NO ME MOLESTEN/

Jorge Ernesto Olivera (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Hoy voy a descansar, no me molesten,
quiero librarme ya de tanto hastío,
me niego a conocer si es que hace frío,
que a mi mente, si piensa, que la arresten.

Pues ya estoy harto de tanto divagar,
sentirme prisionero, atormentado,
cual niño que responde maltratado
y quiere echar sus alas a volar.

Que mi luz no alumbra, es pesadumbre,
el alma desgajada es de una rama,
el ansia ya rebosa y se derrama
ni una pavesa queda de esa lumbre.

A solas quiero estar con mi costumbre,
con mi sombra, mis dudas y mis velas,
desnudo con zapatos, con sus suelas,
tristeza, mi dolor, mi podredumbre.

En mi baba afligido y ahogado,
sin casi respirar ni ver el mundo,
sumido en el letargo más profundo,
y en hedor del mis heces naufragado.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Jorge Ernesto Olivera

Jorge Ernesto Olivera

El amor y los relatos de la revolución

El tiempo del amor se acaba como una hoja agrietada.
y las historias de batallas que pueblan de héroes la revolución
se encuentran en libros de relatos
de magia sin par,
repito:

que las historias de amor se acaban cuando menos lo piensas
igual que las batallas
las victorias
y la gloria.

Labios del poniente

Para Lucía
escribo, sentado a la siniestra del vástago,
en noche sin fronteras,
patente locura del espacio,

escribo sin tener conciencia del camino,
como un gamo,
un roedor alucinante,
como una bomba de tiempo,
escucho rock and roll,
sintonizo emisoras, recuerdo amigos,
cansada quietud/amargura, tiempo,
mirada pausada por desgano,
-allí está todo-,
mente humana
mente corporal
mente mecánica
mente sátrapa.

Sirenas

Como sirenas de la noche crepuscular
medusas de tu cabello hecho cielo,
estallido de luz, rasgando tinieblas,
voz del espacio llamándote,

como aullidos de monte vacuo
lebreles de tu cintura hecha tierra,
látigo de verdor, trasfondo de grises,
oído de la noche irascible,

tu voz,
arrullando los tímpanos
emulando llamadas nocturnas,
pausados giros del dulce crepitar,
amarrando el barco de tu blanca simiente.

***
las he visto desnudando la aurora
alejarse entre muchedumbres de delfines
raspar el agua como aviones de titanio
surcar el cielo como barcos entrevistos al filo del horizonte

las he visto pasear tu mirada en los árboles del trasiego
dominar las olas como látigos de pluma
allanar senderos de espuma tras estela de vapor carguero,

tu nombre no tiene el sentido de
ángeles parados a la siniestra de aquel
tu nombre no tiene el nombre de quien
vino sobre el agua
tu nombre no sacude corazones de nubes en
los desiertos del cielo

las he visto con sus cabelleras de fuego trenzado
sacudir los verdes del río como mar,
iluminar la tarde en rayo verde,
despedida fugaz,
aturdir la noche con su canto insoportablemente real,
pasear su sombra en los ocasos de la escollera.

Labios del poniente

y,
¿dónde?,
¿dónde se esconde el retrato de Rimbaud?
¿dónde, que no aparece
en el diccionario?
una breve reseña,
unas líneas,
nada dicen,
unos Poemas
un traficante de marfil
una pierna amputada.

¿dónde esta la voz
la vida que se ahueca como un silencio
el grito que no tiene piedad,
la poesía adolescente apenas,
la vida cansada, frágil, no aparece,
no aparece la piel restante,
el dibujo,
el cansado mirar?;
¿dónde colocan el tiempo aquellos que en el futuro no lo tendrán?

ahí está la clave del francés,
ahí está el consabido silencio cargado,
ahí está el cementerio mudo que mira con ojos tristes sin hablar,
pequeño epitafio imposible
– treinta y siete años-
ríscolo respaldo resguardado rémolo temporal
no hay adiós posible.

Noches de montevideo

Y la noche es un remolcador viejo y carcomido
al oeste de la bahía de montevideo
donde un viejo flaco vende pollos,
y da la muerte por un vintén.
está cuajada de líquenes
auroras desencontradas,
navajas que se guardan en los gabanes
graffitis escondidos en huecos de árboles.

En el cielo de baja california

Se muere marilyn monroe
marilyn monroe se muere
mirando el cielo de baja california.

y no puedo soportar los pájaros emigrantes del invierno
largas bandadas ocultándose en el gris de la distancia,

he estado amontonando recuerdos que vienen de tarde en tarde
en este rincón del siglo,
mientras,
marilyn monroe se muere en cada verano
mirando el cielo de baja california.

Los trabajos y los días

Acerca de los trabajos y los días puedo decir que no domé tigres en el asia
no cabalgué a lomo de elefantes cazando fantasmas en la niebla
no obligué la voz llamando a los otros changadores,

se sin embargo la exacta huella donde
tocar el hombro de una mujer en solar desierto, mugriento,
subiendo la sangre, sangrando desde abajo,
sudando en los trabajos y los días,
en la semipenumbra del día agonizante,

en la entrepierna sibilante y lúbrica
en la línea exacta de su terminación
donde espalda y nacimiento dejan lugar
para envainar sables de vigor y dolor.

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