FIN, AL FIN

Mi Poeta sugerido: »Carmen Martín Gaite

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No deseo vivir más,
quiero irme de este mundo,
sumergirme en el sueño más profundo
y evadirme de esta triste realidad.

Siempre fui muy problemático,
mi familia me repite,
estoy harto de sufrir,
mi penado ya cumplí,
¡ya no quiero más deslices!.

Que sean ellos felices,
quiero subirme a ese ático
donde mi alma duerma en paz.
Adiós campo montaraz,
donde anduve mi camino,
la hora de la verdad
ha llegado a su destino.

A nadie guardo rencor,
-ni al amor ni al desamor-
como supe yo he vivido.
Ahora que estoy entre pinos
es el momento mejor
para deciros adiós.

Que dios, si es que vive dios,
se apiade un poco de mi
por lo mucho que sufrí,
el amor que yo sentí,
piedad por dios yo te pido.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Carmen Martín Gaite

Carmen Martín Gaite

CANCIÓN ROTA

Siempre que iba a cantar
algo se interponía
y a mí no me importaba,
¡había tanto tiempo!

Mi canción se quedaba en el alero,
confiada,
meciéndose en la espera
cuajada de horizontes.

Si alguna vez con mudo gesto
antiguo
acaricio las cuerdas,
el aire se retira
y el corazón me late nuevamente
con aquellos latidos turbulentos,
heraldos de mi canto.

¡Ay, mi canción truncada!
Yo nunca tenía prisa
y la dejaba siempre,
amor,
para después.

DESTELLO

Hoy habláis otra lengua,
lirios que os despeináis bajo la lluvia.
Me apresáis con vosotros
igual que si me viera en un espejo.
Y tengo que dejaros.
Tiran de mí precisamente ahora
que acabo de encontrarme
-pequeña, pura-
entre vuestras corolas.
Voy a cerrar los ojos,
-no deshagan la imagen-.
Y me iré sin miraros otra vez.
Ay! Cuando vuelva a veros
¿sabré ya comprender este lenguaje vuestro
que un minuto ha rasgado mi tiniebla

oh lirios despeinados por la lluvia?
(Septiembre 1947)

CALLEJÓN SIN SALIDA

Ya sé que no hay salida,
pero dejad que siga por aquí.
No me pidáis que vuelva.
Se han clavado mis ojos y mi
carne,
y no puedo volver.
Y no puedo volver.
Ya no me gritéis más que no hay
salida
creyendo que no oigo,
que no entiendo.
Vuestras voces tropiezan en mi
costra
y se caen como cáscaras
y las piso al andar.
Avanzo alegre y sola
en la exacta mañana
por el camino mío que he
encontrado
aunque no haya salida.

POR EL MUNDO

Me atrapa como un pulpo
el color ya sabido de las cosas,
me asfixian mis sonrisas,
no respiro en las de ellos.
Dormí noches y noches
con el balcón cerrado
y al recordar después
la imagen mentirosa,
multicolor del sueño,
siempre había a mi lado unos
oídos
y unos ojos abiertos;
me gustaba amasar
mi falaz pesadumbre
ante el espejo aquel.

Abrid ya las ventanas.
Adentro las ventiscas
y el aire se renueve.
Quiero huir de los ámbitos
calientes y tapiados,
salir sin compañía
por el mundo adelante.

FARMACIA DE GUARDIA

No es Valium ni Orfidal,
no me ha entendido.
Se trata de la fe. Sí: de la fe.
Comprendo que es muy tarde
y no son horas
de andar telefoneando a una
farmacia
con tales quintaesencias.
Lo que yo necesito
para entrar confiada en el vientre
del sueño
es algún específico protector de
la fe.
¿Que le ponga un ejemplo más
concreto?
Pues no sé… Necesito
creerme que este saco
cerrado por la boca
y en cuya superficie
se aprecia la joroba
de envoltorios estáticos
puede volver a abrirse alguna vez
a provocar deseos y sorpresas
bajo la luz del sol y de la luna,
bajo el fervor clemente
de los dioses del mar.
¡Oh, volver a sentir lo que era
eso!
Y ni siquiera necesito tanto
—ya es menos lo que pido—;
simplemente creerme
que un día lo sentí
intempestivamente
cuando más descuidada andaba
de esperarlo,
y supe con certeza
que sí, que se podía,
que un corazón doméstico
cuando al fin se desboca
es porque está latiendo sin
saberlo
desde otro muy cercano.

Ya. Que no tienen nada.
Pues perdone.
Comprendo que es muy tarde
para hacerle perder a usted el
tiempo
con tales quintaesencias.
Ya me lo figuraba.
Buenas noches.

CERTEZA

Habéis empujado hacia mí estas
piedras.
Me habéis amurallado
para que me acostumbre.
Pero aunque ahora no pueda
ni intente dar un paso,
ni siquiera proyecte fuga alguna,
ya sé que es por allí
por donde quiero ir,
sé por dónde se va.
Mirad, os lo señalo:
por aquella ranura de poniente.

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