NO ES LO QUE PARECE

Ismael Enrique Arciniegas (poeta sugerido)

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Hay quien dice que a Jesús
le entregaron sus hermanos
y en lugar de dar las manos
le clavaron en la cruz.
Y es que hay veces que la luz
en vez de alumbrar te ciega
lo mismo que hace en la siega
la hoz que a la mies paciente
traicionando a la simiente
va y la mete en la refriega.

Y es que hay veces que las cosas
nunca son como parecen,
que unas hay que te enternecen
y otras hay que, dolorosas,
aunque a ti parezcan rosas
tienden trampas sus espinas
repartiendo sus inquinas
si está oscuro o es de noche,
con gran saña y gran derroche
cual las heces en letrinas.

Como el árbol florecido
que aparenta estar muy sano
y en el centro está el gusano
pues por dentro está podrido.
Tu te sientes compungido
o mejor te han traicionado.
Cuando miras tu tejado
y percibes que ha llovido
no preguntes por qué ha sido
te dirán que te ha tocado.
©donaciano bueno

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Ismael Enrique Arciniegas

A solas

¿Quieres que hablemos?… Está bien…, empieza…,
habla a mi corazón como otros días…
Pero no… ¿Qué dirías?…
¿Qué podrías decir a mi tristeza?…

No intentes disculparte; todo es vano…;
ya murieron las rosas en el huerto;
el campo verde lo secó el verano;
y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.

¡Amor arrepentido!…
iAve que quieres regresar al nido
a través de la escarcha y la neblina.!..
Amor que vienes aterido y yerto…
¡Donde fuiste feliz ya todo ha muerto!…

No vuelvas… ¡Todo lo hallarás en ruinas!…
¿A qué has venido?… ¿Para qué volviste?…
¿Qué buscas… ¡Nadie habrá de responderte!…
Está sola mi alma y estoy triste,
inmensamente triste hasta la muerte…

Todas las ilusiones que te amaron,
las que quisieron compartir tu suerte,
mucho tiempo en la sombra te esperaron
y se fueron… ¡cansadas de no verte!…

¡Cuando por vez primera
en mi camino te encontré, reía
en los campos la alegre primavera!…
¡Hoy todo cuán distinto!… Paso a paso
y solo voy por la desierta vía;
nave sin rumbo entre revueltas olas;
pensando en las tristezas del ocaso
y en las tristezas de las almas solas.
En torno la mirada no columbra
sino aspereza y páramos sombríos:
los nidos en la nieve están vacíos
y la estrella que amamos ya no alumbra
el azul de tus sueños y los míos…
¡Partiste para ignota lontananza
cuando empezaba a descender la sombra…
¿Recuerdas?… ¡Te imploraba mi esperanza!…
Pero ya mi esperanza no te nombra…
No ha de nombrarte… ¿Para qué?… Vacía
está el ara y la historia yace trunca…;
ya para qué esperar que irradie el día,
ya para qué decirnos: Todavía…
si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!…

Dices que eres la misma, que en tu pecho
la dulce llama de otros tiempos arde,
que el nido del amor no está deshecho,
que para amarnos otra vez no es tarde.

Te engañas… No lo creas…Ya la duda
echó en mi corazón fuertes raíces…,
ya la fe de otros años no me escuda…
¡Quedó de sueños mi ilusión desnuda,
y no puedo creer lo que me dices!…
No lo puedo creer… Mi fe turbada,
mi fe en tu amor perdida,
es ancla de una nave destrozada…
¡Ancla en el fondo de la mar caída!…
Anhelos de un amor, castos, risueños…
iYa nunca volverán….Se van…, se esconden…
¿Les llamas?… Es inútil… ¡No responden!…
iYa los cubre el sudario de mis sueños!…

Hace tiempo se fue la primavera…
llegó el invierno fúnebre y sombrío…
Ave fue nuestro amor… Ave viajera…
¡Y las aves se van cuando hace frío!

En Colonia

En la vieja Colonia, en el oscuro
rincón de una taberna,
tres estudiantes de Alemania un día
bebíamos cerveza.

Cerca, el Rhin murmuraba entre la bruma,
evocando leyendas,
y sobre el muerto campo y en las almas
flotaba la tristeza.

Hablamos de amor, y Franck, el triste,
el soñador poeta,
de versos enfermizos, cual las hadas
de sus vagos poemas:

«Yo brindo —dijo— por la amada mía,
la que vive en las nieblas,
en los viejos castillos y en las sombras
de las mudas iglesias;

»Por mi pálida Musa de ojos castos
y rubia cabellera,
que cuando entro de noche en mi buhardilla en la
frente me besa».

Y Karl, el de las rimas aceradas,
el de la lira enérgica,
cantor del Sol, de los azules cielos
y de las hondas selvas,

el poeta del pueblo, el que ha narrado
las campestres faenas,
el de los versos que en las almas vibran
cual músicas guerreras:

«Yo brindo —dijo— por la Musa mía,
la hermosa lorenesa,
de ojos ardientes, de encendidos labios
y riza cabellera;

»por la mujer de besos ardorosos
que espera ya mi vuelta
en los verdes viñedos donde arrastra
sus aguas el Mosela».

«¡Brinda tú!»—me dijeron—. Yo callaba
de codos en la mesa,
y ocultando una lágrima, alcé el vaso
y dije con voz trémula:

«¡Brindo por el amor que nunca acaba!»
y apuré la cerveza;
y entre cantos y gritos exclamamos:
«¡Por la pasión eterna!».

Y seguimos risueños, charladores,
en nuestra alegre fiesta…
Y allí mi corazón se me moría,
se moría de frío y de tristeza.

Las garzas

Se aleja el barco. Luz de madrugada.
La aurora alumbra el peñascal sombrío,
y de garzas el vuelo ligera bandada
tiende en la quietud del río.

En sus alas la luz se atornasola,
y del oriente entre rosados velos
parecen, blancas, en la orilla sola,
un adiós silencioso de pañuelos.

Hojeando un libro

De láminas un libro yo hojeaba,
Y en un extremo de la sala, Lola,
Junto a su madre —que también cosía—
Cosía silenciosa.

De pronto «¡Watherloo!» dije en voz alta;
«¡Aquí Napoleón… éstas sus hordas!…
Lola, acércate, ¡ven! que raras veces
Se ven tan bellas cosas».

Dejó la niña su costura al punto,
Juntó a la mía su cabeza blonda,
Y de un beso el calor sintió extenderse
Por su frente marmórea.

Y mirando a su madre de soslayo,
Dijo quedo: ¡qué lámina preciosa!
Y añadió cabizbaja y sonriente:
Oh !muéstramelas todas!

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No busques la verdad en las verdadesni busques de la vida las razones,no intentes complacer a tus pasionesque suelen transformarse en veleidadesa base de ilusiones.