UNA CALLE CUALQUIERA

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La calle no es de nadie, que es de todos,
-ser libre es circular por las aceras-,
no existen ni fronteras ni alambreras
tratando como hermanos a los codos.

La calle es como un pájaro que vuela,
un barco que navega a la deriva,
que viene y va y se muestra permisiva
y va cantando al ritmo de la suela.

Del templo es libertad, es tolerancia,
es un himno, es la letra de un poema
que aun pervive salvada de la quema
de quien quiere hacer de ella su estancia.

La calle tiene marcha, tiene embrujo,
tiene magia a la luz de las farolas,
en las noches de invierno siempre a solas,
con la sombra del pobre y con su orujo.

Que mantiene feliz la compostura,
tan coqueta y a veces descarada,
no se priva de echar una mirada
a las niñas a fuer de ser impura.

Para todos la calle le acompaña,
no pregunta ni pone cortapisas,
se acompaña con gusto con las prisas
y en su salsa se encuentra en la maraña.

Las calles son las venas y su sangre
somos quienes andamos con las penas
que vamos al salir de las colmenas,
debemos impedir que se desangre.
©donaciano bueno


La calle – Octavio Paz

Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.

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