EL PASO DE LOS TIEMPOS

Javier Heraud (poeta sugerido)

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El tiempo está cambiando, es evidente,
lo sé porque me acuerdo cuando antaño
yo usaba el orinal, que no había baño,
y a veces el corral, como otra gente,
y el agua era del caño

sagrado que manaba de la fuente
erguida como un gallo que en la plaza,
mostraba presumiendo de su raza
-el pueblo aun no tenía agua corriente-
del líquido a la caza.

De aquellas madrugadas, memorizo
tan blancas, las escarchas descarnadas,
los chuzos repicando en las fachadas,
la nieve, las heladas y el granizo,
las manos resolladas.

Los pies con los molestos sabañones,
de tanto soportar abotargados,
las lágrimas volando en los tejados
sufridos los humildes canalones
tan tristes y apenados.

La lumbre era la vida en esa etapa
tan llena de penuria y de penumbra.
Y el mismo sol, que hoy sale y nos alumbra
asusta al contemplar como derrapa
y a veces nos deslumbra.
©donaciano bueno

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Javier Heraud

Yo no me río de la muerte

 Yo nunca me río
de la muerte.
Simplemente
sucede que
no tengo
miedo
de
morir
entre
pájaros y árboles

Yo no me río de la muerte.
Pero a veces tengo sed
y pido un poco de vida,
a veces tengo sed y pregunto
diariamente, y como siempre
sucede que no hallo respuestas
sino una carcajada profunda
y negra. Ya lo dije, nunca
suelo reír de la muerte,
pero sí conozco su blanco
rostro, su tétrica vestimenta.

Yo no me río de la muerte.
Sin embargo, conozco su
blanca casa, conozco su
blanca vestimenta, conozco
su humedad y su silencio.

Claro está, la muerte no
me ha visitado todavía,
y Uds. preguntarán: ¿qué
conoces? No conozco nada.
Es cierto también eso.
Empero, sé que al llegar
ella yo estaré esperando,
yo estaré esperando de pie
o tal vez desayunando.
La miraré blandamente
(no se vaya a asustar)
y como jamás he reído
de su túnica, la acompañaré,
solitario y solitario.

Imagen nueva 

Para Armando Zubizarreta

A veces me parezco un poco
a la imagen de la muerte
que mi madre descubría
entre sus cuentos.
Con mis ojos hundidos y
mis manos señalando
blancas calles
me suelen confundir
con la muerte devoradora,
y entonces,
para jugar,
penetro en algunas
casas,
aliviando a carpinteros y
artesanos del dolor,
cogiendo tierras
y hundiéndolas
en el mar.
Soy la muerte a ratos,
y a ratos conservo mi belleza
y mis vestimentas
y asusto perros, gatos,
y al final,
como siempre,
a la higuera estéril y solitaria
la quemo con el rayo de mis manos

Dos preguntas

primera pregunta

‘¿En qué lugar de Lima, la dorada,
vivían los que la coristruyeron?’
(Bertolt Brecht)

segunda pregunta

¿Por qué será  que todavía existen
infelices que nos hablan de una Lima
señorial, antigua, colonial y bella?
¿Por qué quedan todavía desgraciados
que anhelan sin cesar la ciudad de los Reyes,
las tapadas, los balcones, la alameda,
si de eso sólo queda un basural de hambre,
de miseria y de mentira?
Ciudad de los Reyes
de la explotación y el hambre,
tres veces coronada por la sumisión,
ciudad triste, hambrienta, mísera
por todos lados,
salvo pequeños rinconcitos
donde se canta «la flor de la canela»
«viva el Perú y sereno» y se bebe whisky
con hielo y cocacolas.

Palabra de guerrillero 

Porque mi patria es hermosa
corno una espada en el aire,
y más grande ahora y aún
más hermosa todavía,
yo hablo y la defiendo
con mi vida.
No me importa lo que digan
los traidores,
hemos cerrado el pasado
con gruesas lágrimas de acero.
El cielo es nuestro,
nuestro el pan de cada día,
hemos sembrado y cosechado
el trigo y la tierra,
y el trigo y la tierra
son nuestros,
y para siempre nos pertenecen
el mar
las montañas y los pájaros.

los visitantes de la noche 

Me has dado de beber 
en tus manos el agua 
que sale de la fuente, 
la fuente para aplacar, 
mi sed de caminante, 
mi sed que corría por 
los campos cubiertos y 
tejidos de sol, 
la fuente para calmar 
mi sed de vida y muerte. 
mi sed de tus manos frescas, 
la fuente clara, 
la fuente que reía con Machado, 
la fuente que me adentraba con sus besos 
Esta fuente ha llenado de piedras 
mi seco corazón, 
la fuente y tus manos. 
el agua que me ofreciste 
a beber aquella tarde de 
Pájaros entre el desierto, 
la fuente y la piedra, 
el amor destruye como la muerte, 
el amor llena de agua fresca mi 
rostro y mi aliento, 
la fuente como un día en tus manos, 
la fuente de la tarde y de la noche, 
la fuente y mi sed, 
tus manos y la fuente de la tarde. 

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Dolores ¡ay! producen amargura,atento está al cadalso, el sacrificio,dispuesto dios, cumpliendo con su oficio,cayendo ya, la fruta está madura.
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