Kevin Cuadrado (poeta sugerido)

DEL MUNDO Y SUS PROFECÍAS/Donaciano

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Aquí se acaba el mundo. Las pandemias
serán las que lo causen. Los humanos
matando van fantasmas con las manos
culpando a un dios supuesto con blasfemias
impropias de cristianos.

Os hablo desde el lado de la historia,
allí donde ocurrieron las matanzas,
las guerras del medioevo, las venganzas,
las plagas en Egipto, de esa escoria,
y todas sus andanzas.

Viruela, sarampión, la lepra, el sida,
la gripe de Hong Kong y la española,
la cólera y el tifus con que asola
y arruina la esperanza en esta vida
y al hombre en su lugar, pone a la cola.

Jugando entre la inopia y el despiste
huyendo en zafarrancho de combate,
cuidando no le den el jaque mate
al tiempo que discute y que resiste
en medio de un debate.

De Dios el ser humano es esa apuesta
que está ya destinada a fracasar,
que pone a cada uno en su lugar
tirándose cacharros a la testa
del mundo, el lupanar.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Kevin Cuadrado

Kevin Cuadrado

El hombre mira el retrato de su niño futuro

Si quitara el nombre ‘casa’ a una casa,
esta ya no funcionaría como una.
Su significado sería otro
y al instante cada recuerdo desaparecería.
Inútilmente busco a mi madre entre estas paredes
que fueron alguna vez una casa.
Recorro en vano las habitaciones
identificándome con las piedras y el polvo
pero no es mi madre
la mujer que sujeto entre los dedos.
Somos otros,
alguien, en algún lugar,
nos ha quitado el nombre
(debo encontrar
la palabra
con la que ahora se nos nombra).

La sonrisa de un hombre en un anuncio militar que convoca a la desaparición de todos los paisajes

Un hombre mira la tierra bajo sus zapatos.
Sabe que es tierra de ciudad,
de un parque de niños y madres felices,
que pertenece a un terreno baldío junto a una casa,
a dos calles de la biblioteca.
El hombre recobra el sentido.
El sol lastima como un latigazo en la espalda.
El calor le recuerda la sopa y la mesa casera,
el delantal de mamá y el periódico,
le recuerda una mañana de marzo.
Debe seguir caminando.
Anochece y entre las hojas
silba una bala.

Lo que está fuera de tiempo

Recordamos solo aquello que nos recuerda,
lo que está fuera de tiempo.
Sobre la mesa de la cocina
las verduras crudas parecen cadáveres
hasta que llegan a las manos de mamá
donde se convierten en alimento y memoria.

La palabra dice cosas que no comprende

La noche no es un objeto al que podamos nombrar,
tampoco es un lugar para el sueño.
Diremos de ella, únicamente,
lo que ella ha dicho acerca de nosotros.
La noche, decimos, es una taza de café.
La noche, pensamos, no es un árbol florecido.
La palabra es un límite engañoso.

La sencillez cotidiana de vivir

Es más fácil decir
existo bajo el cielo de mayo
que decir existo en un lugar específico.
No es lo mismo regirse por el lenguaje de los días
que por el idioma de las cosas.
Yo diré: canario, rosa, beso
y en mayo serán un canario, una rosa y un beso.
Pero en una ciudad distinta
tendrán otros significados
y será un lugar
sin canarios sin rosas ni besos.

El búho juega con su reloj de agua

La tarde sucede entre los pasos mientras escucho el paisaje,
sus sonidos vienen lentos en imágenes amarillas
como una flor deshojada por la quietud.
Conozco cada uno de sus sonidos.
El riachuelo se estrecha entre dos rocas
y pasa lento ignorando que adelante hay una pendiente.
(El agua se pierde en otro paisaje.)
Regreso a casa
donde no hay ríos y los árboles se alzan presurosos.
El árbol, entonces, es una casa.
Un búho marca la hora en su reloj de agua
−del que bebe para no dormir−
y la noche asusta a los niños
desde el otro lado de las hojas.

El búho ha perdido su reloj
y la tarde pausadísima desaparece
con el ulular escondido entre las ramas,
cuando los árboles se abandonan al silencio.

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