los ojos para bendecirte,
antes de sucumbir, el que agoniza!
¡Si al herir te bendice el asesino,
que por su bendición Dios le bendiga!

¡Bendígate el humilde a quien socorras!
¡Bendígante, al nombrarte, tus amigas!
¡Bendígante los siervos de tu casa!
¡Los complacidos deudos te bendigan!

¡Te dé la tierra bendición en flores,
y el tiempo en copia de apacibles días,
y el mar se aquiete para bendecirte,
y el dolor se eche atrás y te bendiga!

¡Vuelva a tocar con el nevado lirio
Gabriel tu frente, y la declare ungida!
¡Dé el cielo a tu piedad don de milagro
y sanen los enfermos a tu vista!

¡Oh querida mujer!… ¡Hoy que me adoras,
todo de bendiciones es el día!
¡Yo te bendigo, y quiero que conmigo
Dios y el cielo y la tierra te bendigan!

Melancolía

A ti, por quien moriría,
me gusta verte llorar.
En el dolor eres mía
en el placer te me vas.

En Flandes se ha puesto el sol (fragmento)

Capitán y español, no está avezado
a curarse de herida que ha dejado
intacto el corazón dentro del pecho.
Ello, ocurrió de suerte
que a los favores de un azar villano,
pudo llegar el hierro hasta esa mano,
que tuvo siempre en hierros a la muerte.

Y fue que apenas roto
por nuestro esfuerzo el muro,
salieron de la aldea en alboroto
sus gentes, escapándose a seguro.
Niños, mozos y ancianos,
en pelotón revuelto, altas las manos
como a esquivar la muerte, que les llega
envuelta en el fragor de la refriega,
a derramarse van por los caminos
y los campos vecinos…
Y va su frente y clama
que les tengan piedad en tanta ruina,
dando al aire sus tocas, una dama
que pone, ante la turba que la aclama,
la impavidez triunfal de una heroína.
Corriendo a hacer botín de su hermosura,
la rufa soldadesca se amotina,
y en vano ella procura,
en súplicas, en lágrimas deshecha,
acosada y rendida,
entregando su vida
triunfar de la deshonra que la acecha.
Va a sucumbir; pero en el mismo intante,
una mano de hierro abre a empeñones
el cerco jadente
de suizos y walones,
y el capitán ofrece a la hermosura
la hidalga proteccion de su bravura…
Domeñado y sujeto
queda el tercio a distancia; ella respira:
‘Pasad, señora que por mi os admira
y por mi os tiene España por su respeto’,
dice, y levanta el capitán ardido
la dura mano al fieltro retorcido.
Y en este punto, el hierro de un villano
parte su vena a la indefensa mano.
No se contrae su rostro de granito
ni la villana acción le arranca un grito;
inclina el porte, tiende a la cuitada
la mano ensangrentada
y vuelve a pronunciar: ‘Gracias señores;
que si sólo he querido
a la dama y su honor hacer honores,
ahora, con esta herida, habré podido
ofrecerle en mi mano rojas flores.’
Ceremoniosamente
pasó la dama, él inclinó la frente,
y en la diestra leal que le tendía
la sangre a borbotones florecía.

Canción de Navidad

La Virgen María
penaba y sufría.
Jesús no quería
dejarse acostar
— ¿No quieres?
— No quiero.

Cantaba un jilguero
sabía a romero
y a luna el cantar.
La Virgen María
probó si podía
del son que venía
la gracia copiar.

María cantaba,
Jesús la escuchaba
José que aserraba,
dejó de aserrar.

La Virgen María
cantaba y reía,
Jesús se dormía
de oírla cantar.

Tan bien se ha dormido
que el día ha venido,
inútil ha sido
gritarle y llamar.

Y, entrando ya el día,
como él aún dormía,
para despertarle
¡la Virgen María
tuvo que llorar!

PARA CARLOS SANTIAS

(Después de oírle en la guitarra)

I
Fue un milagro cuyo secreto,
Carlos, tu guardas.
Nosotros haciéndote corro;
tú, en el centro, con la guitarra;
todos nosotros, callando;
tú, sin preguntarnos nada.
Ninguno te habíamos dicho
nuestras íntimas ansias;
de casi todos nosotros, la vida,
el destino y el rumbo ignorabas:
no obstante, certero, seguro,
como si las crearas,
nos ibas mostrando, en el fondo,
del lago de tu guitarra,
a todos y cada uno de nosotros,
nuestras propias almas!

II
Como un pescador
de prosapia divina,
sobre los ríos de tus cuerdas
ávidamente te inclinas,
y la nota que prenden,
en vivo y sin anzuelo, tus manos ungidas
unas veces relampaguea,
palpitación de escamas y chispas;
y otras veces se escapa de tus manos
y otras veces en ellas agoniza;
juegas con ella y la desdeñas
o te conmueve y la acaricias…
Ella, la nota prisionera, tiembla, gime, aletea, rebrinca;
pero siempre se lleva carne
del corazón de todos los que a tu juego asistan.

III
La guitarra, tu mundo;
y el sonido, tu fango
y tus manos, recuerdo en pequeño
de la obra de Dios en el Cáos.
Amasando el sonido
como Dios el barro,
pueblas, animas, llenas
de vivientes fantasmas la soledad del cuarto.
Y son aguas tranquilas,
ríos, acequias, lagos,
y oro y azul de auroras
y noches con vuelos de astros
y, en las cuerdas de tu guitarra,
un murmullo de salva poblada de pájaros…
si un día quieres que tu creación
sea casi divina, Carlos,
lee, en los ojos de tus padres
el bien que te desean cunado te miran ávidos,
y copia las miradas de tus padres
como puedas, tocando
y habrás creado un nuevo Paraíso,
dulce remedio a todos los dolores humanos!

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A usted que es catalán de pura cepa,-deduzco que sus padres tambien lo eran-que igual…
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