ES LO CORRECTO

Poeta sugerido: Roberto Aguirre Molina

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Ya sé que yo no sé ni lo que escribo
que escribo lo que aflora de mi mente,
y aquello que ella inventa yo percibo
queriendo demostrar que sigo vivo,
buscando de intentar ser consecuente.

Que todo lo que escribo es a voleo
según me va saliendo yo lo expulso,
cual fuera que quisiera echar un pulso
a aquello en lo que creo o en que no creo
pues que es fundamental o que es insulso.

Saber o no saber, ese acertijo,
creer o no creer, es más complejo,
que hoy sabes y mañana suena a viejo
y crees pues que alguno lo bendijo
y el vino con que lo hizo ya es añejo.

¿Saber, creer? dudar es lo correcto,
que asiéndose a la duda está la luz,
te ayuda a que lo veas al trasluz
de aquello que imagina tu intelecto
o esconde su cabeza de avestruz.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Roberto Aguirre Molina

Roberto Aguirre Molina

EL SOPLO


que pones en mis manos
la delicada gota de vino

– la causa de nosotros

Tú que incitas
con el gesto sensitivo de lo poderoso
que lo dices con mirar
que sólo te acercas con el fulgor
el vislumbre de la vela en la noche.

PECES

(El delito de la fe)

Traga el anzuelo para ver
la luz del sol.

Sube el abismo
al mirar la superficie.

PONGO SUPONGO

Qué hiciste antes que nosotros? Podías
herir los cuerpos y suspirar
Abriendo tus dedos mientras esperabas
el llamado Perecía tu realidad?
y sus cabellos remolinos Podías?
en la caverna escondida
Húmedos de sal y de miel Tocar?
lo que quizás no tiene toque Tener?
nombrar lo que nombrar
no nombra Tocar?

AMANTES

Sólo vi el fugaz silbido de unos pasos
tras el manzano:

Miel,
boca y lengua
huían del poeta
transparente en los papeles:

Acercaban los cuerpos
el beso.

ALBUS

Al buscar lo que no busco
sé lo que no sé

Cerca
aparento estar lejos
y voy
a retornar
entre luminosas luces
muertas que la noche aviva:

abril en vos

que facilidad decir te amo
y no volar sobre las hojas
como un árbol tallado
naciendo en la juventud del bosque
que felicidad saberte vivo
y no volar ante un espejo herido y no volar sobre las hojas
como un árbol tallado
naciendo en la juventud del bosque
que felicidad saberte vivo
y no volar ante un espejo herido
como tu mano de corteza inhallable
escribiendo melodías y sones
recibiendo la luz en la espesura del monte.

I.

El cuerpo para dormir ilumina
las esferas, la boca toma el incendio
del color, la palabra se endurece
de luz, el ojo recorre
la penumbra, ama sin detalles.

II.

El acto

es informativo
del lamento.

Hecho el grito
según el pacto.

Echo el ojo
que habla
se calla.

III.

por temor
odiamos amar por temor,
por temor
cual tinta sobre papel mojado de blanco
arrojo despojos
en la quietud del silencio
habito mi desconocido soy
extranjero emocionado,
el ojo ve comida
en las sobras abandonadas:
un solo ser es la piel de la oscuridad
cuando llega o se va
el ojo
ante otra boca
muerde
mi cuerpo sin sueños.

IV.

rescatar sus restos y presentarlos
en una mesa decorada:
escoger la máscara de lo Sagrado.

Ofrenda
Todos mueren cuando nazco
a la hora de elegir
números olvidados del azar
dan otra
combinación verdadera:
son tan reales
que hasta miedo dan.

Ojo en la luz, continúo leyendo.

V.

Oigo pasos y no puedo distinguir
si son de afuera o de adentro.
Paralizado de movimientos
toca el aire con sus manos
escribe palabras o mensajes
o caricias
como si fuera él
el dueño de las palabras

el pulso del condenado
que ha encontrado el sitio junto
a su padre
marca cero
la boca muda
empeña las señas

el ojo, una oreja con sed.

VI.

boca: hedor del silencio

En un sueño desaparece
mi carne. Error.
Su carne se va.
Socorro mi cuerpo
dormido
el ojo
acuna detenida vida
duerme mi padre
sueña sin sueños.

VII.

lejana playa de arena.
En el agua un color de otras
voces
se acumulan en mí.

VIII.

amada llamada
que hayas llorado hoy
que tanto huyes de mí
mi cuerpo es un damero
para ceder al óleo sagrado

ojo que nada
en los dones del sacrificio.

IX.

Soy uno de ellos
dos de sus caras se han borrado
carcome la sal
me baño
la herida
por más luz
espejo mis ojos
dorados
en el sampler;

volante, volumen inerte.

La abríamos; algunos no nos atrevíamos a descorrer la tela;
recuerdo que ponía mi nariz en una esquina de la cajita y cerraba los
ojos:
Encendía mi olfato;
depositaba sus manos en mis hombros y sonreía al escuchar los
ruidos: su voz era el Trueno.
De su Libro “Ojo Conmigo” Ediciones Delanada 2000

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