DECISIÓN SALOMÓNICA

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He pensado meterme en la nevera,
de una vez congelar mis pensamientos
evitando sufrir. Y es que hay momentos
que la duda se vuelve traicionera
no hallando ni razón ni fundamentos.
 
Y he subido al desván de mi tronera
donde un día guardé resentimientos
encontrando a suspiros y lamentos
que oxidados estaban a la espera
de poder reforzarles los cimientos.
 
Que hoy no sé ni tan siquiera qué es pensar,
qué actitud mantener ante la duda,
si es correcto decir que a mi me suda*
o inmiscuirme en el magna y divagar
hasta ver si el recelo se desnuda.
 
Qué decir de mi postura ante el sentir,
si he de darme a gozar a tumba abierta
aun sabiendo la puerta no esta abierta
o debiera aguantarme y reprimir
ante esa incertidumbre tan incierta.
 
Que hoy lo siento, no encuentro a este dilema
silogismo que le dé una explicación,
conjugar el corazón con la razón,
que pudiera salvarme de la quema
o aceptar que no tiene solución.
©donaciano bueno

  • a mi me suda: paso o me da igual.

Dice la razón -Antonio Machado

« Dice la razón: Busquemos
la verdad.
Y el corazón: Vanidad.
La verdad ya la tenemos.
La razón: ¡Ay, quién alcanza
…la verdad!
El corazón: Vanidad.
La verdad es la esperanza.
Dice la razón: Tú mientes.
Y contesta el corazón:
Quien miente eres tú, razón.
que dices lo que no sientes.
La razón: Jamás podremos
entendernos, corazón.
El corazón: Lo veremos.
 
Moneda que está en la mano
quizá se deba guardar:
la monedita del alma
se pierde si no se da.
 
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
 
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
…se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
 
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…
 
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar. »

Comentario Cuando Machado escribía sus rimas, dialogaba consigo mismo (o con la fuente o con la tarde, fantasmas de su conciencia solitaria). Cuando escribía sus cuadros, trasfundía su alma en cosas o personas, correlatos con los que no dialogaba o a los que invocaba sin poder comunicarse con ellos. Cuando escribía sus proverbios, iniciaba y armonizaba la relación al tú esencial. Mediante los apócrifos, crea personajes de ficción por conducto de los cuales habla y entre los cuales urde por fin el anhelado coloquio. El proceso expresivo va así de la lírica pura, pasando por cierta épica descriptiva y cierta ética enunciativa, de seguros valores, hacia una novela dramática que tiene por asunto no ya la verdad buscada sino la búsqueda y el ensaye de verdades. Es un proceso de la soledad a la compañía. Yo no voy a llegar a la prosa de la novela. Me detengo a examinar, mediante algunos ejemplos, el paso de la verdad en la rima a la verdad en el proverbio, haciéndolo así por creer que la fase de poesía sentenciosa es la más crítica en el aludido proceso y aquella que menos atención ha suscitado.

 

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