NACER Y FENECER

»El Poeta sugerido: Pablo Méndez

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Presiento que el futuro se me hizo hoy ya presente
que el tiempo que ha pasado no puede ya volver,
de vino y rosas días me acabo de beber
quedando disfrazados de música indecente.

Sospecho que estoy muerto -me palpo y aun respiro-
que al cuerpo en que hoy yo miro llegó su atardecer,
y en esta certidumbre comienza a anochecer.
la luz que iluminaba mi mente es mi castigo.

Yo hoy quisiera encontrar donde guardar mi miedo
entre pinos y hayedos o donde muere el mar,
o dónde pueda ahogar, dónde esconderme puedo
y libre de recelos poderme suicidar.

Pues la vida se escapa, las rendijas del tiempo
ni hojarasca ni el viento consiguen taponar,
la congoja que siento no la puedo ocultar
sólo toca esperar a que llegue el adviento.

No sirve atormentarse, no sirve pretender
de tu historia ser reo ni tampoco mendigo,
prepara tus alforjas y acomoda tu abrigo
Dios nos trazó el destino: nacer y fenecer.
©donaciano bueno

Todos nacemos ya con la fecha de caducidad impresa con tinta indeleble incapaz de ser leída por el ojo humano. Pero ahí está.

POETA SUGERIDO: Pablo Méndez

Pablo Méndez

Niña y otoño

Las niñas bajan despacio la cuesta.
Mi hermana no pudo ir al colegio.

En un banco se besan dos adolescentes.
Mi hermana no pudo amar a nadie.

El otoño ha vuelto y ensucia las calles.
La tumba de mi hermana se llenará de polvo.
de Una flecha hacia la nada, 1994

Ana Frank no puede ver la luna

Hoy, Ana Frank cumpliría ochenta años,
¿cómo será ese sueño hondo
de cumplir y cumplir
ochenta años?
quién puede bajarse
del tren de la vida y mirar caminos
ochenta años
ochenta, ahora tendidos
en el árbol viejo de la muerte,
ochenta años
yo miraré por ti los fresnos,
apagaré las velas,
celebraré la luna,
besaré a mi mujer,
este es mi regalo:
felicidades.

Perdón por el poema

No, no sabéis lo que es
desear que una madre muera,
(dolor me da sólo escribirlo),
verla deshacerse cada día:
cada vez más pequeña,
no saber si sufre, si tiene vista,
si sabe que está muriendo,
si escucha el dolor
y la angustia de los demás,
no, no sabéis lo que es
preguntar a las enfermeras:
cuánto tiempo,
sentir
su respiración
como un lamento débil y hondo,
decirle: muérete ya,
y llévate contigo
todo lo que amaste en la vida,
pero muérete ya
pues no hay dolor más grande
que el olvido imposible,
ni luz más dolorosa
que la que no puede apagarse.

Los paraguas de la tarde

Los paraguas de esta tarde eran extraños,
me hablaron, me dijeron verdades
de tu tiempo y el mío,
sabios, como viejos que hablan de la vida,
todos a la vez
gritaban y gritaban,
era la lluvia también,
y la noche, y el miedo
a seguir solitariamente acompañado.

Paseando por el Parque Gloria Fuertes

Te gustaría el vagabundo que duerme
esta mañana de abril, en el banco
del parque que lleva tu nombre,
y más aún, la pareja, que mañana viernes,
se besará en aquella esquina
como si fuera a terminarse el mundo,
aquí estoy, recordando aquella casa
tuya dos calles más abajo, donde
me preguntabas por las novias
que no tenía, y por mis sueños
que empiezo a ver
en el bulevar de la distancia,
vengo del médico, fíjate, tengo
angustia, dolor de cabeza,
y una tristeza que a ti ya
te gustaba poco en aquellos
últimos años de tu vida,
murió mi madre, algunos
amigos, y un montón
de preciosas palabras,
pero me queda tu jardín
y la poesía, la poesía siempre
de tu mano, de la de todos,
como un pulmón verdadero y ágil
para seguir viviendo.

DESPUÉS DE TANTO Y DIOS EN NADA

Al fin dios era una mañana de domingo,
solo eso, los amigos reunidos en el bar,
la playa solitaria de septiembre,
la plaza y los ancianos al sol de mayo,
el viejo roble del colegio, la fruncida
escalera de la infancia, al fin…

al fin dios, sin pensar demasiado,
como un nadie entre algodones,
en el ayer de todos los pueblos,
en el olvido de todas las mañanas,
solo dios, un árbol, un niño,
el banco del parque donde otro sueña.

PEQUEÑA ESTACIÓN ABANDONADA (Definiciones)

jardín:
ya están sus manos
sobre la mesa

hombre:
manantial oscuro
anocheciendo

niño:
lugar de donde
nadie vuelve.

árbol:
imagen de todo
lo que no muere.

música:
un no sé qué
para volar
por fin.

En Londres

Debería darme vergüenza
llevar estos pantalones tan rotos
y esta cara tan triste.

Debería estar en las calles
viviendo el idioma que vine a buscar,
y no en esta habitación
añorando mi casa, dibujando
el rostro de mi pueblo.

Debería ser feliz
pero siempre falta algo.

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