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1º MACHADO, DON ANTONIO, QUÉ DIRÍA (mi poema)

2º El poeta sugerido: ''José Teruel''

MI POEMA…de medio pelo

 

Admito que soy lego, a nadie ofenda,
no tengo la verdad de sacristía,
mas pienso si es que un día volvería
aquí para mediar en la contienda
Machado, don Antonio, qué diría
de aquello que hoy se dice es poesía.

Que hay algo que me gusta, no lo niego,
mas mucho a qué mentir que olvidaría,
por eso en una tarde parda y fría
comienzo a meditar y lanzo un ruego,
Machado, don Antonio, qué diría
de aquello que hoy se dice es poesía.

Y puesto que las reglas ya no es usan,
ni el ritmo ni la rima y melodía,
ni el surco para arar que era su guía
y a veces de metáforas se abusan,
Machado, don Antonio, qué diría
de aquello que hoy se dice es poesía.

No entiendo a qué se debe tal barullo
si tanto a mi me gusta lo que hacía,
los versos con que tanto entretenía,
y en medio de esa bulla me aturullo
quisiera adivinar lo que diría
Machado, si tal vez se indignaría.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: José Teruel

José Teruel

NOCTURNO CON CONCIENCIA DE VUELTA

Sucede sin previo aviso
encontrar a alguien con quien dormir una noche,
para despertar después de amor incumplido
frente a un rostro
al que no terminamos por acostumbrarnos.

De vuelta a casa nos acogen presagios de mucha realidad
o de muerte amenazada con fatiga de seguir expresándola
poco a poco.
Me irrita saber si fue todo inútil o necesario,
si tuvo que pasar porque quise que pasara,
me irritan los lazos que revisan la trama, la manera, la culpa,
la pura vergüenza.

Y afirmo y borro que en esas redes,
en estas redes, he contado lo inexorable del fruto
y del mar que es mucho más amplio.
Afirmo y borro que en ellas caeré, quizá ilusión o nuevo lecho,
o simple error en la misma historia pareciéndonos nueva.
He aquí la voluntad del hijo: equivocarse, quererse sobremanera
y darse cuenta de que no todo tiene un modo de sentido.

En la leve inclinación del cuerpo,
con la suave laxitud del reposo,
hoy me inclino al lado del comienzo,
cuando de amor se tuvo un rostro,
cuando se sabe lo poco que sirve en estos casos.
***
Es Amor sentimiento de ausencia,
es también derrumbe,
morosa traducción de los sentidos.
Mas con asombro de mis ojos,
vuelvo a él en trucado esfuerzo,
suavemente la mano,
e impregna de luz lo que son centímetros,
segundos, época…
Y tras tonos cómplices
e irrealidad materna,
es Amor dudoso sueño de hacerse ser,
es Amor copiosa lluvia.
***
Mientras masticaba la hoja de laurel
fue visitada por palabras
que ella no decía,
pues nadie pudo oírla,
palabras por delante de sí misma.
El destino está en su voz,
en el reencuentro insomne
que luego olvidamos,
mientras melancólicas marinas
con olas que no terminan de estrellarse nunca,
recuerdan el silencio de Casandra
donde la memoria no encuentra su principio.
Como jamás cuerpo de amado (1992)

NAUTA MUNDO NÁUFRAGO

I
Atardece en Samos.
Inútil escudo
será la noche,
coged el laurel
y hablarán las piedras.

Atardece en la lápida,
escucha su silencio:
¡cómo gesta el muro
su alcance de luz,
cómo agota la luz
su miedo a la sombra!
¿Qué perfil oscuro,
qué gesto de piedra
conducen al ápice,
al orden del bautista?

Dispuesto al sacrificio
me dejo tras la estrella.
Viento sur remotísimo,
que no impone límites,
me baña en su deseo,
y allegado me inventa,
me hunde, me agota y huyo:
Nauta Mundo Náufrago.

Sólo quiero verlo.
El agua está fría:
corre, suspira, teme,
y sólo quiero verlo.
Me está amando
y no resucita.
No es resurrección
el balbuceo, en sombra,
voluptuoso ahogándose,
como todo lo divino.

Navega, asesina,
navega y deposita
siquiera el favor mínimo,
la cumbre que toque la moneda;
tan sólo la mejilla,
la palabra promiscua
de olvido y de amante;
tan sólo la seña,
la impávida seña,
tu exceso de apariencia,
y no resucitas.

¿Por qué hemos salido todos,
contra qué cruz,
contra qué limpia acometida,
contra qué dulces clavos?

Amanece en Samos
y no resucita.
Han cerrado las puertas,
repartirán el pan,
derramarán tu vino,
y huiré como huyen las fechas
tras la misma pasión
que roza lo soñado.

II
Que te apetezca a ti, mi dios,
que no haya sino una lámpara,
ardiendo en el altar de mis sentidos,
encendida con fuego de verdadero amor
que alimenta a cuanto siento y oigo
de la admirable perfección
de este cuerpo, aceite purísimo,
que hoy recobro y siempre mandas quemar
en mi santuario más íntimo.
La soledad de los nombres (2000)

Vertical de ausencia

Escuchaba tu silencio en mi boca
inundada de palabras de ti,
que no supe decirte

por celestes y hambrientas.

La estancia era un espejo ciego,
como blancura vertical de ausencia
sobre mi cuerpo inmóvil,
ardiendo en los oídos
por promesas de amor contra el olvido.

Suspensión

Recuerdo tu voz.
Entretuve tu palabra.
¡Qué quieto silencio!

La soledad de los nombres

Hay un verso abandonado que busco
en la luz ya vencida de la tarde.
Los nombres encerrados en la letra
se han quedado solos.
Las cosas que nombraban se han marchado,
extraviadas por el aire, me atañe buscarlas.

Privación

Que te apetezca a ti, mi dios,
que haya solo una lámpara,
ardiendo en el altar de mis sentidos,
encendida con fuego de verdadero amor
que alimenta a cuanto siento y oigo
de la admirable perfección
de este cuerpo, aceite purísimo,
que recobro y siempre mandas quemar
en mi más íntimo santuario.

Aire

Vacío está de todo ser el aire.
Regresa nocturno, mudo de ti,
ausente en huellas dactilares.
¡Aire de ausencia hueco!
Donde solo queda aire
tu voz empieza a oírse.

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