EN BUSCA DE LA VERDAD

»Mi Poeta aquí sugerido: Arroyo del Río

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Hoy he salido de caza, a la aventura,
a libar de las mieles de otros predios,
a lomos de algún sueño en su montura,
a falsos los mensajes buscar cura.
y a liberar de mi alma sus asedios

Y para ello subir quise al parnaso
y a mi mente mandarle a la locura,
y al infierno acercarme por si acaso
y a tumbarme de nuevo al cielo raso
y a las estrellas hablar en noche oscura.

He hurgado entre los sabios manuscritos
de los grandes profetas de occidente,
los templos visitado, los garitos.
Del conocer, en todos chiringuitos
allí copiando he estado yo presente.

Usando algún disfraz en todos lados
intentando no ser apercibido,
abriendo del mil cofres sus candados,
voraz por descubrir, sin ser linchados,
valiente, audaz yo he sido y atrevido.

Cuanto más he visto, leído o escuchado
más confuso yo me encuentro, menos sé.
Hoy me hallo más perplejo, abotagado,
de tinieblas mi espíritu inundado,
cual ciego que presiente y que no ve.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO: Arroyo del Río

Arroyo del Río

A Simón Bolivar

En el primer centenario de su muerte

La joven plenitud del continente
tiene aspecto de fúnebre escenario;
hay en cada volcán un incensario
y un responso de paz en cada fuente.

La selva por alfombra; el esplendente
confín, por cortinaje funerario;?el siglo, un pedestal, y solitario
sobre él, un redentor omnipotente.

Ante tu genio múltiple y fecundo
que a través de los tiempos nos inflama,
y con que en medio de la Historia brillas,

?está callado y reverente un Mundo,
absorta y pensativa está la Fama?
y la Gloria, gimiendo de rodillas!
Diciembre 17 de 1930

Remigio Crespo Toral

(En la inauguración de su estatua)

Cantar en su presencia, es osadía;
Tu excelsa Musa con su verso de oro,
En el Parnaso, conquistó el tesoro
De la rima, del metro y la armonía.

Hay en tu verso plenitud de día;
Tu ritmo suena cual timbal sonoro,
Y en tus poemas diáfanos, añoro
El arpa de cristales de mi ría !

Finge una orquestación sublime y leve,
La cascada perpetua de tu acento,
En la que tiene la Belleza un rito;
Y ante tu nombre, cúspide de nieve,
Se enciende el sol, se paraliza el viento,
Y se inclina callado el infinito !

Alfredo Baquerizo Moreno

(En la inauguración de su estatua)

Señor de la oración y el pentagrama:
El cariño de un pueblo te rodea,
Y al pie del bloque en que te encarna ondea
La irisación triunfal de su oriflama.

Enardecida la ciudad te aclama,
De su pecho viril hace una tea,
y se juntan el fuego de la Idea
Con el himno sonoro de la Fama.

Maestro de la nota y el lenguaje:
Así traduce Guayaquil su anhelo
De erigir una estatua en tu homenaje,
-Donde la luz del trópico sonría-
Con el cóncavo mármol de su cielo,
Y el undívago bronce de su ría !

A nuestra raza

Raza heroica y leal, eres el brote
de una simiente fecundada en Mayo,
en toda lobreguez, has sido rayo,
contra toda maldad, has sido azote !

Haces que el brillo de la Gloria flote,
e impides que el Honor sufra desmayo,
porque en todo peligro, hay un Pelayo,
porque en toda injusticia, hay un Quijote !

Raza que nada la supera o doma,
porque hay sangre de lavas en tu entraña,
y en tu cerebro irradiación tan grande,
que si piensas muy alto, surge Roma,
que si sientes muy hondo, canta España,
y si gritas muy fuerte, tiembla el Andes !

A Juan Montalvo

(Al inaugurar su busto en la Universidad de Guayaquil)

El Genio, en tu razón, prendió una tea,
fue el Dolor, para tu alma, un acicate;
el rasgo de tu pluma, era el combate,
la vibración de tu alma, era la idea,

Mente que forja, voluntad que crea,
cerebro que arde, corazón que late,
ariete formidable a cuyo embate,
la roca del prejuicio se cuartea.

Ni una huella de sombra, ni un desmayo
de luz. Para escribir sobre la altura
de los siglos, tu nombre y tus afanes,
presta su pluma refulgente el rayo,
el celaje purísimo, su albura,
y su tinta de fuego, los volcanes !

Eloy Alfaro

(Al entregar su retrato a la Municipalidad de Quito)

Ilustre capitán: mira su nave,
sobre un mar que se encrespa y que borbota,
el corte esbelto de su quilla, flota
como un gran cisne majestuoso y grave.

Dejó tu diestra su timón tan suave,
que si un tremendo vendaval la azota,
del seno gris de la tormenta brota,
como surgió de la ceniza el ave.

Jamás zozobrará tu carabela;
porque si en lid sublime y espartana,
hundiste, temerario, el “Alhajuela”,

con su mirada de esplendor, la Historia,
de nuevo, a flote, lo verá mañana,
sobre el mar infinito de la Gloria.

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