ADMIRO A SCHOPENHAUER

»El Poeta sugerido: Mercedes Castro

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Admiro a Schopenhauer cuando dijo
palabras tan nefastas de este mundo
y empiezo a comprender a Segismundo
vendiendo su alma al diablo. El que maldijo
la suerte de morir, tan iracundo.

Versículo a versículo voy dando
valor a cada cosa que merece,
al niño que en la cuna cuando mece
se muestra dormidito. Y yo mirando
presiento que a mi alma le enternece.

La flor de que una rama nace y crece
lanzando su perfume al universo,
ternura que destila de algún verso
que te hace meditar. Y te apetece
gozar de la belleza del reverso.

Y el acto de soñar. Mirar no quiero
a quienes vanidosos se declaran
reyes del mundo ser. Y se burlaran
haciéndose pasar por un palmero
de quien fuera existencia les prestaran.

Quisiera así pensar que los extremos
a veces quedan cortos o se pasan
a penas tocan fuego y ya se abrasan
o saben descubrir lo que no vemos
si no puede rodar, ellos lo engrasan.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Mercedes Castro

Mercedes Castro

QUERIDO

Querido,
no es que estuviera
dormida.

Es que necesitaba
despertar.

APRENDIZAJE FORZOSO

Cuando era más pequeña
todo iba bien,
o al menos eso parecía
según mis recuerdos.

En días como hoy
me pregunto
para qué coño habré crecido.

Poema de la niña de rebajas

La niña suspendió,
la niña no vale nada.
 
La niña dejó al novio,
la niña, pobre, no tiene
quién la valga.
 
La niña tiene veinticinco años
y ya está acabada y sola.
 
Y qué va a ser de la niña
ahora.
 
Quién quiere una niña vieja:
la cambio por una lavadora.
 
Quién me quiere una niña rota.
No sabe querer.
No puede llorar.
Nunca la enseñaron a amar,
pero sí a sufrir.
Puede ser aún que aprenda.
 
Quién me compra a la niña,
quién se la lleva.
 
Es un regalo, es un tesoro,
sólo tres asignaturas más
y tiene la carrera hecha.
 
Es una ganga, una ocasión,
una inversión para el futuro.
 
Si la doy no es por mala,
es por no poder atenderla.
Una cuestión de paciencia, no de calidad.
 
Llévensela, señores,
ahora que están a tiempo,
que aún tiene restos de inocencia,
y dulzura en los ojos,
y allá abajo, adentro, en el fondo,
un algo de moral.
 
Llévensela mientras sea fértil,
llévensela mientras no amargue,
llévensela mientras pueda andar.
 
Sólo necesita un empujón,
una puesta a punto.
Pilas nuevas.
 
Que mi niña vale mucho.
Que mi niña sabe mucho.
Que tiene un corazón muy grande,
mi niña,
y un alma de oro
y una cabeza que no le cabe
en el pecho.
 
Aprovechen la oportunidad
antes de que se le acaben a ella.
 
Que se me va,
que vuela,
que me la quitan de las manos,
que me quedo sin ella.
 
Apúrense, señores,
aprovéchense mientras puedan.
 
Miren qué ganga, mi niña.
¡Si ni siquiera viste santos!
¡Si no tuvo más que un novio!
¡Apuntito como estaba de ser alguien en la vida!
 
¡Si es un partido!
 
Un poquito de amor, y ríe.
Una gota de fe, y aprueba.
Un mínimo de paciencia y se levanta.
Una nada de atención y florece,
y germina,
y fructifica y da cosecha.
¡Y sólo hay que regarla una vez a la semana!
 
A mí me dio muy buenos resultados,
pero me cansé de ella.
 
Vamos, vengan, corran,
al primero que me la pida
se la concedo.
 
Apúrense que se acaba,
cuídenmela, líbrenme de su peso,
quiéranmela, enséñenle a dar besos.
Aprenderá.
 
Vale mucho mi niña,
con sus poemas y sus libros
y su melancolía y su deseo.
Y sus suspensos.
 
Lástima que no se haga de querer sola.
En el fondo es un problema de marketing.
 
Que no la rebajo,
que no regateo,
que la doy por lo que es,
que se escapa en un momento.
 
Llévense a mi niña azul,
señores,
antes de que se me vista
de negro.

POEMA DE LA CURACIÓN

Ya no me duele nada.

Nada me duele
cuando te miro,
y mira que lo siento,
pero sin dolor.

No se me alborota
el alma,
no se me escapan
suspiros,
ni me tiembla el pulso,
ni me revela el rubor.

Y siento pena,
una poca,
mi amigo,
cuando en tus ojos
veo
que no brillan
los míos.

Pero ya no me duele
nada
de tanto que me dolió
el adiós.

LOS POETAS AMIGOS

Para José Ángel Valente

Los poetas amigos
cuya mano apretamos en escasos momentos
-José Angel ahora que vuelve hacia la luz-,
los poetas amigos,
otros que permanecen a la espera
mientras en ellos crece nuestro afán
y hallamos en sus páginas
el rigor que la vida nos niega y nos oculta,
los poetas del alimento
que nos dieron la dicha cuando no había motivo.
Los escasos poetas que ungen con la esperanza.
Gracias os sean dadas por la ingrata labor
en que afanáis los sueños
mientras el mundo pierde los estribos

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Ya empiezo a morir, Señor,Señor, no me quieras tanto,respétame con mi llanto que muero con…

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