MI SOMBRA JUNTO AL RÍO/

José Gutiérrez Román (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Que un día puso el viento una simiente
y fue germinando al sol,
eso hizo horas después y al día siguiente
y así una y otra vez tan insistente
forjando de este modo a aquel crisol.

Hoy el mismo reluce sonriente
recién sacado el brillo.
A un arroyo ha convertido en afluente
de un río que arrastró por la corriente
no fue nunca tan fácil, tan sencillo.

Su sueño se basaba en la quimera
de ser buen escritor
y peldaño a peldaño esa escalera
fue ascendiendo en tensa y larga espera
consiguiendo así llegar a ser mayor.

Lo que es fácil, hacer lo hace cualquiera.
Tan sólo la constancia
y el gusto por lo que haces y el creer,
los aliados serán que te han de hacer
más alegre y más grata aquí tu estancia.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: José Gutiérrez Román

José Gutiérrez Román

Nocturno abisal

Viejas lámparas que el mar lloraba cada noche,
viejas como olas que estrellan su corazón
contra las rocas, viejas como las miradas
que atraviesan la noche en busca de una puerta.

¿Recuerdas?
Sólo teníamos aquellas lámparas que el mar
apagaba con sus lágrimas.
Jamás pudimos calmar su desconsuelo.
Por eso, desde entonces, vivimos a oscuras
en este solitario fondo de barcos hundidos.

¿Recuerdas?
Yo soy ese ahogado que te abraza.

Actos de fe

Nos engañaríamos si no nos mintiésemos,
si no diéramos paseos con el mismo afán
con el que un hombre da la vuelta al mundo,
si no llegáramos a ver
tras la gris muralla de la rutina
los diáfanos templos que se yerguen en el mar
y tuviéramos que reconocer
que todo es simplemente tal y como parece.
Qué pobre representación
sería entonces nuestra vida
sin esa suerte de imaginarios decorados
que nos regala un paisaje, el amor, un libro,
sin esa infinita piedad
de saber que la vida esconde
imperios de luz detrás de las sombras,
como habita, agazapada bajo el canto triste,
la profunda semilla de lo alegre.

No está en los mapas

El amor forja sus propias ciudades.

Ciudad de puentes
que tendieron nuestras manos
para que el amor pudiera cruzar
cuando el amor fue un pasajero.

Corazones casi en penumbra,
y allí la avenida donde siempre nos perdemos
para encontrarnos,
donde siempre nos encontramos
para perdernos.
Carreteras que cruzan cuerpo y alma
en dirección prohibida
mientras duerme la vida su sueño
de mariposa.

Ciudad secreta que fundaron
nuestras miradas en el mar de la multitud.
Ciudad callada
que no nos atrevemos a nombrar
por temor a que no exista.

Investigación privada

¿Por qué calle andarán
ahora mis pasos? ¿Quién estará
besando
mis labios en aquella copa
con la que brindé contigo y por ti?
¿Quién, al amanecer,
escuchará los pájaros
desde el mismo colchón
en que yo los oí por vez primera?
Y, ya traspasado por la luz, ¿quién abrirá
la ventana para abrazar un rumor de patio
con olor a pasteles y vida recién hecha?
Avanza la noche, una noche
ya lejana de aquel azul intenso,
y, sin embargo, no puedo dejar
de preguntarme qué será
de aquella vida mía
que para siempre quedó en Lisboa.

CLAVO

Permanece ahí, anclado en la pared,
ajeno por completo a mí.
Forma parte de vidas ya pasadas,
gentes que le otorgaron la misión
de sostener un cuadro, una vitrina
o quizá algún perchero.
Desconozco por qué motivo
sigue clavado aquí,
pero puedo entender su voluntad
de persistir sujeto al muro,
inmutable en su empeño.

Creo saber a quién me recuerda esa fe
de metal oxidado
que, aun sabiéndose inútil,
se aferra con tesón
a lo que un día fue su vida.

CENTRO DE SALUD

Ahora voy al centro de salud
que estaban construyendo
hace unos cuantos años,
cuando tú y yo solo éramos dos adolescentes
que se arrullaban tras sus obras.

Ahora tengo el doble de la edad que tenía entonces,
es sólo un hecho, nada más.
Sentado al borde de mí mismo,
exploraba tu cuerpo con ternura
e indecisión.

—Toso mucho —le digo al médico—,
no dejo de toser —recalco.
Y mientras se lo cuento,
descubro desde su ventana aquel jardín
donde tú y yo nos auscultábamos.

—Respira hondo —me pide.
Y a duras penas,
con el pecho encogido, tomo aire.

OTRA VUELTA DE TUERCA

Para Pilar y Heli

Cuando me paro a contemplar mi estado

GARCILASO DE LA VEGA

Cuando me paro a contemplar mi estado
y veo cuántos años me han caído,
pienso que, de las cosas que se han ido,
no es mi vida el objeto más preciado:

lo mejor que viví me fue entregado
por otras manos hechas con olvido.
Si algo pudiese al fin salvarse, pido
que sea lo que alguna vez he amado.

He ahí todos los bienes de mi hacienda.
Que el tiempo haga una pira con el resto,
y que al arder mi recuerdo desprenda

el humo tenue de un final modesto.
Os dejo escrita aquí mi pobre ofrenda:
palabras que quisieran decir esto…

EL DESCANSILLO

en memoria de David Lorenzo Magariño

Han llamado a la puerta.
Me asomo a la mirilla antes de abrir,
y allí están otra vez el niño estrábico,
también ese muchacho adolescente
—desvalido y a veces cruel—,
el joven que pensaba que la vida
era un regalo para él sólo
y todos esos otros que en alguna ocasión
respondieron por este mismo nombre.
Habitan tras la puerta,
en ese descansillo de la edad que es la memoria.

Hace años que recibo sus timbrazos
a horas intempestivas.
Cada vez vienen por aquí con más frecuencia
y sus rostros, quizá debido al efecto de la lente,
parecen deformados.

Nada les hace desistir.
Esperan que algún día
abra por fin y les compense
por todas esas vidas que me fueron prestando.

Pero yo siempre finjo estar ausente,
y de manera silenciosa vuelvo a lo mío,
que es recordar lo suyo.

SENDERO

para Diana Alonso Delgado

Te nombro.
Conjugo unos sonidos
que invocan tu presencia.
Sin estar, has venido,
y sin marcharte,
desapareces.
Es tan sólo un momento,
casi humo de lenguaje,
como si un dedo tuyo
me cerrase los labios
cuando voy a decirte.

Algo de ti se queda anclado
en el aire que aún respiro.
Algún pedazo de mi voz
se enreda entre tus sílabas.

Ningún enigma encierra
un hecho tan trivial como éste,
lo sé
y no por ello desmerece el milagro
de que tan sólo un nombre, el tuyo,
logre reconciliarme
con la palabra,
con el deseo de querer
pronunciarte a escondidas,
feliz de haber hallado
en esas cinco letras el sendero
que me lleve hacia ti.

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