HABLAR UN SOLO IDIOMA/

Miriam Reyes (poeta sugerido)

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Hablar un sólo idioma en el planeta
sería un adelanto tremebundo,
¿entender lo que dice todo el mundo
sin tener que acudir al que interpreta
y menos preguntar donde es oriundo?

Los hombres sin dudar se entenderían,
incluso farsantes y políticos,
autores, lectores y los críticos
fácilmente sus textos leerían
en foros de debate analíticos.

La ciencia y la cultura aplaudirían
acierto de tamaña decisión,
solamente los dueños del balón
con falsos argumentos se opondrían
temiendo allí perder su condición.

¡Que bendición! ya no habría que enseñar,
-¡tanto tiempo perdido en las escuelas,
tal esfuerzo, tanto dolor de muelas!-
evitando así el dinero malgastar
en vanas y baldías bagatelas.

Son los egos que ver al bosque impiden
y de algunos sus filias e intereses,
que acolitan algunos feligreses,
esos mismos, los que siempre deciden,
dictadores, del pueblo sus marqueses
©donaciano bueno

Es posible que no exista nadie que entienda las ventajas para la humanidad de comunicarnos en un solo idioma? Comprendo que me repito, pero no acierto a entender como en esta sociedad no hay quien comparta mi opinión y ponga su granito de arena para conseguir que se establezca un sólo idioma universal y que se empiecen ya a dar los pasos mediante el aprendizaje en las escuelas de todo el mundo. El idioma deber ser una herramienta de comunicación, no de incomunicación.

¿Conoces a Miriam Reyes? Lee/escucha algunos de sus poemas

Miriam Reyes

Mi cuerpo

qué harían con mi cuerpo
quién.

La fiebre me hacía temer
la muerte en aquella habitación alquilada
en un país alquilado para huir
de cualquiera que pudiera recordarme.

La fiebre me hacía temer
mi cuerpo solo
dejándose pudrir en un viejo colchón.
Gusanos antes de que alguien pensara en mí.

Nadie a quien llorar, nadie a quien avisar
muerto o vivo
mi cuerpo
no encontraba ninguna diferencia.

– Antes de que te lo enseñen por ahí

te lo voy a explicar yo
-me dijo-
mientras abría mi cama.
Ya no recuerdo cuantos años tenía entonces,
si era joven o vieja.
Sólo recuerdo el asco
arrastrándose dedo tras dedo
por las manos de todos los hombres
-por mis propias manos-
Por favor, pasen sin tocar, pasen pasen.

Hasta que un día encerré el dolor en un frasco
le puse al asco tu cara
y cerré la tapa.
Cuando abrí los ojos habías desaparecido
y por fin pude besar
los ansiolíticos dedos de mi amante.

Me he vuelto demasiado sensata

comprensiva abnegada
perfecta hasta la náusea.
Te dejo que pasees con tu aire de semental
al baño de la cocina a por un poco de agua.
Si me preguntas
te digo que sí para no entrar en detalles
para que duermas tranquilo y rindas en la oficina.
La mentira es a menudo más fácil y espontánea
como estar juntos.
Es cómo mi cuerpo,
tiene esquinas redondeadas
y formas ergonómicas
(sin hablar de lo mucho que abriga
y lo poco que pesa).
No pide nada, no hace preguntas
prefiere no saber.
Acolchado de amor
hace tiempo que no siente la cabeza.

Soy lo que no entiendes

y simplificas
lo que no puedes cambiar
y limitas
lo que necesitas
y humillas.

Por más que te obedezca
no hago lo que deseas.

Por más que me anules
te lastimo.

No voy a contestar esa llamada

trae una voz de uñas rayando la pizarra
y un repertorio de rostros de la náusea
que conozco de sobra.

Corté los hilos limpié las huellas
detuve todo flujo que pudiera extenderse
del uno hacia el otro.
Barrí tu cuerpo de huesos y carne
fuera de mi cabeza.
Todo lo tibio también todo a la calle.

Y tú sigues repicando
incansable entre los tubos
vacíos de mis arterias.

No soy dueña de nada

mucho menos podría serlo de alguien.
No deberías temer
cuando estrangulo tu sexo,
no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.

Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.
Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,
no necesito más paredes y adentro tengo
mucho espacio:
ese desierto negro que tanto te asusta.

Te tengo todo marcado

como un yacimiento arqueológico.
No es extraer los restos de ti lo que persigo
-ruinas de una ciudad tallada en la arenisca-
lo que quiero es penetrarte
taladrar la piedra de tu cuerpo
y este sexo cóncavo de mujer
se vuelve inútil para mi deseo.
Cavo en tu ombligo
para entrar por el flujo de tu sangre.
Vacío mi espíritu como aire en tu boca
y te observo respirarme.
Ya sé que no necesito de piel para tocarte
no es eso
lo que yo quiero es hacerme
una cueva en tu cuerpo.
Flexiono tus rodillas bajo mis axilas
como los brazos de un taladro.
Las aceras que rompo
son las de tu calle.
Con mis pestañas barro
el polvo que levanto de tu frente
y no me detengo hasta que soy tú
y tu sexo es el mío hasta que soy yo
quien está dentro.

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