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LA VIDA LOS PECADOS NO PERDONA (mi poema)

Los del Poeta sugerido: ''Manuel Ríos Ruiz''

MI POEMA…de medio pelo

 

(Romance heroico)

Quién sabe que será cuando mañana
-la vida los pecados no perdona-,
se atreva a presentarse al Hacedor
llevando como lastre una carcoma;
y quién vaticinar si las andanzas
que tanto aquí gozar le permitieron
no deban de acabar en las galeras
echando un tanto más la leña al fuego.
Si un día esos caballos desbocados
quisieron disfrutar yendo al galope
inútil reclamarle oídos sordos
debiendo conformar lo que les toque.
Y aquellos se mostraron manirrotos
si sueñan con salvarse de la quema
no pueden suplicarle al Creador
que venga y que le quite esa condena.
Se sabe, pues, que el tiempo a cada cual
le pone en el lugar que se merece,
y el mal no ha de encontrar su redención
así que en esta vida se confiese.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Manuel Ríos Ruiz

Manuel Ríos Ruiz

(Premio Nacional de Poesía)

Exploración de la mañana

“Dejemos fluir el corazón,
respirar por su ambrosía,
alentar
por la celinda cincelada.
Un viento arpegia, tremola,
pulsa cada tallo.
Esta gala que goza y reposa la azucena
promete su virtud. Canta y danza, esplende el girasol
su rotación en la mañana.
Vivo, pertenezco a mí, embelésome
en mi campo visual, imagino su música, aderezo
la sinfonía de mis venas, ole, en la provisión de la tierra,
engarzo o ensalmo sensaciones, alquimista de la belleza
que me encela: rostros virginales, haz y paz, lámina
de manzanilla, ámbito feliz de la mariposa, metrópoli
del matiz, efundida caridad, corolas, espejos palpables
de la fe para creer y crear el íntimo coloquio en su arriate. “

Viaje a medianoche

“Voy divisando luces, circos de la noche, tanagras
o aleluyas, usadas petacas y mecheros, retratos de odiseas,
la frente de un poeta –portal de su cabaña- añorando
el corzo del amor que nunca se detuvo, los hombros
que le caen panitentes, manos que acercan lilas, pilistras
a los ojos, esos que ven gañanadas, molinos, talabarteros,
palaustres para artistas, goces de una gente ventanera.
Los grillos me elevan tanto llano, una senda, la patria
de mi amigo, mancha de la flor, ancha y sancha
ilusión para quijotes, donde se aguarda, se amanece,
como si el tiempo y el poeta nacieran al paso del tren,
entraran por este cristal o contrafuego –sereno, inverosímil hasta
una faltriquera que tiene el garrido corazón. “

Razón, vigía y elegía de Manuel Torre

(fragmento)

“…escuchábanse, en su alturas y capillas, retumbar los relinchos
y galopes de los potros cartujanos, allá por Jédula, La Jarilla y La Jareta,
Cerro Blanco y La Zangarriana, por los llanos de Caulina
y la Gradera, por encima de los torrejones del Castillo Melgarejo, desde
Vico
a Torrecera, jarreos, jinetes, voceríos de Los Garciagos y de Gibalbín,
de Martelilla, de La Matanza, La Matancilla y La Matanzuela,
Fuente Bermeja y El Carrascal, los desolados campos hirsutos
que clamaban sus latitudes, meandros, laderas, eriales, albinas y albedríos,
tierras de pan buscar, montes, dehesas, cotos cerrados, ventorrillos, mundos
propios del señorito enjaezado, cacique y campechano, dios y luzbel.

***

ASI Jerez, así al costado del levante y su campiña cortijera,
con el Guadalete por verónicas guadalizando desde Cartuja al Portal,
Los Albarizones en flor de agua –liquen y fuente- camino de Lomopardo
y Montealegre, pagos de Solete, Las Abiertas y Parpalana, pegujales,
huertas, cojumbrales, planteras para el hambre y la salud, penitencias
y territorios de la calabaza y la lechuga, removida tierra candeal,
alomada y fresca, encelo del ciruelo, ostensorio de la higuera, primores
del naranjo y su azahar, almendros y perales, feria del albérchigo, valle
del perillo,
oh parra, espiga, mazorca, chícharos, panizo, alberjones
lujos en los ojos, fiesta del paladar acariciada, resoles vegetales del
recuerdo.
OH Jerez,
oh tierra consumida y abinada sol a sol, rememora, acuérdate
de tus aconteceres y tus siglos en torno a Manuel Torre, de cuánta mies y
belleza
aureolada te naciera al norte en Carrizosa, en tu cacho Almocadén,
sobre las recónditas ruinas de Asta Regia, Tabajete allí en pleno
y ánimo, Cañada de Albaladejo, barros calientes de Bujón,
pulmón terrenal de cada viña, de sus pámpanos y suspiros en albariza:
Casarejo, Burujena, Monteagudo, Ventosa, Macharnudo, el Cerro
común de Santiago,
La Aína amorosa y capital.
El harén
de cepas de Los Tercios y El Marrufo, cuyos liños encandilan, sobrecogen.

***

LA vida en pos, creciendo, la comunión de los jazmines y los dondiegos
en los aporcados arriates, agrimensuras insólitas del sur, lontananzas
hacia Bolaños, Frías, Caricortao,
ranchos del Calvario, del Beato y de La Bola,
toros de Roa La Bota, olivareras lindes de Las Quinientas, Sierra
pesebre de San Cristóbal. Cuestas del Chorizo, barranco, término
luminoso, luz inaprensible aspirando el mar, haciendo nido a la bahía.
Y los barbechos en vuelo -Cerro del Cuco, Cerro del Viento- a las nubes
de una atlántica ilusión de bajamares y de surbajos, troníos
del agraz,
latifundios abrazando a la ciudad, entrando por puertas
y postigos, en el redor del siglo diecinueve, cuando Undivé quiso
confirmarnos
la voz, el sentimiento ancestral, el grito cuajarón y dolorido
naciendo entre lagartijas y salamandras, tanagra y tronco,
perfil endrino,
esqueletomaquia de todos,
bizarro y sonoro Manuel Torre.”

En una tarde de mil novecientos setenta.

1
Estás como un adoquín escachado por enero.
Tal vez soñabas con una triste gaita ausente
o con un jirón de niebla navegando por la ría;
pero estabas perdido en Madrid,
donde las flores del asfalto envenenan
los pliegos de cordel.
Era tu libro la memoria
y
ha reventado tu caparazón.
Tu voz,
que sonaba a cuerda tripera de viejo violín,
cedió en su empeño de conmover estatuas.
Ya tu gesto no sirve para calmar a perros ladradores,
se han quedado rígidas, como dos alicates,
las manos que plasmaban poesías de cartel.
Los pies, de tanto andar, los tienes deszapatados,
reliquias serán tus calcetines rastrojeros
cuando cuenten de ti los futuros balboas.
Y por todos tus huesos y tu nuez gongorina
sueñan hoy los gusanos un tímido guateque.
Me pregunto, Carlos, por qué te has muerto, por qué,
si tenías un cigarro y te estaban escuchando.

2
Fue un dios en sí mismo, enamorado
de un finisterre de palabras y gritos.
Se destruía al son de sus grillos internos
Enarenando el aire de pura garrapata.
De haber sido marinero de barca o motonave,
o mozo gañán, gazpachero
sobre un mulo siguiendo la vereda,
no estarías tan muerto, ya tan vivo y tan muerto
sobre una mesa del Café Gijón.

3
Y nadie contó un chiste,
ni nadie te besó.
Avisar a tu sangre,
¿no sería una aventura,
ahora que podrías, por lo menos,
leer “El Quijote”
o “El viejo y el mar”?
Hoy no ha leído el “Marca” Eladio Cabañero,
tu amigo, el que dijo que a ti te hacía bulto el corazón.

Hoy se ha puesto chaqueta Alvarez Ortega,
hoy no regañaréis,
no habrá “leche y picón, ni tá, ni cuá”.
Y los López
-el Luna y el García-
propusieron sus acordeones de versos viajeros.
Marcos Ricardo Barnatán,
desde el Mar de la Plata,
saludó militarmente, poéticamente, correctísimo.

Llegaron de Canarias plátanos de luto.
Algunos catalanes, manchegos, vascos y castellanos,
dejaron de sembrar o de cortar leña,
fuma que te fuma…
No, no se ríe Enrique Azcoaga.
El joven Gerardo te ha sobrevivido
-estudiante aplicado- como a Lorca,
porque para él la vida sigue siendo un verso interminable.
Raúl del Pozo está viviendo –escribiendo-
tu-su vida sobre el papel del suceso.
Los aquelárricos del Café Lyón
silenciaron su cencerro
en tanto resucites.
Un embajador plenipotenciario
llegó a “La Boite” a pedir excusas.
El duelo lo preside
Fernando Quiñoñes, solemnemente
vestido de torero.
Un disco de Joan Baez
ameniza la ceremonia de olvidarte.
Jiménez Martos recogerá el dato en sus antologías.
¿Sentada en la Universidad
exigiendo crespón en la bandera?
¿Descalzas se han puesto
un cogollo de muchachas?
Ya has salido de aquí
y sin embago –”malú”. “malú”-
te adentras más que nunca en la tierra que te eva.
Umbral y Antonio Hernández

-sin hablarse todavía-
entierran contigo, Oroza,
una orza de miel.
Llorar, lo que se dice llorar,
tan sólo lloraremos
cuando en piel, papel biblia, pocas hojas,
publiquen tus poemas,
y Sandra, bajo un velo,
los venda y los revenda.

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