LA NORIA

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Yo a ti te azuzo: ¡arre, burrito arre que arre
sigue sin descansar manejando a esa noria,
trotando gira, el polvo con el rabo barre,
que a tu esfuerzo y sudor le esperará la gloria.

Sigue manteniendo tu ritmo cadencioso,
lleno de silencios, monótono y constante,
pausado, cauteloso, nunca vacilante,
aunque parecer pueda ser parsimonioso.

Observa como tu trabajo sostenido
mueve con suma precisión los cangilones
regando el líquido elemento recogido
para saciar de sed los áridos renglones.

Que tu trabajo es un ejemplo de constancia
en el que debieran mirarse los mirones
que únicamente hacen alarde de vagancia.

Y que, aunque haya algunos que duden, tu elegancia,
junto a tu laboriosidad les da lecciones,
¡tu eres mucho más listo que ellos de aquí a Francia!.
©donaciano bueno

La tarde caía
{poetas-premiados} y polvorienta.
El agua cantaba
su copla plebeya
en los cangilones
de {poetas-premiados} lenta.
(Antonio Machado)

A diferencia del burrito de Juan Ramón Jiménez, éste se llamaba Manolo. Por lo demás, puntualmente, al atardecer cumplía, durante una hora, con su función de extraer el agua del subsuelo hasta que el pozo le indicaba: ya estoy seco, hasta mañana. Pero, al igual que Platero, también era pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. O, al menos así aparecía a los ojos de un niño, a la sazón el que esto escribe.

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