LA MUERTE DEL MUNDO

Mi Poeta sugerido: »Francisca Ortega Salazar

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Hoy, aquí, ahora no, tal vez mañana,
el mundo habrá pintado una explosión,
retumbe repicando el mismo son
y al dardo increpe que le dio en la diana.

Quizás el orbe un día caiga al vacío
donde tiente a la muerte sin remedio,
sus tripas despanzurren por el medio
reclamando clemencia al desvarío.

Quizás un día haya otro sin licencia
que se apiade y que al nuestro lo fecunde
y nazcan otros más que al nuestro inunde
llenando hasta su vientre de decencia.

Quizás llegue un día y yo me vuelva loco
y mi mente ofuscada otro pariera,
haciendo siempre fuera primavera
y al tiempo retrasando poco a poco.

Quizás, siempre quizás, yo presintiera
que el planeta no es más que una falacia;
es lo que pienso bien y me hace gracia,
pues realmente es lo que él es y no quisiera.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Francisca Ortega Salazar

Francisca Ortega Salazar

Sueños

Ahora tengo sueño.
Son las dos de la tarde.
Por eso no voy a nadar.
Pronto va a teminarse
este tiempo de mar y sol.
Playa negra y húmeda.
Pescadores silentes.
y mis brazadas lentas
fuera de la costa del sueño
y despertar.

Salinas

Sólo unos pocas
veleros se despiden de ti.
Son tan pequeños
que puedo medirlos
con mis ojos. Pronto
el pueblo estará solo
y entonces voy a respirar,
tu agua echa burbujas
y nadar en el juego
de tus olas de colores
que nadie ve
sólo yo que tengo las pupilas
de arena y nácar.

Salinas 2

Así dorada, solitaria
viva como los peces,
como el mar. Me gusta más.
Esta mañana la arena
cubría la calle
y las palomas se desbandaron
al escuchar mis pasos.
Sólo las paredes lisas
y los portones negros y cerrados
me dieron la bienvenida.
El mar allá abajo
caracoleó y se abrió
en un abanico de espuma
entre las redes blancas
de los pescadores y el cálido
dejar pasar el tiempo
de las dos: la mujer morena
y la sirena.

Medida

En el mar cambiante,
en la sal. en la arena tranquila,
en los parques vacíos,
en la calles silentes
he encontrado la exacta
medida de ti. Salinas.
En tu recuerdo
de tarjeta postal
escribo la medida
de mi adiós.

He de volver

Sí. he de volver
alguna vez.
Sé que para entonces
el mar estará igual de azul
y en la bahía pequeña
como cuenco de agua verde
dormirán los mismos sueños
otros hombres.
Bajaré la misma escalera
y otras mujeres
peinarán sus cabellos
igual que antes.
Yo también para entonces
tendré este mismo sueño.

Pierce

Decía que había
estado aquí.
en la guerra pasada.
Que conocía todos
los sinsabores de la costa,
los designios del sol
y la ternura de las lunas.
Pero no murió
en este mar como él quería.
sino que lo enterraron
junto a un árbol
de buganvillas
casi en silencio
en un pueblo lejos de aquí
llamado San José…

El último verano

Este es mi último verano aquí.
Voy a extrañar las rocas silenciosas,
la arena tibia, el sol que espejeaba
en el mar dormido, las olas juguetonas.
tu presencia.
pero es el tiempo de llamar a los barcos
en la bruma dorada más allá del este
donde está el último muelle
y donde los aqueos de vez
en cuando nos llaman.

Abril 30

Han llegado temprano
con parasoles de colores
y bolsas al hombro.
Han mirado el mar
sin nostalgia
y se han tostado al sol
pausadamente bajo las palmeras,
luego se han ido.
sin volverte a mirar
yo me quedé a recoger
tu soledad limpia de risas.
Pero llena de sal.

Pueblo viejo

Aquí en el pueblo viejo
nadie te recuerda padre.
Sólo una vieja
antigua vendedora de pargos
ahora enriquecida
te nombró por tu apellido
y escupió un poco de maldad
desde su faz de momia.

Por lo demás nadie recuerda
cómo eras. ni tus amaneceres
en alta mar dando la bienvenida
a los ingleses,
tampoco todo lo que hiciste
por el pueblo viejo
con el solo hecho
de hacerme nacer
cerca de la rompiente
y los atardeceres olvidados.

Ajedrez

Sólo la reina sabe
el nombre del caballo
y el peón.

Sólo ella conoce
la trizadura del hielo
en el aire frio
que cortaba la madrugada
la otra forma de muerte:
el no poder dormir.

El dolor que era latido.
Ahora la torre cayó
y ha ganado el Alfil.
Jaque Mate al caballo.

La burbuja

Ahora son las seis de la mañana
y el mar y el horizonte
son un abrazo de plata líquida.
Aquí no hay otra burbuja que el aire
que respiro.

Pero las otras
las que están en el estanque
han visto caerse sus escamas
en cada madrigada del encierro
sin mar.

Baraja

En la baraja
el hombre era el destino.

Ayer me la encontré
envejecida, perdido
el celeste fulgor en sus ojos
hinchados. En el leve
parpadeo del reconocimiento
la marejada de los recuerdos
la devolvió por un instante
su antigua faz perdida.
O fue hermosa como la otra vez.

Magician

En la baraja
no sale ya el hombre
ni el agua. Sólo muestra
un largo camino sinuoso
y una orilla color de esmeralda.

La mujer está signada
por un tatuaje de sal
pero no sé qué significa.

Al final hay una gran ciudad
y un sueño pequeño
como el amor que jamás conociste.

La noche

Sólo escucho el romper
de las olas en la playa.

Me he levantado para saber
de qué color es el mar en la noche
y lo he encontrado iluminado
de luna, blanco de barcos,
plateado de estrellas, azul de
humo, verde de orquestas.

Y me he quedado dormida
con el balcón abierto
sin saber de qué color es
el mar en la noche.

El ancla

Enmohecida, casi negra
de olvido y sin cadena
te he encontrado cerca de la rompiente.
No hay signo de qué barco caíste,
ni cual fue el temporal que te cortó.

Sólo miré la herrumbre
que cubre tu noble faz de acero
tu pesadumbre
y tu nostalgia del barco y las sirenas.

Atlántida

Todos piensan que
yaces sumergida
en el fondo del mar.
que eres sólo una isla
blanca en el azul infinito
de la memoria. Nadie recuerda
tus puertas de Ori-calco.
tus dársenas de basalto.
el templo de oro de Antinea.

Sólo nosotros las sirenas
sabemos que continúas igual
sólo dormida entre el musgo
de un archipiélago de corales
gigantes, esperando
el otro despertar.

La vejez

Como sirena
no conozco otro tiempo
que el del mar.

No conoceré la vejez
desconocido coral
que no cubrirás mi garganta
de estrias.

Ni el mirar despectivo
de algún hombre
que escondida siempre
en mis ojos de alabastro
todas las promesas
que no se cumplieron.

Troya

Esta es la parte vieja
de la costa.

Desde el mar
las torres de los ricos del pueblo
me recuerdan los palacios
de Troya. También lladmaa Ilión
en otros tiempos.

Pero no hay cóncavas naves
en el puerto azul
tranquilo de yates blancos
y gaviotas perezosas.

No hay más guerra
que una perdida ilusión
y eso en el recuerdo del inmortal
Homero es nada.

Arena

¿Quién te dio arena
esa fugaz arquitectura
donde los bancos viejos
dejan el eco de su salobre pena?

¿Quién te dio arena,
todo el amor que hecho recuerdo
lamida por la espuma
sin dolor o cansancio espera?

¿Quién te creó, arena,
pensándote como el perfecto
juego de los niños?

¿Quién en su vida
no hizo castillos en la arena?

¿Quién te dio, arena, la forma
de contener el mar,
de guardar los secretos de origen,
de conocer los nombres,
de todas nosotras, las sirenas?

¿Cómo naciste
grano a grano
corpúsculo a corpúsculo
mezclada con escamas,
con el color de los peces
voladores, con el aire sabor
de las mareas, con el olvido
de todos los naufragios?

Yo he descubierto ahora,
que estoy hecha de ti
porque si bien
comparto el mar contigo
mi tiempo es sólo arena.

Orfeo 6

He venido al mar
para estar cerca de ti
Orfeo.

Para buscarte en las barcas
carcomidas, en los remos cansados
en las redes inmunes, en las
últimas mareas.
Crisantemo de algas
coral en flor,
Nenúfar de nácar
devuélveme mi espejo de ónix
quiero encontrar
otra vez en mis ojos
el recuerdo de los últimos aqueos.
Ganador del Ismael Pérez Pazmiño de 1984

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