BUSCO LA PAZ/

Sydia Candanedo de Zúñiga (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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No quiero oír nada, no quiero ver nada,
sólo deseo aislarme de este mundo,
sumiéndome en el sueño más profundo,
tirándome en la cama a la bartola,
dejar vagar la mente sola,
aislándome por fin de la manada.

Soñar no me interesa.
Quiero a un lado aparcar las ilusiones,
en casa sin ventanas ni balcones,
poner puertas blindadas
para que a través no se pueda oír nada.

Sólo busco la paz,
detesto todo lo que la perturbe,
preciso cobijarme en una nube,
liviana, relajante, blanca y suave,
detesto la ciudad
soy polluelo que vaga montaraz
y esconde bajo el ala de su madre.

Todo lo que sucede cada día
en maldito planeta en el que habito
me incita a levantar la voz en grito,
cual profeta predica en el desierto,
mientras riendo vas otros mi lamento.

Todo es una porquería.
No quiero causar dolor.
No quiero crear problemas.
No quiero a nadie mi vida le de pena.
Yo ya no pinto nada en este mundo.
Déjenme sumerja el sueño más profundo.
No me hagan pedir perdón.

Con poco me contento. Yo solo necesito
un pequeño habitáculo, un nicho,
con un colchón en el centro y en la pared una rendija
desde donde me puedan pasar el alimento como a una sabandija,
una vasija de agua, otra para defecar para este bicho
Y todo queda dicho.
©donaciano bueno

¿Conoces a Sydia Candanedo de Zúñiga? Lee/escucha algunos de sus poemas

Sydia Candanedo de Zúñiga

Amor Materno

Cuando se tiene un hijo, no sé cómo decirlo,
se abren las compuertas del amor hecho sangre;
todo se contamina de una dulce ternura
y el horizonte claro se siente en las entrañas.

¿Por qué será que entonces todo se ve distinto:
la hormiga que murmura en su débil corola,
la blanca flor de armiño que estremece la aurora
y la pupila abierta que arrulla nuestro espíritu?

Tener un hijo cambia la vida de las vidas,
es como renacer y sentirse de nuevo
como un capullo blanco, inocente y eterno,
tal como niño sano corriendo en la llanura.

Y en esa idea fecunda de mareas y de ensueños,
en el alumbramiento de años y de días,
va la madre en silencio cubriendo los altares
de los nuevos retoños abiertos a la vida.

Segundo Premio del Concurso Nacional
de Poesías a la Madre
Auspiciado por el Club de Leones de Panamá
Diciembre 8, de 1969

Verdes serán las ramas de este cielo

Tronco de árbol, dulce cuerpo,
estás calando mis venas
como la lluvia en el techo.

Trozo de carne caliente
como la tierra asoleada,
muestra el humo,
tu esencia,
en las tardes de relámpago.

Te palpo con toda el alma,
mirándote por los valles,
al igual que hace la lluvia
en esa noche invernada.

Fuerzas extrañas me inundan
al sentirte tibiamente,
y canto porque te siento
en tus luces y en la savia;
porque me siento en tu vida
como oración sin palabras.
Del libro Una Rosada Estrella en la Vendimia, 1969

Romance del Alba

Mi libro es un mar de luces
como los ojos del suelo
y en el agua de sus olas
se retrata el pensamiento.
Las hojas y las pestañas
del girasol marinero,
despiertan entre las páginas
numerosos los recuerdos.
Hay olas grandes y chicas
en cada gota de aliento,
cuchillos en las espumas,
gajos, en gajos muy tiernos,
pero además en mi libro
el polen sigue cubriendo
la calva de muchas piedras
a lo largo del sendero.
Así en mi redondo canto
cabalga en mis ojos lleno,
un sollozo de esperanza
orillando los anhelos.
Del libro El Girasol Caminante. 1975

Solo miro tu rostro

Me ofreciste la sangre que no estaba conmigo,
me brindaste lo claro del ensueño sin luna,
y estremeciste el aire en busca de la imagen
y una marina estrella llevaste a mi celda.

Grandezas y ternuras conquistaban la ofrenda
de triste mariposa a fruto bendecido;
hoy por doquiera vives con esperanza inerme
en alas y en horarios y en el aire sencillo.

Eres como el espejo de amorosos halagos
y saturas mis pasos de luces y de almíbares
cuando las ansias mueren
y el brazo se derrite.

Sólo así te concibo,
hijo de mi memoria,
en el lecho sin nombre de las edades viejas.

Abierta es la semilla en tu mirada

El agua clara brota confundida,
en manantial de cantos amorosos,
cuando en las redes del oleaje hermoso,
en misterios de amor surge la vida.

Es mi lucha ferviente, dolorida,
y es mi pecho fecundo, silencioso,
y en las ondas de viento rumoroso,
nace clara la voz amanecida.

Así febril, mi espíritu inocente,
cual cerrado botón en la mañana,
se convierte en clavel magnificente,

y en retazos de alma soberana,
torna rojo su verbo reluciente,
en amagos de luz por la ventana.

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