HACIENDO REGATES

Luis López Anglada (poeta sugerido)

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Regates, yo he aprendido a hacer regates
al tiempo que escribía garabatos,
driblar, eso es muy propio de los vates
que a veces se entretienen con dislates,
y hay otras en que fingen ser cegatos.

¿Acaso sabes tú lo qué es fintar?
Fingir, eso es fintar, lo que uno siente,
llevando al que es contrario la corriente,
buscando una prebenda conquistar,
y hacer creer a todos ser creyente.

Fintar es empezar a caminar
consciente en el camino hay pedregones
y hacer el recorrido sin sanciones,
después ya la andadura terminar
echarse a disfrutar de sus pasiones.

Nadar sabiendo lo ancho que es el mar
riendo por tan grandes dimensiones,
echando a navegar sin dilaciones
buscando al otro lado al fin llegar
y al mundo impresionar con tus lecciones.
©donaciano bueno.

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Luis López Anglada

El poeta camino de Francia

Me voy, me voy, me voy. Una barrera,
una muga de piedra y un sendero
y ya para mis pies el mundo entero
poniendo al corazón una frontera.

Y tan lejos estás que no hay siquiera
un pañuelo en el aire ni un «te quiero» .
En otra tierra ya. Soy extranjero.
-¿Cómo se dice amor?- . Nadie me espera.

Y ya ves, sigo andando y sigo andando
y, paso a paso, te me vas quedando
como un lejano sueño desvaído.

Otra luz, otra tierra, otra belleza.
Y el corazón se llena de tristeza.

A una muchacha que se matriculó en la Escuela de artes y oficios

Yo vi al amor comprar papel sellado
para matricularse por novicio
allí donde ni el arte ni el oficio
vieron jamás papel enamorado.

Raro aprendiz, alumno aventajado,
llenó con su esperanza el edificio
humilde y escolar, pero propicio
a jugar con lo vivo y lo pintado.

Cuando le vio llegar, el viejo Apeles,
tras de cambiar las flechas por pinceles
de los ojos de Amor desató el velo.

¿Quién pudo sospechar lo que vería?
Mandi, que estaba allí, sí lo sabía:
mi corazón sirviendo de modelo.

A unas iniciales grabadas en un árbol

Iniciales de amor en la madera
vino a grabar la mano bordadora.
Fue lino el tronco, bastidor la aurora
y testigo la blanca primavera.

Bordado amor quedó y eterno fuera
sin la mano del tiempo, leñadora,
que en seca savia y a cercén ahora,
con filo poderoso lo partiera.

¡Oh, frágil tiempo, tronco, blanca mano!
¿Por qué grabar amor en ramas tiernas,
muerto despojo ya de vendavales?

Aquí tenéis mi corazón humano.
Venídmelo a grabar y tendrá eternas,
con heridas de amor, las iniciales.

Celebra el poeta haber hablado por teléfono con su amada…

Al hilo de tu voz y asida al hilo
tengo el alma, mi amor, para escucharte.
Viento de muchos álamos comparte
tu voz conmigo y la sostiene en vilo.

Asiento para pájaros y asilo
de enamoradas nubes. Por hablarte
hoy, pasando lo azul de parte a parte,
se atraviesan los cielos con su filo.

Un fresco olor a tierra que se labra
y a manantial con luna se improvisa
para inundar tu voz cuando navegue

la quilla dulce y fiel de tu palabra.
Y un silencio de pájaros avisa
mi muerte, amor, cuando el silencio llegue.

Cuenta cómo sucedió lo de enamorarse

Sucedió que aquel año se decía
que los tiempos cambiaban. Cierto era;
aquel año empezó la primavera
cuando apenas enero se moría.

Aquel año la tarde convertía
en campos de pasión la Tierra entera
que, por cazar, el alma fue campera
y la caza le hirió que perseguía.

Sucedió que era invierno, que el destino
preparaba un asombro campesino
de manos blancas y sandalia breve.

Y me encontré en Castilla deslumbrado
con todo el corazón enamorado
como una antorcha en medio de la nieve.

De cómo robó el poeta un racimo en un viñedo

Cuando en algún momento del viaje
viste un viñedo donde el sol cantaba
me pediste un racimo. Todo estaba
coronando a Septiembre en el paisaje.

Corté un racimo para ti y lo traje
tan maduro a tus labios que estallaba
como si el dulce zumo que sangraba
a tus labios rindiera un homenaje.

Nunca a más suavidad llevó el destino
lo que en las uvas iba para vino
y encontró en tu garganta su condena.

Y nunca ya mí corazón amante
volvió a encontrar, como en aquel instante
tan bello el hurto de la viña ajena…

Despertar

Mi niña, al despertar, desaliñada,
casi como las rosas, o más breve,
duda entre niña y pájaro, se atreve
a inaugurar la aurora de la almohada.

Mi niña de la nube o de la nada
debe venir cuando despierta. O debe
de los vientos venir, de los que bebe
mi vida a sus rosales limitada.

Beber vientos, atarse a una camisa
que duda entre las alas y la brisa,
diminuta extensión que el mar quisiera.

¿Qué rey me compra el despertar? ¿Quien sabe
porque es tan breve el mundo y por qué cabe
en una habitación, la primavera?

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De pronto me vi solo ante la puertaoyendo una ovación de bienvenida,la estancia exenta estaba de salida,diríase la sala estaba muerta.
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