A TI TAMBIÉN TE QUIERO II/

José Elgarresta (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Tú ¡oh, mi señor! que a tu imagen me creaste
con el barro que amasaste con esmero
no permitas que hoy el tiempo le eche al traste
tu trabajo de artesano y alfarero.

Te perdono pues conmigo no hiciste arte
ni tampoco mi intelecto fue puntero,
mas permite que en mis versos tome parte,
te reproche mi dolor, pues soy sincero.

Pues la vida es un canuto que fumarte,
y el reflejo de un espejo en que mirarte
conseguir has que éste sea placentero.

Y si tú colaboraste a hacerme un hombre
inconexo no aparente, no te asombre
si te digo que yo a ti también te quiero.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: José Elgarresta

José Elgarresta

Premonición

El pájaro vuela,
el hombre vuela también
¿o es viento?
Echado en el bosque
rememoro las penalidades pasadas
mientras veo pasar el cielo
sobre mi cabeza.
¿Estoy haciendo lo correcto?
Pero ¿qué me importa
hacer lo correcto?
¿Y qué es “lo correcto” para mí?
A veces pienso que soy un estúpido.
Poco tiempo conservan las nubes su forma.
¿Y mis ideas?
¿Merecerán esta vida mía
que estoy dando por ellas?
Solo sé que algo germina dentro de mí,
es un árbol grande
y un día
cuando haya sucedido
todo lo que tiene que suceder,
alguien mirará el bosque
y dirá “ese árbol
canta distinto al resto”.
Alzo los ojos,
¿me he quedado dormido?
Últimamente me resulta difícil
distinguir la realidad del sueño.
Claro, si no fuera así
¿podría ser tan tonto
de actuar como siento?

Anciano en la playa

¿Dónde fue ese vigor tumultuoso?
¿Ese romper las olas con el pecho?
Y al mismo tiempo esa sutileza,
ese oler la hierba mojada
que tras de sí deja la tormenta,
antes incluso de que ésta llegue.
A ningún sitio, sino aquí,
a este cuerpo cuya respiración ansiosa
cada vez más se confunde con el viento.
Unos lo llaman Dios,
otros la muerte.

Deshabitación

Despoblada la piedra de recuerdos
¿Aún te aferras a ella?
¿Cuánta agua
ha tenido que resbalar sobre tu corazón
hasta dejarlo pulido y redondo
como un canto de río?
¿Y cuánta más tendrá que pasar
hasta que te arrastre?
De Derecho de asilo

FUGAS IV

Todo momento no es
sino ocasión de otro momento.
Toda realidad no es
sino ocasión de otra realidad.
Por eso un ciego
comprende mejor las estrellas
que tú,
en quien sólo aprecio la sonrisa.
Cuanto se oculta
tras ella
es cuanto busco
en mí.
¡Maldita sea!
Esto decía mi amigo
perdido en la noche profunda de las copas
y todos asentíamos,
pues nos dábamos cuenta
de que la vida es un asesino insobornable.

ESTRELLAS EN EL DORMITORIO

Años atrás,
lo hacíamos en el coche,
incómoda cuna que se mecía a nuestro ritmo,
las palancas del cambio y de los frenos clavándose en el trasero,
el viento de la noche silbando suavemente
y después el pitillo,
pensando quién estaría fumando ahí arriba,
iluminando el cielo con miles de pequeñas brasas,
hasta el alba y entonces
a casa sin miedo al sueño
(ya veis, teníamos una casa,
un sueño profundo y una seguridad de despertar).
Hoy en cambio,
con un coche que no se balancearía,
pero también
con un cuerpo que no tolera incomodidades
y un sueño ligero como el vuelo de una abeja,
parapetado tras las paredes de mi dormitorio
en ese momento mágico en que te disuelves sin darte cuenta,
una antigua canción rasga el silencio palpitante del amanecer:
“las estrellas están sangrando en mi corazón”.

LA SILLA

En mi pueblo lo llaman el juego de la silla.
Los jugadores se sientan en círculo, cada uno en una silla:
tan pronto como suena la música se levantan
y giran velozmente hasta que ésta se detiene;
entonces se sientan de nuevo, pero una silla ha sido retirada.
Para cuántos, quizá la mayoría de nosotros,
es una imagen perfecta de la vida:
una oportunidad fallida,
algo que debió ser, pero no fue consumado,
el pájaro invisible que nos rozó con sus alas.
Aquella mujer que abandonamos,
aquella carrera que no estudiamos,
aquel trabajo que no osamos solicitar,
aquella ciudad en que no nos decidimos a residir,
aquellos amigos que no nos atrevimos a tratar.
Y sin embargo era lo que nos gustaba,
hubiéramos sido genios o hubiéramos sido felices.
En cambio ahora somos menos que nada,
porque pudimos serlo y no lo fuimos,
no por necesidad ni por imposición de algo o de alguien,
sino por rutina o comodidad o simple cobardía.
No dimos el golpe de timón
cuando nuestra barca era arrastrada por la corriente,
no nos arrojamos al agua
cuando vimos la perla desde encima del puente,
la sonrisa de la desconocida se extinguió en el metro
sin que fuésemos capaces de dirigirle la palabra.
Un segundo para equivocarnos y todo el resto del tiempo para lamentarlo.

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