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EL ARTE DE PENSAR (mi poema)

Poeta sugerido: ''Miguel Antonio Caro''

MI POEMA…de medio pelo Lee otros poemas REFLEXIVOS

 

Tumbado en una hamaca observo el cielo,
al tiempo presumiendo que él me mira,
el sol, que es una bola que delira,
se posa en mi cabeza y toma el pelo.

A gusto recostado voy leyendo
de Rolf Dobelli ‘El arte de pensar’,
el libro en que se invita a meditar
y a errores resistir, ir aprendiendo.

Ajeno a lo que ocurre en el lugar,
atento, sumergido en la lectura,
añado a cada texto una sutura
como hace con su tinta el calamar.

Después cuando ya empieza atardecer
y acierto a divisar la lontananza,
el sitio donde el ojo nunca alcanza,
empiezan ya las dudas a crecer.

De nuevo debo al alma apaciguar
pues veo ya está el cielo más tranquilo
cual fuera de acetato o de vinilo.
Cansado de pensar, vuelvo a soñar.
©donaciano bueno

#El que tiene boca se equivoca? Clic para tuitear

El Arte de Pensar, (52 errores de lógica que es mejor dejar que cometan otros), un libro de obligada lectura para todos aquellos que practican esa fea costumbre de hacer trabajar a su cerebro. Didáctico y de muy fácil lectura. De Penguin Random House Grupo Editorial.

MI POETA SUGERIDO: Miguel Antonio Caro

Miguel Antonio Caro

ELLA

La expresión dulce que su rostro baña,
de sus ojos la plácida centella,
revela el amor de un alma bella,
que el corazón subyuga y no le engaña.
Del Cielo, descendiendo a mi cabaña
con vaguedad de nube y luz de estrella,
ella, mis hondas soledades, ella
mis mudos pensamientos acompaña.
Como extendiendo el ala voladora,
la esperanza, en el ánimo cautiva,
huir parece, aunque el huir demora.
Amante cual mujer, cual diosa esquiva:
-así diviso a la que el pecho adora-;
-así, inmóvil a un tiempo, y fugitiva-.

La flecha de oro

Yo busco una flecha de oro
que niño de un hada adquirí,
y, «Guarda el sagrado tesoro
-me dijo- tu suerte está ahí».
Mi padre fue un príncipe: quiere
un día nombrar sucesor,
y aquel de dos hijos prefiere
que al blanco tirare mejor.
A liza fraterna en el llano
salimos con brío y con fe:
la punta que arroja mi hermano
clavarse en el blanco se ve.
En tanto mi loca saeta
lanzada con ciega ambición,
por cima pasó de la meta
cruzando la etérea región.
En vano en el bosque vecino,
en vano la busco doquier:
tomó misterioso camino
que nunca he logrado saber.
El cielo me ha visto, horizontes
salvando con ávido afán,
y mísero a valles y a montes
pidiendo mi infiel talismán.
Y escucho una voz ¡adelante!,
que me hace incansable marchar;
repite el eco zumbante,
me sigue en la tierra y el mar.
Yo busco la flecha de oro
que niño de un hada adquirí,
y, «Guarda» el sagrado tesoro
-me dijo- tu suerte está ahí».

Patria

¡Patria! te adoro en mi silencio mudo,
y temo profanar tu nombre santo.
Por ti he gozado y padecido tanto
cuanto lengua mortal decir no pudo.
No te pido el amparo de tu escudo,
sino la dulce sombra de tu manto:
quiero en tu seno derramar mi llanto,
vivir, morir en ti pobre y desnudo.
Ni poder, ni esplendor, ni lozanía,
son razones de amar. Otro es el lazo
que nadie, nunca, desatar podría.
Amo yo por instinto tu regazo,
Madre eres tú de la familia mía;
¡Patria! de tus entrañas soy pedazo.

Al buen pastor

¿Qué importa que la oveja acongojada
En noche y soledad vague perdida?
Tu amante corazón sus pasos cuida,
Y por ti, Buen Pastor, será salvada.

Oigo tu voz que al ánima cansada
Con alivio dulcísimo convida;
Yo sé que eres la fuente de la vida
Que a la infancia nos vuelve inmaculada.

Tú permites que humilde peregrino
Que tu nombre invocó, de angustia lleno,
Al caer en el áspero camino,

Recobre, al despertar, candor sereno
Purificado por tu amor divino,
Y en paz descanse en tu adorable seno.

A la memoria de Adolfo Berro

¡Poeta del desconsuelo!
¡Alma sensible, tierna!
¿Por qué tan presto el vuelo
Levantaste del suelo
A la región eterna?

¡Ah, cuando llora el hombre
En su beneficencia
Toda ajena dolencia,
Eterniza su nombre,
Y abrevia su existencia!

En tu muerte temprana
Semejas flor lozana,
Sobre el tallo partido,
Doblada sin ruido
En su primer mañana.

Cual aromas nos dejas,
Dulces, sentidas quejas…
Adolfo, naces, lloras,
Por los que sufren oras,
¡Y a no volver te alejas!

¿Mas tu espíritu dónde
Está? ¿En el yerto cráneo
Se evapora o se esconde?
¡Con latido espontáneo
El pecho me responde

Que existes, dulce amigo!
Tú existes, yo te amo,
Y hondo placer abrigo
Cuando mi fe te digo,
Cuando amigo te llamo.

¡Existes, no lo dudo!
¡Jamás la nada pudo
Débil, obscura, fría,
Mover a simpatía
Desde su abismo mudo!

Dígnate dar alguna
Señal de acogimiento
A mi sincero acento,
Ora que la alba luna
Rueda en el firmamento.

Ora que el ancho suelo
Paz y quietud respira,
Ni céfiro suspira,
Dame sentir tu vuelo,
Dame escuchar tu lira.

¡Mi súplica indiscreta
Perdona! ¡Una secreta
Voz que habitas me dice
En región más felice,
Y que me oyes, poeta!

Si no me cupo en suerte,
Adolfo, conocerte,
Ni a ti volver te es dado,
Yo volaré a tu lado
Más allá de la muerte.

¡Pueda en tanto algún día
Besar la losa fría
Que tus cenizas sella,
Y derramar en ella
Una lágrima pía!

Al viento

Vientecillo sin nombre
Que curioso paseas
Ahora por el bosque,
Ahora por la vega;

Tú que en lecho de espumas
O de hojas, remedas
Con inquietud celosa
Las más sentidas quejas;

Ven, trayendo en tus alas
Tan leves como frescas,
Murmullos de las fuentes,
Aromas de las selvas;

Suspira en el follaje
Del árbol que me hospeda;
Las sombras lento cambia;
Con mis cabellos juega.

O barre ahí esas flores
Menudas y hojas secas,
Y en círculos llevándolas
Mis pensamientos lleva.

Ven, airecillo humilde,
Mi soledad alegra,
Temores desvanece
Y esperanzas alienta.

Ambición

¡Partamos! El espíritu impaciente
Anhela por volar a su albedrío:
Ni llanto, ni piedad: el pecho mío
Solo, inmensa ambición, tu imperio siente.

¡Revueltas ondas de la mar rugiente,
Rayos que el cielo enrojecéis sombrío,
Vuestra furia y tumulto desafío
Con labio mudo y con serena frente!

Ya, suelta el ala del bajel, me siento
Cruzando ¡oh gloria! el piélago profundo;
¡Quién pudiera también el firmamento!

¡Oíd!, nos llama el soplo gemebundo.
Del águila la herencia es todo el viento,
Y la herencia del hombre es todo el mundo.

Amor verdadero

No, no aparta a dos almas amadoras
Adverso caso ni cruel porfía;
Nunca mengua el Amor ni se desvía,
Y es uno y sin mudanza a todas horas.

Es fanal que borrascas bramadoras
Con inmóviles rayos desafía;
Estrella fija que los barcos guía;
Mides su altura, mas su esencia ignoras.

Amor no sigue la fugaz corriente
De la edad, que deshace los colores
De los floridos labios y mejillas.

Eres eterno. Amor: si esto desmiente
Mi vida, no he sentido tus ardores,
Ni supe comprender tus maravillas.

El alma prisionera

En el sabroso abrigo
De repuesta colina, do me espera
De tarde sin testigo
Fresca y amiga sombra; do parlera
Fontana baja con veloz carrera;

Por el sueño vencido
Quedeme acaso, al fallecer del día:
Sonó luego en mi oído
Mística voz, celeste melodía:
Era un ángel de luz que me decía:

“¿Qué ciego desatino
Así te roba a la región serena,
Que olvidado, sin tino,
La planta mueves en morada ajena
A do pérfido lazo te encadena?

“¿Qué luz, qué bien ofrece
Morada donde a vueltas de ventura
El infortunio crece;
Do el placer muere en el dolor que dura;
Morada de expiación, remota, obscura?

“¡Despierta, aviva, al cielo
Toma de aquesos engañosos prados
Álzate; y pasa a vuelo
Negros bosques, altísimos nevados,
Y los mares sonoros y argentados!

“¡Y esfuerza el vuelo, y deja
La nube atrás! Ni cures si perdido
A tus ojos se aleja,
En el espacio inmenso sumergido,
Este planeta en soledad y olvido…”

Interrumpió la luna,
Alzada tras la andina cordillera,
Mi sueño y mi fortuna:
Y vi conmigo mi alma prisionera,
Del solitario arroyo en la ribera.

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