QUÉ CONFUSIÓN!

»Mi Poeta aquí sugerido: Carlos Javier Morales

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Confusión es no saber lo que es confuso,
ignorar, no discernir lo que interesa,
si una niña a ti te quiere cuando besa
o si es ella que de ti hace un mal uso.

Es pensar que tú te encuentras ya en desuso,
descubriendo cómo pica la pimienta,
cuánto dura y al estómago alimenta
para luego rechazarle por intruso.

Es dudar, siempre dudar, y en ese estado
adelante ir o atrás o por el medio
y tener que decidir sin más remedio
si hacia un lado debes de ir o hacia otro lado.

En qué lío hoy me he metido, me ha tocado,
yo hoy quisiera descifrar ya este misterio,
si me voy a meditar a un monasterio
o aún mejor si es de mi mente que me apiado.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO: Carlos Javier Morales

Carlos Javier Morales

PARA QUE NO LO OLVIDES

Apoya tu cabeza en esta roca
y oye el rumor del tiempo:
el tiempo de las olas que rompen junto a ti,
el tiempo más real,
tiempo del mundo.

Duerme tendido en esta roca:
la que no sabe nada
de tu dolor,
de tu cansancio,
del tiempo solitario en que has vivido.

Sueña con el azul
del cielo a mediodía,
con el azul del agua iluminada.

Vuela sobre las aguas
y vuelve a despertar sobre la roca:

al fin verás el mundo verdadero
(De El corazón y el mar, 2020)

EXCELENCIA

Y ahora que has decidido rodearte de sabios,
dejar de perder tiempo con las gentes
que tan sólo sabemos lo que vemos,
lo que nos cuentan otros
o todo lo que hemos estudiado
con tan vulgar esfuerzo;

ahora que vas directo al hueso duro
desde el que nacen todos los problemas
y conoces a algunos que han probado
una tarde cualquiera
la pulpa que se esconde en este mundo
y da sabor a todas las comidas,

¿dejarás al común de los mortales,
incluso a tus amigos más sinceros,
mancharse en este fango del que tú ya has salido?

¿Dirás adiós al mundo
el día que conozcas su secreto?

¿Es la verdad tan cruel
como tú mismo?
(De El paisaje total, 2014)

PARAÍSO TERRENAL

En la Universidad
se acaba el universo
en la Universidad.
Y el hombre de la calle,
el que trabaja para no morirse,
el que imagina un cielo despejado
para sus quince días de permiso;
el que come su pan a horas contadas,
el que teje el poema de su vida
para que otros lo estudien analíticamente,
el que inventa un amor que pudiera ser cierto
arrancándole al día unos minutos libres;
el hombre, el hombre vivo en su pobreza,
el hombre en cuerpo y sangre,
es una masa demasiado informe
para el perfecto mundo de las aulas,
es un tema carente de prestigio
para la letra impresa
que sólo leerán los que la escriben
y conocen la lengua de la verdad más digna,
que no es precisamente la lengua del poeta,
hombre de malvivir y sin criterio,
que no investiga ni publica nada
más que la mierda de su propia vida.

En la Universidad
se acaba el universo
en la Universidad.
Y todo el universo daría asco
si Cristo no promete que los últimos
tendrán el primer puesto allá en su reino,
y que aun en este mundo delirante
la basura de hoy, el hombre vivo,
mañana será el tema, por desgracia o fortuna,
de ese universo inmenso que se acaba
en la Universidad.
(De Nueva estación, 2007)

Jueves Santo

Por las calles del pueblo,
por las calles eternas de mi pueblo,
oigo cómo me siguen los pasos de mi madre.

Allí, en el cementerio, no los oigo:
su lápida y mi oído son dos mundos diversos.

Y si miro hacia el mar, mi mar de siempre,
hoy sólo siento miedo por tanta inmensidad inaccesible.
La isla es un isla es una isla.

Camino por el pueblo como por una tumba
un instante tras otro verdecida.

Camino por el pueblo y sólo se oyen
los pasos familiares de mi madre.
No sé de dónde vienen ni hacia dónde.

Tampoco sé si vienen a abrazarme
(¡cómo recuerdo, madre, tus abrazos!)
o a reprocharme el rumbo de mi vida.

EL PASEANTE

Apoyaba su oído en la negrura
de todas las fachadas más viejas de mi pueblo.
Caminaba despacio y se miraba
en los charcos de lodo del Parque del Retiro.
Y siempre que podía hacía una pausa
en los puestos de fruta al aire libre.
En los días de lluvia sonreía
y contaba las gotas de todos los cristales.
No quería mirar al sol de frente
en las tardes de agosto: le bastaba
con el ardor sediento del asfalto.
Le daba miedo el mar: como los niños,
quería tocarlo todo y se inquietaba
al ver el horizonte siempre lejos.
Le faltaba la luz y el aire y el sonido.
Buscaba a Dios por todas las esquinas.

LECCIÓN DE HISTORIA NATURAL

Brotan ansiosas las semillas debajo de la tierra
y su ansiedad la siento palpitando en mis lentas pisadas.
Brotan ansiosas las semillas en medio del invierno,
cuando ya me parece que los besos anuncian la muerte
y parece un absurdo que mañana vuelvan a nacer rosas
si ahora el aire se llena de niebla y nos cansa la vista,
si ahora todos los hombres se refugian a esperar en sus casas
que la noche nos duerma para siempre y nos despierte a todos
en un día tan vasto donde ya nadie nazca ni muera.

Brotan ansiosas las mujeres en sus jóvenes cuerpos
y en sus ojos se abren esas rosas que un día fueron nuestras,
y en sus pechos va latiendo la vida que darán a este mundo
cuando todos sentimos que este mundo ya ha vivido bastante.
Pasan delante de mi puerta dos novios que se ríen
y su risa va dejando en el aire un olor misterioso
y ese olor me recuerda los veranos en que yo me reía
cada vez que mi novia aseguraba que éramos eternos.

Vuelven las olas a la playa con impulso creciente
y se van con más prisa que nunca a donde no se sabe;
brilla la espuma temblorosa del sol del mediodía
cuando todos sentimos que es muy tarde y la playa está
/oscura.
Y no sé por qué todos no lloran en esta hora tan triste
y me asombro de ver tantos rostros mirando con ansia el futuro
y me asombra que todos, tal vez, no sintamos lo mismo.
Me pregunto si todos acaso no cargamos el peso del tiempo,
si es posible que mientras morimos aún broten con ansia
/semillas,
y rosas, mujeres, amores y olas aún sigan naciendo.

RESURRECCIÓN MARINA

“El mar, el mar, siempre recomenzando”,
y mi vida y la tuya, junto al mar,
también vuelven ahora a su comienzo.

De pequeño, en el mar, pude ver la grandeza del mundo
y, pues vi lo mayor que se ve en esta tierra,
yo me vi tan mayor que creí que mi vida algún día
iba a ser aún mayor que este mar tan inmenso.
De pequeño, en el mar, yo soñaba con tantos lugares,
que creí que en mi reino jamás surgirían fronteras:
las ciudades, las playas, los puertos de este mar poderoso
abrirían sus puertas lejanas a mi gozo perpetuo.

“El mar, el mar, siempre recomenzando”,
y mi vida, en el mar, hace tiempo, también comenzaba.

Pero después mi vida, lejos ya de esa playa,
dejó de oír los rumores de su música suave
hasta quedarse sorda y vagabunda
por un mundo prestado donde había
que pagar con la sangre cada plato de tiempo.
¡Qué pequeños los días desde entonces!
¡Y qué precio tan alto por cada jornada!
¿Cómo iba a ser posible recordar esa música
y ese silencio hondo que respetan las olas
hasta alumbrar su nuevo nacimiento?
¿Cómo iba a ser posible ver hermosa la vida
después de haber pagado su precio cotidiano
y ver que un día mi deuda con la vida
se haría insostenible
y habría de pagarla con mi muerte,
con mi pequeña muerte cotidiana?

Pero hoy llegamos juntos a este mar,
a un mar ya muy lejano de mi tierra de infancia,
y siento que este mar es el mar que refresca la vida,
es el mar donde todos olvidan su sedienta y oscura memoria,
y siento que este mar es mi vida y la tuya y la vida de todos,
que estas olas entonan un tiempo que va más allá de la muerte
y te ruego que vengas conmigo a este mar,
a este mar, a este mar,
siempre recomenzando.

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