ÉL ERA FELIZ

Mi Poeta sugerido: »Niki Naranja

EL POEMA… de medio pelo Lee otros poemas de PERDÓN

 

Él era feliz hasta que un día
ignotas veleidades del destino,
se quiso atravesar en su camino,
un bicho que torció la travesía
causándole un tropiezo repentino.

Vivía su segunda juventud
gozando de un asueto bien ganado,
después de tanto esfuerzo malgastado,
mirando de soslayo y al trasluz
al mundo que pasaba allí a su lado.

De vuelta ya del yugo los placeres,
escaso de delirios y pasiones
trataba de agotar sin dilaciones
el tiempo en escribir y a sus quereres
brindarles su calor, sus emociones.

No supo adivinar que nubarrones
llegaran a turbarle en esa estancia
¡qué importa si de China fue o de Francia!
lo cierto es que anegó a sus ilusiones
robándole a la vida su fragancia.

Que un bicho, un diminuto renacuajo
un día, cuando menos lo esperaba,
le vino a visitar y se prendaba
clavando con la daga un solo tajo
cual fuera que en la tierra ya estorbaba.
***
El hombre es ese ser que, prepotente,
se enfrenta a un buen morlaco diminuto
a ver cual de los dos es más astuto,
y el bicho con mirar solo de frente
le pega una cornada en un esputo.
©donaciano bueno.

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MI POETA SUGERIDO: Niki Naranja

Niki Naranja

GÉNESIS

Allá en los confines del lenguaje,
al borde mismo del silencio
una palabra, tenebrosa aún, se asoma ?

al balcón de lo factible y podría
ser el germen de un poema, o acaso
un propósito de enmienda… Mi hija
dice: «agua»; en ese instante,
y no en otro distinto, el universo
entero se detiene y toda el agua
habida en este mundo se transforma.

ESCRIBIR NO ES FÁCIL

Escribir es fácil. Escribir
poemas, aún más,
cualquiera puede hacerlo.

No hace falta mucho:

algo que trace, puede ser

un lápiz, un boli, un pedazo
de lignito, cisco, turba, saliva
o incluso sangre.

Hay gente que ripia con sangre
y eso es peligroso
ya que si el poema es malo,
y casi todos los poemas
son esencialmente malos
porque la gente que escribe poesía

lo hace, porque no le queda otra.

Pues, es un desperdicio,
esa sangre podría usarse
para otros fines:

menstruar, hacer amigos,
donaciones, etcétera.

Va, que me lío, en fin
se precisa también una superficie libre
para dejar constancia:

una pared, papel, servilletas usadas,
cuerpos —raídos o sin raer—
cualquier lugar es bueno
para hacer un testamento lírico.

Un corazón que bombee, un encéfalo
en su sitio.

Y lo más importante

Algo que escribir, y escribirlo
más o menos bien
por eso,

él o la poeta debe haber leído
a otros y otras antes.

Más que nada, para repetir
lo mismo, pero de otra forma,

y no contar boludeces

—como esta—.

***
Y de pronto,
ya era tarde.
***
Abrígales la infancia y
no pasarán frío
el resto de su vida.
***
Eterna mente guapa.
***
Voy cumpliendo daños.
***
Milagros son esas cosas
tan raras
que pasan todos los días.
***
Tengo la autoestima
por los sueños.

ANIDAR

Quedarse en las personas

como el vencejo
se queda en los alféizares.

Situando la expectativa
del nido, firme,

anclado a la cornisa.
Dejando el cielo raso,
libre,

abierto a mis espaldas.

NASCITURUS

Tuve una hija que murió pronto;
tanto de hecho,
que no llegó a ver la luz.

De vez en cuando le hablo,
y le pregunto:

del tiempo, del clima, o dónde
dejé tal o cual cosa.

Y Luz, que así se llama,
—ironías del azar—
me responde a su manera:

en silencio. Un silencio firme
que, por un instante apenas,?

lo ilumina todo.

GENUFLEXIÓN

Hay quien cree que arrodillarse
entraña un vivir en obsecuencia.
Yo soy libre, sin embargo,

me arrodillo.

Me inclino, frente al cardinal
misterio de las cosas,
como fiel subordinado

de mí mismo.

TUMBARSE

al borde de uno mismo
y mirar hacia el abismo
que se crea: la escarpa

que se abre a nuestro paso,
y la carne en rigurosa
regresión frente al vacío.

Asomarse al filo
de uno mismo, apelar
al misterio de costumbre.

Amar el declive, el escombro
la tendencia. Abrirse
en canal y abandonarse

al juego; al otro; en la caída.

LUZ

Tuve una hija que murió pronto;
tanto de hecho,
que no llegó a ver la luz.

De vez en cuando le hablo,
y le pregunto:

del tiempo, del clima, o dónde
dejé tal o cual cosa.

Y Luz, que así se llama,
—ironías del azar—
me responde a su manera:

en silencio. Un silencio firme
que, por instante apenas,

lo ilumina todo.

PARDINAS

Mi madre separaba las lentejas
sobre la mesa de la cocina.
Con calma

y destreza proverbial apartaba
lo malo —por ínfimo que fuese—
de lo bueno. Con gusto,
dejando a un lado el rígido
indumento
de la ciencia, me evisceraría
en cuerpo y alma
fiando el porvenir y sus metástasis
a sus manos
exigentes pero tiernas.

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