EN NOMBRE DE LA DUDA/

Álvaro García (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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En nombre de la duda yo os emplazo
trocando al que es agnóstico en creyente.
La duda siempre va contracorriente
que avanza, pues no hay luz, dando un codazo.

Que sigue, te persigue y que te aflige,
encuentra su placer siempre a tu lado,
transforma lo que piensas en pecado,
y a todos lo que opinas lo corrige.

Se encuentra acomodado en la sospecha
y muestra a cada paso su recelo,
si dudas de que un día irás al cielo
retira esa esperanza y la desecha.

No tiene corazón. Y es que la duda
no guarda relación con la razón,
conflicto, confusión, vacilación,
la duda la verdad convierte en muda.

Dudar es descubrir que aun estás vivo
y así que la conviertas en certeza,
la duda siempre trae de cabeza,
dudar, que aquí dudar, es de recibo.
©donaciano bueno.

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Álvaro García

Abril

Abril, la ceremonia de las hojas
que sólo puede hablarse con la canción en blanco,
la consecuencia de lo inconsecuente
a trozos que se unen al decirlos
lo mismo que las rayas del paseo
se vuelven línea entera en la velocidad.

Las cosas son seguidas sólo en función del tiempo.
Nada enlaza al instante con su aroma.
El día por ejemplo, el día es qué,
pero de pronto es un azul tranquilo
para decirnos el secreto breve
de ser gente que vive y hace planes,
que plancha el día en la camisa húmeda
y pulveriza el agua contra el rostro.

Mañana no estaré ya en este día
que el aire desmenuza en los tejados
tendidos al poniente
y al cabeceo largo de las olas
en las que suena el respirar del mundo
igual que nadie
habrá vivido un día exacto al anterior.
Abril que nos descansa de haber gastado el tiempo.
Mañana no seremos ya los mismos,
mañana no será esto lo que mire,
aire blando de abril para silbarlo,
para decir el día con palabras
y que sean felices de ser respiración de la memoria
y por debajo de los hechos nítidos,
entregados al fuego de la continuidad y de lo útil,
esa precisa combustión de nada
en busca siempre de algo que se quema también para ser algo,
como el tiempo, tú y yo,
lo que arde exacto en fuegos inexactos,
saber y no saber y ver las olas.

SITUACIÓN

Hablar de nada es, hoy, hablar de mucho.
No va a llover por más que tú analices.
Mantente, pues, a un lado y piensa en Beckett:
no hay nada que decir ni que escribir,
pero es imprescindible expresar eso.

Nadie respira porque le apetezca.
Si las palabras deben respirar,
que emigre este poema hacia sí mismo
y sea el verde sol del árbol solo.
La poesía tal vez sea un oxígeno,

un subir a por aire necesario
para bajar después a lo de siempre.
Te acuerdas de Mondrian y sus silencios,
tan plenos, tan callados, tan hablantes.
Lo mismo que él, solista del color,

tendrías que decir hoy lo que digas.
Que te perdone el día con su urgencia;
que te disculpe el hierro del instante.
Deja la actualidad, que se hace sola,
y ve al presente, que te necesita.
(De Intemperie, 1995)

ENCUENTRO

Este es Vuillard, que mira los cargueros,
que pinta el balanceo de los mástiles,
que mira tanto que se desentiende.
La cabezonería del pintor,
la descripción del mundo, el inventario.
Este es Vuillard, el que mira los barcos.
Vuillard el de la barba vagabunda.

Este es Vuillard, el que pinta a un amigo
que escribe con un lápiz diminuto
o rasca en un papel o pega un sello.
Este es Vuillard, ojos definitivos.

Llega un momento en el que el retratista
se pinta, en camiseta, lavándose las manos,
como si descansara, como si regresara,
como si al fin quisiera pensárselo dos veces,
como si decidiera lavarse al fin las manos.

Azul es el color de una noche cualquiera
y verde es el color del mediodía.

Inaugura a diario las cosas de a diario.
Este es Vuillard el viejo.
(De Intemperie, 1995)

LA TARDE

Confían los objetos
su caudal de memoria a su color estático.
Te dicen. O te inventan
un instante de olvido.

Sin asomarme a ver lo que hay tras ellos,
celebro su silencio más que duele.

Con la necesidad
aceleramos el destino.

Confían los objetos.
(De Para lo que no existe, 1999)

PALABRAS

Yo sigo el rastro de la tinta oscura
para encontrar palabras que sean lo que son y al mismo tiempo
lo que no pueden ser, lo que transita.

Las horas que gastamos en pensar;
la exactitud de lo que no es exacto;
el margen de equilibrio que admite que los dedos del presente nos mancillen.

La sensación de estar donde no estamos
y también la contraria:
no ser jamás del todo lo que somos.

Materia y consistencia y transparencia:
como una fina lámina de mármol
deja pasar la luz.
(De Para lo que no existe, 1999)

LA RAZÓN

Vivir ante el cristal de un lento mundo
nos pone complicados: esta tarde
con avenidas rápidas y a las seis es de noche
descubro la vergüenza
de no saber llegar al centro de otras vidas
si no es mediante pobres abstracciones.

La de que no haya vidas sino vida,
por ejemplo, y por tanto
la mía sea la de todos.

Se encienden las ventanas.
(De Intemperie, 1995)

EL ACERO

Aquí en el ascensor, la torre arriba
y abajo, fuera y dentro ?extraños-, yo amo
que nuestros cuerpos vayan al reclamo
de este azar de botón y pasión viva.

Mecánica carnal a la deriva
descendente, ascendente, tramo a tramo,
en la que me proclamas, te proclamo
divinidad de sexo y de saliva.

Fuera y dentro del mundo, arder a ciegas
en la caja, rumor y espejo, instante
cuyo destino va marcando el dedo.

Me entrego al no lugar al que te entregas:
fondo y cielo y acero terminante
y temblor al que cedes y al que cedo.
(De ‘Ser sin sitio’, 2014)

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