DE QUÉ SIRVE…

»Mi Poeta aquí sugerido: José Gutiérrez

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Somos el tiempo que nos queda
(Caballero Bonald)

De qué sirve volver hacia el pasado
sabiendo que el pasado ya no existe,
y ver que se resiste y se resiste
pudiendo ya mirar hacia otro lado.

De qué sirve saber que has tropezado
si entonces levantarte no supiste,
que en vez de revelarte tú cediste
haciendo penitencia del pecado.

De qué sirve fundirse en un lamento
si el curso de los hechos no hay quien mueva,
pensar querer que escampa cuando llueva,
decir todo está en calma si hace viento.

Mirar siempre al presente es lo correcto
¿futuro, quién lo sabe? ¡dios dirá!,
que el tiempo que pasó no volverá,
importa lo que queda del trayecto.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: José Gutiérrez

José Gutiérrez

AMANECER

Tras de la lámpara, con afán,
se nos viene la apacible llama.

El ruido, la prisa,
la misma gente de ayer
va a imponer su ley,
como cada mañana.

Ahora, olvidado de vosotros
—no hay lágrimas,
sí ademán de tristeza—,
al espacio venidero convoco,
a las viejas costumbres;
y soy lluvia,
queja sorda entre la multitud;
fruto, si el sol la desnuda.

La noche ha sido alegre,
inmersa estuvo en ella nuestra juventud
que perdura aún con el día,
fugaz
como la luz de este cielo
gris que me colma.

CADENCIA

(Jorge Guillén)

He amanecido a un nuevo día
y soy feliz como ave,
como pájaro al viento
ante el rumor de fuentes.
¿Quién podría arrebatarme
este paraíso donde renazco?

Ya se acortan las tardes,
presagio prematuro
de las noches suaves
donde se revelan los sueños
plenos de pureza, de soledad:
grato recuerdo que emerge.

Apenas un susurro resbala
aunque la lluvia arrecia;
el corazón sin estrépito late,
mas con fuerza —escuchad su aleteo—,
cadencia que no cesa
sin posible fatiga en el tiempo.

Trémula luz derrota
a la sombra —no muere aún el rayo—,
expandiendo difusa su presencia
por la estancia desnuda.
Tiende, viajero, la mano
y húndela en el Sur;
salva la distancia y su asedio
como joven amante que se entrega,
río por donde fluyo y respiro.

De su cauce una voz emerge
con temblor de ribera,
la dicha a mi cuerpo vuelve
y en sus aguas me reencuentro.

LLUVIA

Hiere la lluvia las calles que paseas
y podrías ser un río que se rebela y se alza
o un muerto lavando su sombra vencida.
¡Ay las lluvias sin fin horadando tu alma!
Porque tu alma es esa muchacha azul
que emerge de las oscuras noches —¿no adviertes
el eco de cenizas que despliega su mirada?—.
Así invocaste la enfebrecida brisa que un cuerpo
[vistiera
o la mano capaz de abarcar espacios u océanos.
Así, encadenado a la ignorancia del mundo,
fuiste —trágico sueño— víctima
de tu propia quimera.
¡Ah las bellas palabras arrancadas de un labio,
la silenciosa música coronándote,
la despedida fugaz de la sangre primera!

¿Quién anuncia tu derrota
—prevés la catástrofe que sobre tu memoria
se cierne—, qué dedo maldito te señala?
Sabes que toda lluvia o diluvio pasa,
que no es posible alterar el destino
y que el tuyo es la isla
que aguarda hundirse
bajo las turbias aguas estancadas.

Ya se aproxima la noche y aún amas la vida:
¿puedes —a pesar de la lluvia— esperar el amor
que incendiaba los campos y vuelve manso
el tigre o la serpiente del odio?
Quisieras decir sí, pero sería engaño;
olvida este día y tiende un puente
que te sostenga, mientras surge de nuevo el sol
y su alabanza.

CENTINELA DEL SUEÑO

I
Tu juventud: un río
de nubes que levanta
el cuerpo como ofrenda.
Yo sé del sol que te alza,

de pájaros y fuentes
que por ti solo cantan.
Espejo eres del cielo,
cabellera del alba,

dulce brisa marina.
Mi canto vence el ansia,
la soledad más íntima
que impone la distancia.

I I
¡Oh días juveniles,
cuando la dicha alcanza
la cúpula suprema!

Al horizonte, luces
atisban lejanías:
es el amor quien vuelve.

Partícipe del fuego
mi pecho se enaltece,
júbilo eterno.

Ebrios dancen los cuerpos,
al dios del mar los frutos
mejores ofrezcamos.

POÉTICA

Un deseo de luz para las manos,
esta lira que suena en mi silencio,
cuchillada de sol entre los ojos,
alto vuelo de pájaros solemnes
sobre el dolor del mundo: denso olvido;
navaja cenicienta, la palabra,
es el arma que esgrimo.

LAS MANOS DEL POETA

(Vicente Aleixandre)

Las manos dicen lo que ocultan,
pues atesoran vida, calor, el brillo intacto
de otra piel que ardió secreta,
que cedió con ternura sus prodigios
antes de ser memoria, temblor solo.

Las manos dicen lo que ocultan;
dibujan una luz, y su reverso
que es la sombra sonora o es silencio.
Silencio, mas no olvido.
Olvidar es inercia, dejar que fluya el río.
El poeta horada el mar con su voz profunda.
Ved sus manos que esgrimen la espada de la luz:
empuñan un sonido.

A UN LECTOR FUTURO

Nacido para la luz, me sumerjo
en sombra interminable.

En el poema escribo mi epitafio:
—Sabe que la palabra ha sido en mí
también cansancio, duda en que la vida
me mantenía inmerso.
Y si en algún momento hubo temblor
en ella, la tristeza era su precio.
Única certidumbre fue la espera.
Lo demás solo sombras, vanos sueños,
imágenes en fuga
y versos que se queman a la luz de tu lámpara,
embriagado lector:
ya tu presencia niega la existencia
inútil de mi vida.

CLAVO

Permanece ahí, anclado en la pared,
ajeno por completo a mí.
Forma parte de vidas ya pasadas,
gentes que le otorgaron la misión
de sostener un cuadro, una vitrina
o quizá algún perchero.
Desconozco por qué motivo
sigue clavado aquí,
pero puedo entender su voluntad
de persistir sujeto al muro,
inmutable en su empeño.

Creo saber a quién me recuerda esa fe
de metal oxidado
que, aun sabiéndose inútil,
se aferra con tesón
a lo que un día fue su vida.

CENTRO DE SALUD

Ahora voy al centro de salud
que estaban construyendo
hace unos cuantos años,
cuando tú y yo solo éramos dos adolescentes
que se arrullaban tras sus obras.

Ahora tengo el doble de la edad que tenía entonces,
es sólo un hecho, nada más.
Sentado al borde de mí mismo,
exploraba tu cuerpo con ternura
e indecisión.

—Toso mucho —le digo al médico—,
no dejo de toser —recalco.
Y mientras se lo cuento,
descubro desde su ventana aquel jardín
donde tú y yo nos auscultábamos.

—Respira hondo —me pide.
Y a duras penas,
con el pecho encogido, tomo aire.

OTRA VUELTA DE TUERCA

Para Pilar y Heli

Cuando me paro a contemplar mi estado

GARCILASO DE LA VEGA

Cuando me paro a contemplar mi estado
y veo cuántos años me han caído,
pienso que, de las cosas que se han ido,
no es mi vida el objeto más preciado:

lo mejor que viví me fue entregado
por otras manos hechas con olvido.
Si algo pudiese al fin salvarse, pido
que sea lo que alguna vez he amado.

He ahí todos los bienes de mi hacienda.
Que el tiempo haga una pira con el resto,
y que al arder mi recuerdo desprenda

el humo tenue de un final modesto.
Os dejo escrita aquí mi pobre ofrenda:
palabras que quisieran decir esto…

EL DESCANSILLO

en memoria de David Lorenzo Magariño

Han llamado a la puerta.
Me asomo a la mirilla antes de abrir,
y allí están otra vez el niño estrábico,
también ese muchacho adolescente
—desvalido y a veces cruel—,
el joven que pensaba que la vida
era un regalo para él sólo
y todos esos otros que en alguna ocasión
respondieron por este mismo nombre.
Habitan tras la puerta,
en ese descansillo de la edad que es la memoria.

Hace años que recibo sus timbrazos
a horas intempestivas.
Cada vez vienen por aquí con más frecuencia
y sus rostros, quizá debido al efecto de la lente,
parecen deformados.

Nada les hace desistir.
Esperan que algún día
abra por fin y les compense
por todas esas vidas que me fueron prestando.

Pero yo siempre finjo estar ausente,
y de manera silenciosa vuelvo a lo mío,
que es recordar lo suyo.

SENDERO

para Diana Alonso Delgado

Te nombro.
Conjugo unos sonidos
que invocan tu presencia.
Sin estar, has venido,
y sin marcharte,
desapareces.
Es tan sólo un momento,
casi humo de lenguaje,
como si un dedo tuyo
me cerrase los labios
cuando voy a decirte.

Algo de ti se queda anclado
en el aire que aún respiro.
Algún pedazo de mi voz
se enreda entre tus sílabas.

Ningún enigma encierra
un hecho tan trivial como éste,
lo sé
y no por ello desmerece el milagro
de que tan sólo un nombre, el tuyo,
logre reconciliarme
con la palabra,
con el deseo de querer
pronunciarte a escondidas,
feliz de haber hallado
en esas cinco letras el sendero
que me lleve hacia ti.

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Ayer salí a la calle, estaba oscuratan llena…

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