NUNCA ES LO QUE PARECE

Mi Poeta sugerido: »Gracia Aguilar Almendros

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Lo que dices jamás es lo que crees
que es lo que otros perciben y comentan,
pues siempre existirán lo que presientan
que algo escondes oculto que desees
así sea que mientan.

Y aunque hables claro, claro, muy clarito,
siempre a tu lado habrá un desconfiado
que piense que eres bobo o iluminado,
o que a tu susurrar convierta en grito,
o quiera echarte a un lado.

¡Tu voz al lamentar, un gorgorito!
¡que una palabra gruesa se ha escapado,
catapultando echaran hasta el tejado,
para ellos ya serás siempre maldito
de su árbol desgajado!

Y si no han de buscar alguna excusa
para al tema seguir dándole vueltas,
escarbando en tus aguas turbulentas,
mejor para ellos cuanto más difusa,
obviando las esbeltas.

Sin embargo, no sufras ni confundas
que a bendecirte otros han de acudir
y con fanfarrias te habrán de recibir
ocurrencias, incluso sean inmundas,
y al mundo prescribir.

Los humanos disfrutan los extremos,
su forma es de buscar la referencia,
hoy les suben a lo alto de la ciencia
y mañana les tacharán de memos
según su conveniencia.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO: Gracia Aguilar Almendros

Gracia Aguilar Almendros

Sueño

La luz de aquella ciudad era blanca,
caminaba con esa sensación
de los primeros viajes,
cuando no hay quehaceres aún.
La mañana se deslizaba
ligera y fácil.

Entré en la catedral,
había allí una oscuridad silvestre,
húmeda y fresca,
olía a hojas mojadas,
se oía
un culebreo de animales
cálidos y pequeños.

Subí al altar, quité
la imagen de la virgen,
me puse yo, desnuda,
a mirar desde allí,
a la ciudad,
a la luz y a vosotros.
Los ojos ya
pura contemplación,
la mente poseía
la cadencia del mundo,
la de los pájaros
en el aire.

Y yo solo miraba,
y era mamífera y era agua,
y era pequeña y era eterna.
Y detrás de la puerta, estaba el mar.

NO TENEMOS YA COSTUMBRE DE NOMBRAR ASÍ AL AMOR (J.A.G.I.)

«Agradecí la compañía de amigos temporales en pisos esporádicos»
MERCEDER DÍAS VILLARÍAS

No únicamente aquellos que se quedan
a ver todas las caras
que hay en la luna,
pueden tatuarme.

Acarician tan solo la epidermis,
pero estoy hecha de agua
y goteo hacía adentro,
hacía mares oscuros e interiores.

Arrebatada
por una mezcla
de oxitocina y éxtasis,
completamente abierta,
soy como un animal
que palpa la textura
de otro animal
de igual sabor.

Y bramo,
sonrío, y muerdo.
Y soy sagrada,
soy mística,
y soy verdad.
Y no desaparezco
en esta noche oscura.

AUTODEFENSA

A Pedro Gascón, que me dijo “escríbelo”
y a Gema, que lo leyó.

Mis guantes mienten;
bajo la lana rosa
son guantes de boxeo.

Con seis años tomé
amargas medicinas
para calmar la rabia
de mis defensas.
Hasta ese punto llego
en mis ataques preventivos.

Pero sabed
que bendigo mi fuerza
y mis ensangrentados puños.

Tenía dieciocho
cuando por vez primera
intentaron violarme,
y veinte la segunda.
No pudieron, pues soy
una pequeña boxeadora
afortunada.

Nunca lo había escrito
por no ser una chica
que escribe violación
o semen
y pretende con ello
ser transgresora.

Hoy escribo ansiolítico,
dolor y semen
porque conozco su sabor.

Hoy ansío un respiro
entre asalto y asalto,
una voz, dentro o fuera
de mí,
que como Humphrey Bogart diga:
“tranquila, preciosa, todo irá bien”.

Y sobre todo,
por favor, sobre todo,
que me lo crea.

CAMPOBASSO

Allí pesaba el cielo,
era una sábana ceñida y fría,
yo un animal boqueante.

Aquí la luz es miel untada
y dora todo por igual.
Eres parte de un horizonte
cuya vastedad es la tuya.

Pero una madrugada,
saliendo de aquel bar
me esperaba la nieve,
intentaba lamer
mis muslos.
Y mendigando así mi amor,
callada y blanca, la ciudad
se me ofreció por fin.

MECHAS

Estoy sentada
con las piernas abiertas,
la cabeza entre ellas.

La peluquera esponja
mis rizos húmedos,
con delicadeza y ternura.

Sus manos ásperas y largas
son las manos redondas
y suaves de mi madre
peinando mis coletas
para ir al cole.

Recuerdo a Safo
trenzando flores
en el cabello
de su pequeña Cleide.
Y lo que dijo
mi esteticién
cuando posó sus dedos en mis cejas:
“qué poco acostumbradas
a que nos toquen”.

Miro mis uñas rojas,
uñas de gata,
que recorto intentando
que se vuelvan retráctiles
y duelen de tan afiladas.

El miedo, la distancia
con la que nos tocamos.
Sacudo
mi nuca estremecida
por la ternura de la peluquera.

BARRO

Hasta la madre
se volvió barro,
un barro acuoso,
frágil y sin cocer.

Y quedé sostenida
por un latido desigual, pequeño.
Polivalente e incierta
como célula madre,
y aún así cada vez más definible.
Con un cuerpo mullido y nuevo,
un cuerpo que jamás pronunciará
un no li me tangere.

Camino ahora
con pies de barro,
desnuda, sólida y pluvial.

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