PARTAMOS DE LA BASE QUE SOY CIEGO

Joaquín Pérez Azaústre (poeta sugerido)

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Partamos de la base que soy ciego
ya sé que eso no es cierto, mas podría,
el mundo tal cual es no lo vería.
La vida en este mundo es un trasiego.

Pongamos otro ejemplo, que soy lego,
que hacer la O no sé con un canuto,
que peco de inconsciencia a fuer de bruto,
pensar es una flor que yo no riego.

Ya sé que esto segundo si es posible
y a veces al dudar ya estoy seguro,
de qué sirve dudar si no me curo.
Y aun menos que me agobie y me torture.

Que a veces me despierto y me pregunto
a qué viene aquí ver lo que hay que ver,
si el mundo no se puede aquí entender
mejor será creer, en Dios. Y punto.
©donaciano bueno

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Joaquín Pérez Azaústre

(Premio Loewe de poesía 2011)

Caudal

Caudal es cantidad
de agua que transita en un segundo,
que viene al punto dado en la corriente.

Si no se especifica el sitio en el que mides,
si es el litoral, si es el meandro,
si hay un lugar de agua que te ignora,
pongamos que el lugar en el que mides
se acerca a lo que resta, te resta de la boca.

Así el caudal varía, según tú lo alimentes,
según la infiltración de afluentes que reciba.

El agua se evapora, se merma así el caudal
que viene a reponer el hombre en su trabajo,
la nieve si se funde, la lluvia en su estación
que mide y que se crece en el final.

Las piernas que se abren,
el agua que al abrirse desemboca.

De Delta 2004
Visor Libros- Colección de poesía

Duración

Mis alas te las dejo.
Agítalas con fuerza, toma impulso.
Yo prefiero quedarme entre los hombres,
volver a hundir mis pies en tierra blanda.

Qué si hasta el misterio se derrumba.
Me puedes encontrar detrás del árbol.
Quién ha dicho que el tiempo verdadero
nos tiene que durar más que la vida.

De Delta 2004
Visor Libros- Colección de poesía

El laberinto

Ella estaba detrás del laberinto.
Lo supe al conocerla.
Aunque al principio, al relumbrar su cuello
en la puerta fugaz de aquel hotel
(creo que podía ser el Miguel Ángel,
y había un piano-bar), jamás me habría creído
que era posible entrar con tanta suerte
ni en ningún otro hotel, ni en cualquier otra parte.
Tenías que haberla visto. Tenías que habernos visto.
Era casi imposible imaginar
a dos seres tan frágiles,
con un fulgor tan raramente humano.
Y el brillo se quedó dentro del pecho,
como un tibio dolor del corazón.
Poco después moriste, pero ya pude ver
que había una hebra invisible, un deseo capilar,
en ti y en ella,
de no tener más freno que la muerte.
Y se lo dije entonces, quizá hasta un poco antes:
eres como un cachorro de león asustada.
Tú sólo tienes miedo de tener
ese miedo más grande que la vida.
Eres como un cachorro de león asustada,
porque un león no se rinde,
no cesa ni claudica,
se encrespa en la batalla,
apenas retrocede
y muere de un impulso o ruge y toma aliento
y vence a dentelladas.
Me gustaría decirte que fue fácil.
Me gustaría decirte que aún es fácil.
Pero ella está detrás del laberinto
y no hay salida fuera de sí misma:
es un hotel costero abandonado
donde todas las puertas nos llevan hasta el mar.

De Las Ollerías 2011
Visor 2011

El perfume de las nubes

He leído las palabras que aquel día
grabaste en unas hojas frente a un río.

Dejaste atrás la puerta
de madera tan gruesa como el cosmos,
subiste los peldaños de la entrada
y encaraste el ascenso de su Torre.

Pasaste dentro,
te sorprendió el aire acristalado,
llenos tus ojos blancos del rumor
de la hierba brotando en cada piedra.

Recordaste el murmullo último entre las carnes.

Pensaste que aquel sitio
podría gustarle a ella,
tu Torre construida sobre el mundo;
pero ella era del mundo sobre todo,
y tu mundo una Torre de silencio.

Saltaste más de cien
escalones de pensarlo
y el viento se volvió dulce al llegar;
el vino se acercaba a tus mejillas
borrachas del calor del que está solo.

Vindicaste tu orgullo de perdido
en la tierra vencida por los fuertes;
tu padre te observaba en un peldaño.

Tú sabías lo que sus ojos blancos
susurraban: -Nunca olvides cantar
a las estrellas del alba. -Tú olvidas
-contestaste-
que las empiezo a rozar.

He leído las palabras que aquel día
grabaste en unas hojas frente a un río
y he soñado tu Torre por el mundo;
dime, William ¿dónde marcháis los hombres
que habéis de cruzar el cielo
para hallar el sentido de las cosas?

¿Dónde ha quedado tu casa, tu mesa,
la tumba de tus hijos y tu amada?

Nos miras desde lo alto de tu Torre.

¿Y ahora qué?, canta el fantasma de Platón.
¿Y ahora qué?

¿Respiras el perfume de las nubes?

De Una interpretación 2001
Ediciones Rialp S.A.

Estampa del exilio

Tu puente de agua blanca va y se extiende
más allá del país de los naufragios.

El faro verde de estribor te avisa,
vas nadando con fe hasta la baranda.

Te extrañas. Nadie sale a recibirte.

Estás aquí, en un barco
de vidrio silencioso
y descubres de pronto nuestra fiesta
de huérfanos que sueñan con el mar.

De Una interpretación 2001
Ediciones Rialp S.A.

La pendiente

Miras abajo porque sientes
que todo lo que sientes
va a acabarse,

que el dolor sí se ha roto,
que hay un viento que anuncia
tu nombre y tu llegada a otras ciudades,

un lamento gris,
tus ojos que ahora sí lo entienden todo
y lo perdonan todo,

tus ojos que no miran
más que el vago contoneo de las cosas
para guardadas dentro,
que saben que la marcha
es una aceptación.

Antes de irte
quieres estrechar la mano del verdugo,
porque no deseas llevarte
nada parecido a un mal sueño.

Olvidas el dolor,
te están llevando,
parece que ahora estás mucho más lejos.

De Delta 2004
Visor Libros- Colección de poesía

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