UN MES DE ENERO

Mi Poeta sugerido: »Fernando Cazón Vera

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Paseábanse las horas por delante
de mi, en mi casa, cursaba el mes de enero,
mientras oía tronar. Y el aguacero
salpicaba por mi lado a cada instante.

La tarde era prieta, gris, cual un florero
en que las flores desnudas se marchitan;
los desagües berreando desgañitan
los gemidos repicando en el alero.

La oscuridad iba su alma guareciendo
bajo los tilos que en mi jardín pernoctan,
cual vientos rotos que gritan y rebotan
y contemplan al silencio envejeciendo.

Eran las ocho y parecían las doce,
las colinas expectantes, mortecinas,
se escondían por detrás de las neblinas
evitando en movimiento cualquier roce.

Finalmente el firmamento quedó en calma
y el cielo se echó a dormir al cielo raso,
los disturbios se subieron al parnaso
y el alma firmó al fin la paz ya con su alma.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Fernando Cazón Vera

Fernando Cazón Vera

Preguntas

¿Valió la pena hacer las mismas cosas
y recorrer las calles y las plazas
con una misma piedra en el zapato?
¿Valió la pena regresar temprano
y golpear a la puerta equivocada?
¿Valió la pena haber guardado el hueso
para aferrarnos a esta perra vida?
¿Valió la pena no doblar el codo
para lograr una victoria pírrica?
¿Valió la pena haber perdido el hilo
al mirar por el ojo de una aguja?
¿Valió la pena este remordimiento
que nos vuelve a enfrentar a dios y al diablo?
¿Valió la pena haberse desnudado
para hacer el amor con una estatua?
¿Valió la pena arder a fuego lento
para así redimir culpas ajenas?
¿Valió la pena repartir las sobras
con las manos vacías para siempre?
¿Valió la pena haber resucitado
antes de que la muerte nos separe?
¿Valió la pena ser la bestia herida
o nuevamente el cazador cazado?
¿Valió la pena haber ganado el año?
¿Valió la pena arar en mar abierto?
¿Valió la pena haberlo dicho todo
para que no lo entienda casi nadie?

PARÁBOLA DEL INDECISO

Huyó desde sus piernas para adentro
Regresó dé los ojos para afuera
Quiso volver al fin, pero se iba
Quiso exiliarse pero se quedaba.

Estaba siempre donde nunca estaba
Era y no era, lo mojaba el fuego
Lo quemaban las lluvias torrenciales
Alas de viejos pájaros lo anclaron.

Y supo odiar con el amor más puro
Amó también con su traición profunda
Y dijo la verdad. Y estuvo solo
Mintió y mintió. Y entonces le creyeron.
De Rompecabezas (1986)

EL AFORTUNADO

Quién tiene un ojo que no le sirva,
una oreja que le sobre, quién tiene
un mes de más en su almanaque,
una hora inservible en sus relojes,
quién respira dos veces y vive
y sobrevive una única vida, quién
copula fielmente su bigamia, quién
se hace trampa y nunca se sorprende,
quién tiene un muerto que todavía lo ama
sin tocarle los sueños inminentes, quién
cabe a la vez en dos lugares diferentes,
quién ha dejado de morir su parte menos útil,
quién, en definitiva, gana la mesa
sin tirar los dados.
De Rompecabezas (1986)

LA PARÁBOLA DE LA MÁSCARA

El pájaro se puso la máscara,
la máscara se puso el pájaro,
el pájaro y la máscara se pusieron entre sí
pero el pájaro no era máscara
el pájaro era pájaro y nada más
el pájaro era pájaro y mucho más
y la máscara después fue nube
y fue cielo
y fue árbol
y fue la manzana de ese árbol
la máscara fue hombre también
y fue la mujer de ese hombre
y fue el hijo de ese hombre y esa mujer
la máscara podía ser cualquier cosa
incluso la máscara de otra máscara
el pájaro ni siquiera podía ser hombre
el hombre ni siquiera podía ser pájaro
pero la máscara sirvió al hombre
y al pájaro y su pájara
y a la mujer del hombre y de ese pájaro,
y al hijo del hombre y la mujer,
del pájaro y la pájara
al hijo que no pudo ser lluvia
ni árbol, ni montaña,
pero la máscara les sirvió a todos
sobre todo al hombre mirado por el hombre mismo
y mirado por Dios y por la máscara de Dios
o por las máscaras de muchos dioses
hasta el día del Juicio Final
en que todos, sin excepción,
se sacarán las máscaras.
De Rompecabezas (1986)

CASI

Tú no tenías nombres
y acaso para amarte
tampoco hacían falta las palabras.

Tú tenías dos ojos
dos pechos
y dos manos
una mitad de tacto
y otra mitad de luna

Y yo te amé por esa simple
necesidad de amar todos los días.

Pero una vez
te fuiste con el viento
y quedó solo
tu mitad de luna
De El hijo pródigo (1977)

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