LA MORTAJA

»El Poeta sugerido: Azahara Palomeque

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Él ha muerto Por fin llegó ese día
en que al cuerpo le cubre una mortaja.
Penando en una caja en sacristía
a espera de cualquier avemaría
y el silencio que escucha le relaja.

Todo ya quedó atrás. Esta es la fría
historia de un recuerdo que fue y viaja.
Se ignora qué el finado pensaría
si ausente de tristeza y de alegría
en esta vida que el destino saja.

La noche nace mientras muere el día
y la luz de la sombra se deshace
y la estancia suspira ya sombría
a la espera de que le haga compañía
en ignoto lugar el que todo hace.

Nada aquí dejó, que él nada tenía,
que lo que él suponía era prestado,
la hipoteca que él mismo suscribía
exacto el mismo día en que nacía
es la misma que dios no ha renovado.

Todo se acabó ya ¡quién lo diría!
aquella linda flor hoy es borraja
en el torno a ese ataúd, melancolía
de algo que un día nació y hoy fenecía
del vino hoy sólo queda la tinaja.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Azahara Palomeque

Azahara Palomeque

Orfeo

Vomito
en un hoyo de tierra,
veo la cabellera de las raíces coagulares, los vermes
aprenden
qué no ser de mí
con esa fiebre triste de la noche.
Cabeza abajo,
cuando la tierra comienza a parecer aceite y el agua
tiembla en la esquina,
se me recoge el estómago; juegan los puños
a perseguirse en la arcilla
deslizante hacia el pozo.
Mi cabeza es un epitafio a quien grita cómo huir sin hacer
daño.
Falta la luz,
en gránulos las oscuridades procrean y veo a tientas
a quien ha podido parir
y sus esquirlas.
Expulso en una areola de la tierra mi proyecto madre,
indefinido, el sendero en india
fila larvas, mi carne devuelta, el último
suspiro hecho perforación, los pecessubterráneoa
podridos.
De: «RIP (Rest in Plastic)»

ESQUIRLAS

I
Hay una encía de mapa que aún no alcanza
la noche ni los soplidos.
Somos años en la búsqueda,
con el vello crepuscular aún naciente
pedimos
la parte tierna
que dolemos, la boca
enrejada depende
de la voluntad de otro.

ROAD TRIP

Qué fácil es mentir por las autopistas, restañar
las cicatrices,
mordernos los cuerpos cuando deseamos una última
copa: el más tenue
cristal de las articulaciones.
Todo lo que engañamos,
la cubierta poderosa del vidrio, la raíz
no nacida.
Las autopistas son el decoro de los vientres anónimos.

TIEMPO SIN SILENCIO

Cierra los ojos,
ve al puente
de los Atlánticos huérfanos, camina, erguida,
las amapolas de su vientre.
El calor entra por las protuberancias, se hace hez
cada cuánto minuto,
transformado,
cada instante de arruga cabal.
Olvida
que el ripio trajo consigo la mano
y la mano un espíritu.
Baila con él
esta noche de faroles,
esta cabalgata de huesos.

LA ARCADA

No hay otra forma de amar
ni los tapices han aprendido a arrodillarse mejor
que en esta náusea,
adicta presencia en los tejidos al polvo.
Me llamas y me tacho.
Me llamas y vuelvo a ser
el otro lado invisible
de lo carente.

RESIDENCIA EN EL CIENO

Ya casi
no se siente. Llueve a pedazos, se recoge
en el reloj templado de la madrugada, tres minutos
apenas es lo que tarda la criatura herida
en subir la escalera, menos
si va rodando. Casi
no pertenece si aprendo a dominar la presencia, ser fría
tras la máquina, hacer los gestos oportunos y asentir
bajo los techos. Ya casi
no desgasta, existe en la sima pero, desde la tos, parece un
pájaro
desnudo, exilio que se habitúa,
manoplas en descomposición
me descubren América.

LA RED

Nos asalta la red.
Hay escaleras de incendios en cada angostura de mis
poros, madres
en la madera, madres
como lombrices tejiéndonos crisálidas. Todo
lo que toco ha sido ya ajado y sabiamente protegido.
Tus ojos terreros. La máquina gástrica
de nuestros pensamientos, el viaje lento a la cocina.
Caminamos
y sabemos que podríamos morir, que el cuerpo
es una báscula de escombros
y las corrientes siempre van hacia atrás, adonde el rojo
las mande. Pero estas pancartas
con las que cubrir ataúdes nos surten de lluvia.
Nadie cree
hoy en los dioses, pero los dioses
colectan masa de nuestros tobillos, continúan su juego
en los raíles oxidados del tiempo.

SUICIDIO IMPERFECTO

Es plástico
nuestro último órgano, lápiz
con que se dibuja
una ventana: salto mortal
de los amantes.

Todo cuanto se quiere
o se destruye ha de pasar
por cuévanos de aceite finito, materia
cancerígena de la luz:

ella, cualquiera,

poderosas hebras construyendo
el calor vertedero, puente
del sudor vencido
al sudor en tuberías sin nombre,
segundo piso
en el múltiple epitafio nuclear,
nuestro cuerpo de eco.

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