BARBECHO

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Estos viejos rastrojos no tienen quien les quiera,
se fue la primavera, murieron sus antojos,
llorarán andrajosos hasta la sementera,
penando en tensa espera, llenos serán de abrojos.

No tienen quien les llore ni tienen quien les mime,
que a su lado se arrime y, simple, de un abrazo,
que acune en su regazo, pues nadie le redime,
que sin trabajo dejó también a algún cedazo.

Mas ya llegó el otoño cuando algún labrador
habrá de decidir si dejará en barbecho
quedándose desecho, metido en alcanfor,
otro año mas sin flor, preñado de despecho.

Y así otro año ajado, seguirá deprimido
pensando por qué ha sido, por qué se han olvidado,
que el surco se ha secado, la mies del surco ha huido
tan triste que ha sentido ser un desheredado

Campos, secos, baldíos, no tienen quien le escarde,
anidando en la tarde sentimientos impíos
en invierno tan fríos y en verano que arde,
manjar para rebaños y sus machos cabríos.

Ese mar de Castilla lleno de sed, reseco,
donde no se oye el eco, que sólo el sol mancilla,
en el que la semilla no horadará su hueco
implorándole al cielo no le dé la puntilla.
©donaciano bueno

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