Y EL LLANTO MURIÓ

Mi Poeta sugerido: »Félix Molina-Flórez

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He bajado a la calle, la noche fría,
todos los comensales lloran su ausencia,
va gimiendo a raudales la sombra impía,
e incluso se oye el llanto de la porfía
denunciando a traidores por su impaciencia.

Las pisadas resuenan muy despacito
anunciando el atisbo de muchos males,
de repente en el aire suena algún grito
lamentando el presagio que no está escrito
de alabanzas escaso, falto de avales.

El rayo zigzagueante de una linterna
en un intento vano, luz alumbrando
de algunos invidentes la gloria eterna,
el lamento escondido en una caverna
que susurra al oído un triste canto.

De la tasca hay un paso hasta el camposanto,
cuando al alma la llevan ya ha fenecido,
las plañideras huelgan, se murió el llanto,
hora ya es de correr, tupido, un manto,
se apagaron los rifles ya no habrá ruido.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO: Félix Molina-Flórez

Félix Molina-Flórez

Parábola del olvido

Adentro se fragua una batalla
como la que sostiene un gato
negro con la noche
(¡Vuelva!)

Uno extraña a veces las palabras
a veces el rugir del silencio
que entra apretujado por entre los calados

Quiere uno lanzar al vacío
aquellas noches de lunas fértiles
y de traiciones
de estrellas que parecen fragmentos de basura
pero la memoria se protege como un dios

El olvido me juró que vendría
aquí lo espero con un ramo de recuerdos
en las manos

Corazón

Llegará el día
en que tu corazón aturdido
dejará de latir

Pero entonces ya no estarás
para escuchar su desesperado
silencio

Retrato

Detrás de esa imagen
-y asustado-
un niño anhela ser un hombre grande

Delante de esa imagen
-y asustado-
este hombre quiere volver a ser el pequeño aquel

Jardín

En la sangre del árbol
viaja la fruta
que la mosca degustará

Ni la mosca ni la fruta
-brillante en la rama-
conocen el origen del árbol
que arde en la pradera.

Felix Molina

Como una pupila en blanco o una lumbre fría

ausencia soy en cada hueco que deja mi paso.

Cine triste de espectador único en barriada pobre,
la vida desganada de una ola de aceite:
busco un pan de luz tras una guerra de almas,
deviene el trasunto nocturno de mi estancia
en una humareda de buque que tan sólo se sueña.

Así mi estima en bandada nunca reunida,
mis ojos partidos entre el alba y mi casa;
vuelvo sólo a ser grupo en los besos del sueño,
en los zapatos vacíos, en flores desconocidas.
Pero tu mano o la noche del amigo,
el destino a gritos del hermano,
no mueven el espejo a que me asomo,
no traen juntos mis labios de consuelo:
estoy donde debo en ausencia perenne.

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