HAY TARDES…

Victor Hugo Piña Williams(Poeta sugerido)

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Hay tardes en que la lluvia luce triste
cual si anduviera vacía de esperanza,
cansada de regates, que al despiste
disimulan disfrutar pues tu te fuiste
y no puede soportar ya la tardanza.

Tardes hay en que el sigilo está aburrido
e incluso al cielo le nubla la mirada,
pareciera su señuelo se ha perdido
en la bruma de una pena, compungido,
o en la queja de huella de una pisada.

Hay tardes en las que cae a mogollón
sobre escarpadas montañas de la mente,
se oye un rugido o es un grito que insistente
que produce en esa herida un hinchazón
en memoria del reencuentro inexistente.

Pareciera que pidiendo va perdón
como si sintiera vergüenza haber caído,
absorta en la tristeza y la emoción
sufrir lamenta la afrenta al corazón
renegando igual que yo de haber nacido.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Victor Hugo Piña Williams

Victor Hugo Piña Williams

El bitorso

Para Laura Orozco
y Fernando Solana

Todo.
Te empujo el palabrerío
que me hace el cuerpo,
te soplo la lengua
que te gritas.
Hela ahí habla verrionda
de boca en boca.
Él la habla,
hablija de ella deshablada en la quemadura queda del aire,
su duna adelia su puente adunco,
nabla de su rijo que cantarilea las gémulas de su ardida.
Él la habla,
él habla ella
como palabra de carne
—soy yo ¿te oyes?—.
Corres por la voz que te corre,
trasgueas a vueltas de tactos.
¡Ah traviesuca,
te atravieso de verba!
Te palabro pues locuela,
locuela en que me hablo sin entenderme al oído de lo ido
[en el arrecil de la yacedumbre.
Blablamos bla blablamos.
Balumosos blablamos bla.
El verbo de dios,
el vergo de dos en la medusa.

Toda.
Te brago a manos llenas.
Te voy hacia vas,
como rezo de saliva.
Te aviento la yerba de la sal,
no puedes que te puedo
a puños abiertos a lo largo labiado del satín rubescente,
en andanadas de estupores que el oxígeno bate como alas
[a través del nubazón de teamo.
No podrá ser sino
que te coja los quejidos y junte sus favilas de vaho
y sienes,
que te acoja las uñaradas,
que te criature el triángulo
a méntula.
Tendré más celos de ella que tú los tuviste de mí.
Me la haces y te la pago.
Irrúmate de mí.
Así asá. Desgózname. Gozo.
Te muevo guerra,
te extravío en el humo de las cabras que
[incendian.
Te revuelco a mal hacer,
se te caigo el cielo.
Me río, je, con los dientes molidos del que se tragó el
[gritor del cuerpo llano.
Ah con qué odio me miras del que un bien se sabe amor.
Aquí y aquí mandobles de testa que busca.
Mátame vivo y culiándote,
que la hilaza voltiza del viento que luchamos
acinture su maleza,
fugue su flogisto,
el vaporzuelo del animal que se despereza
en la pausa híspida de su solivianto
[de mío tú yo,
Se repina sobre sus cuartos
la bestia
de las dos espaldas.

El bitorso.
Mamígero,
hominiano feminifloro,
nudívoro.
Plexo en delta que levanta hacia la fullona de la boca [dupla,
su celaje partido,
sus zetas, jotas y
[gluglús de vanifuerza.

Y más lejos beso en agraz, la astomia ya cundible por
[toda la pirámide de las cinturas.

Ni vestiglo ni endriago ni egipán.
(aunque el hirco que te
[lamo mucho
a narices febridas de liso sabor y pelaje
es homilía de celo montes).

De la familia de los estrigidos de la estruacion.
Adéfago igual sin hocico o con el solo costurón de los
[labios.
Abléfaro bifronte que a ojos pende de la plomada solar.
Gasterópodo sobre el lento relámpago
[del sudor.
El sucio lambucear de dos castores y poluxinos.
Ápice morado y protáctil les
[dardea el paladeo,
las centésimas de carne de la subitación ascensa,
de halcón arenisco,
de carnero hendido en su corcovo diosador, en su ayunta
[de harina crecedera y orinada por lo vivo.
Aquí estamos el bitorso,
¡cómo roe la peñasca de su abrazo!
Míralo alamparse enroscado en el tubérculo de su vacío
[de linfa y luz seca.
Ah cómo te aflijo el infíbulo.
Partimos el ovezuelo que blabla bla.
Te Dido o digo.
Me tienes tu tener, ten.
Folgamos como es razón.
Digamos higuera por ejemplo.
Vamos, ea.
Nace y muere, mata y vuelve el crío entre las piernas.

Transverbación

Para Octavio Paz

I
Lo que la sílaba soba y desova
es el pulso larvoso de la nada,
la Vesta que deflagra su melisma,
su llama que te abro

aquella boca que calla en la boca
y que saliva en ábaco su sílaba
y el abáculo aboca de su sino,
vocal que vidria un agua.

Transido estanque que la voz represa
y —os, ble, du, fí, trans (úvula que ovula) —
dcsgrana como pujos coloidales
del labio de su gana.

II
Del venablo a la boca hay un vocablo,
astil buido de alcanzar alcance,
de ir y llegar para asparse en el centro
famoso de su borde.

Poco hacia nada es lanceta de casi,
pujosa y repujada así de sílabas,
de si las hablas criboso te escanden
canción labrapalabra.

Y pecíolo vive de agualumbre
a ganar el ahora de hábil pasmo:
extraño envaramiento que se envara
saeta disparosa.

III
Por adarmes y en gracia palatina,
bulle la voz zarabanda de agujas,
y sí que no que sino el gran saetín
recorre del idioma.

Molino de tesón y pie de ensalmo,
sien de artificio y espuma de ágata,
el idioma se enciende y se hace lenguas,
se hace y hace lenguaje.

La esfinge decidora que ilimita
su tino contra jueces que aseguran
que se equivoca y olvidan que es esa
la equidad de su boca.

IV
Pica y pica el vultúrido del verbo
—zamarrea y junta, saja y socaliña—,
hace avío en un claro de papel
que sólo así se aclara.

¿Es otra la total llanura llena
en que se desmorecen los relapsos?
El picoteo de escribe escribiendo,
¿acaso no los salva?

Es rapiña y aliño en un desierto
que marca la voz del solitario:
quien habla solo espera hablar un dios
de página y de tinta.

V
Es y envés, va y voz, sonda y senderea,
y llega como estar, no ya, no yo,
antes estarecida vez de habla
jamás allegadiza.

Ándalo linde, encrucíjalo vía:
apéate y despéalo galope.
Tíntalo y púngelo púa de sangre:
poémalo plenario.

Éxtasis unitivo que desune
verbíferos enjambres de almo azogue
y conyuga la brama que hace estrofa:
envergúese su fuerza.

VI
Grito muy grande de nardo muy quieto,
lívido riel que se reza caminos,
musgo que en la garganta se demora:
lucia encía de ansia.

Por el pliegue del aire pasa ahusado
y muy zumoso de su sumidad,
como el rosario que pasan los dedos
que tiemblan las palabras.

Es la nada toduna que exúbera.
Es el silencio. Lenguaje o cilicio.
Idioma varadero y hambre en signos:
signaje verdadero.

VII
Presente, mustia gota del instante
(esmera cauces bruscos de ámbar ido),
loma lamida por vientos hadados
de tienes y no tienes.

Su tic tac acompasa y rapidece
los ocios del vacío y de sus naipes,
que tesaurizan y tahurecen grávidos
caudales de quizás.

Niño bautista que a tiempo del tiempo
a los decapitados capitosos
del santiamén alumbra, mientras juega
soldaditos de polvo.

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