FORASTERO

Mi Poeta sugerido: »Rosabetty Muñoz

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A fuer de ser sincero, soy huraño,
que impermeable soy a los te quiero,
y aunque sé que me estoy haciendo daño
trato siempre evitar ser traicionero.

Pues nunca quise ser de algún rebaño,
que un pastor me indicase a mi el sendero,
ni aún de sed beber del mismo caño
y distinto elegí, a ser primero.

Hoy que estoy al final de algunos años,
un trasto sólo soy en un trastero,
una vela que extingue en candelero.

Y harto ya de sufrir tantos apaños
me encuentro sin lugar, les soy sincero,
forastero en el mundo, forastero.
©donaciano bueno

Nunca he sido, pongo un ejemplo, de…el Real Madrid, de tal o cual cofradía, Partido…etc…evitando manejen o manipulen mis emociones. He preferido aparecer como un verso suelto solamente sujeto a lo que dicta mi cerebro. Y a controlar mis emociones.

POETA SUGERIDO: Rosabetty Muñoz

Rosabetty Muñoz

HAY OVEJAS Y OVEJAS.

Las que comen de cualquier pastizal
y duermen con una sonrisa de satisfacción
en los potreros.
Las que caminan ciegamente
por los caminos acostumbrados.
Las que beben despreocupadas
en los arroyos.
Las que no trepan por pendientes peligrosas.
Esas van a dar lana abundante
en las esquilas
y serán sabrosas invitadas
en las fiestas de fin de año.
Hay también
las que tuercen las patas
buscando campos de margaritas
y se quedan horas y horas
contemplando los barrancos.
Esas balan toda la gran noche de su vida
encogidas de miedo.
Y hay, por fin,
las malas ovejas descarriadas.
Para ellas y por ellas
son las escondidas raíces
y los mejores y más deliciosos pastos.
(De Canto de una oveja del rebaño. Santiago: Ediciones Ariel, 1981)

NO SE CRIAN HIJOS PARA VERLOS MORIR

Cuando el mar se llevó a sus tres hijos
ella estaba acodada en la puerta de
su casa, pensando en ollas aladas y repletas.
De pronto cayó en un vacío del que surgió
vieja y encorvada. No necesitó entrar para
vestirse de negro. Ya estaba recogiendo flores
cuando salió su hombre con la radio en la
mano, desamparado y tembloroso.

Ella es una sábana flotando sobre nosotros.
Nada detiene el remolino que alienta su vuelo.
Desde su vientre deshabitado
los ovarios violeta se abren como flores nocturnas.
La ansiedad es un arrecife
donde acerados corales hieren los cuerpos amados.
Sin hijos bajo sus ojos
quisiéramos las madres
ofrecerle un trozo de pañal
para vendar sus muñones o un arca
donde recoger los salados restos.
(De Hijos. Valdivia: El Kultrún, 1991)

Deseo

El deseo es un barco poderoso
arriando anclas y cadenas
en medio de la noche.

Estallando con el estrépito
de las posibilidades.
Bajo el silencio crispado
el ansia apenas perceptible.

Es también, el despliegue de luces
en las islas de canales tan angostos
donde un barco, más que navegar,
acaricia.

El río de la noche

El río de la noche es otro
atravesado y solo en la ciudad que duerme.
Le gusta que le lleve naranjas y poemas
que no le tema y le tema
arrullándome con alemanes hermosos
que miraban el cielo para construir su casa
y hombres tristes que se perdieron tierra adentro.
“La vida les debe lo innombrable”
y me abre los brazos oscuros.
“Podrías dormirte dulcemente”.
Me habla como a una amapola
que tiembla en el viento.

Pero amanece y no es el mismo.
El río de la noche no me reconoce
entre todas las muchachas
que cruzan el puente.

MUERTOS QUE TRANSITAN

a Jorge Torres

Ciertos muertos se llevan sus objetos preciados
o vuelven
para dejarlos caer
cambiarlos de lugar.
Lloran en los rincones
por el retrato de la amada.
Abren cajones giran llaves encienden luces
Y, sin embargo,
nada les devuelve el ardor.
Les parece carne la página de un libro
sangre, la luz que atraviesa los visillos,
músculo el brazo del sillón.
Sólo ellos, ciegos y terrosos
son puro residuo evanescente

LA FLOR DE LA DICHA

Aquí, a orillas de la mesa
con la ventana entreabierta
y una tetera silbando monocorde,
el instante despliega su andamiaje.

Descanso el rostro sobre el brazo
y me dejo recorrer por esta paz.
Ya antes de todo, ahí
en ese sitio
estaba concentrada la plenitud.

El fuego, la luz, los objetos amados
reunidos en capullo
se abren sin aspavientos.

Es la flor de la dicha
que estalla unos segundos
y perfuma, al extinguirse,
los demás momentos del día.

BASURA

Ahora tenemos aquí
una bolsa negra que contiene un niño.
Sabemos que sufrió.
Que se retorcía.
Que se le pegaba el nailon
en la abertura de la boca.

No alcanzó a reír.
No alcanzó a colgar
de la ternura de un pezón.

Pisadas en la arena.

La visión no es clara
pero supone un pueblo hundido
por el peso de la culpa.
El enrarecido aroma
de huesos deshechos
y ojos circulando clandestinos.
Cedemos el territorio amado
dejamos del regocijo
un residuo parecido al cansancio.

Perspectiva.

Donde se fija la mirada
aparece una herida.
La grieta palpitante,
un ojo abierto hacia los otros.
La culpa es un cuervo sobrevolando
la ceguedad.
A veces, apenas, un estremecimiento
del eterno orificio cósmico
situado en el ardor
remitido a sí mismo
estallando continuamente.

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