NO ES LO MISMO GRITAR QUE GRITAR/

Carlos Aganzo (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Mi calle tiene un halo de misterio,
la valla de un colegio lame un lado
a ratos silencioso, alborotado,
de juegos de los niños es su imperio,
yo miro y me recreo alucinado.

Pared con su pared hay un cercado,
solar de diversión para los toros,
a veces ambos gritos hacen coros,
resuenan en el aire entrelazados
aunque suden, lo sé, distintos poros.

Yo intento separar ambos desgarros
no puedo desligar, no encuentro modo,
¡qué difícil aislar agua es del lodo!
los gritos que son limpios de los guarros
que sangra al corazón o del beodo.

Ambos gritos expresan la alegría,
ambos gritos sudan de mismas fuentes,
mas ambos son opuestos, diferentes,
unos suenan a muerte y agonía
y otros manan de bocas de inocentes.
©donaciano bueno.

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Grito: Sonido agudo y estridente emitido con la voz de manera fuerte o violenta. Generalmente representan emociones a veces tan opuestas.

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Carlos Aganzo

Finalidad del alma

Recuerdo una frase bella indefinida
como un beso viejo
que ha perdido el olor aunque mantiene
temblor sin superficie.

Recuerdo un rostro amado en la distancia
como el polvo seco
que ha dejado una hoja del otoño
antes de ser aire.

Recuerdo tu ausencia
como un dolor de manos;
una oración que dice:
“La finalidad del alma es el deseo”.
Y después, el silencio.
(De “Manantiales”, 2002)

Poema II

Más te podan, negrillo,
más vida nos das en primavera
y sombra en el verano.
Así, como tú, los hombres buenos:
la raíz bien en tierra,
la copa llena de pájaros
y las ramas dispuestas a dar cobijo siempre
a aquel que lo necesita.
Y frente al leñador, el tronco firme.
(De “Como si yo existiera”, 2004)

Un hombre solo

Dime dónde están ahora
aquellos que gritaban
mi nombre entre las palmas.
Dónde cuando el dolor
de la traición y el engaño
se fue llagando en mi frente
como corona de espinas.
Cómo es que dejaron sola
a mi madre, al amigo
para mí más querido,
aquel que reposaba ayer sobre mi pecho
con dulzura de ángel
y hoy va deshabitado,
apartando a su paso calaveras
en este oscuro Gólgota
de los desengañados…

¿Cómo has podido, padre,
dejarme aquí tan solo,
oyendo únicamente la voz de los soldados
que se juegan mi túnica,
y ese sordo lamento
de los que esperan la muerte
sin remisión posible?
¿Por qué si me trajiste
aquí como el heraldo
más alto de tu templo?
¿Por qué si tuve entera
Jerusalén a mis plantas,
si me amaban los niños,
si tenía la dulce sonrisa de María
envuelta en la pomada
que alivia las tristezas del camino;
si hubo doce leales
que partieron conmigo
el pan de la concordia?
¿Por qué este aliento amargo
de hiel que hay en mi boca
rota de ángel caído?

Tanto dolor de Dios
para un hombre tan solo.
(De “Caídos ángeles”, 2008)

Coherencia

¿Debe un hombre que dice
ser fiel a la causa de su patria
empuñar el fusil, subir al monte,
y activar explosivos
bajo los coches de los generales?
¿O acudir al trabajo cada día
y educar a sus hijos en un mundo distinto?

¿Acaso debe un hombre
fiel a la tradición de sus mayores,
desnudarse en silencio,
dejar su ropa y sus lamentaciones
doblados en un banco
antes de entrar, solícito, en la cámara
de las dudas profundas,
sin mirar a los ojos al soldado
que le empuja a la puerta?
¿O mejor debería
armarse de coraje
y buscar ese hueco en la alambrada
que conduce hasta el bosque
donde la belladona
embriaga el olfato de los perros?

¿Debe un hombre que dice
amar la libertad y la justicia
sobre todas las cosas
recostarse en la tierra
delante de los carros de combate
o sentarse en la vía
a esperar que detenga
su corazón el tren de las infamias?
¿O debe ir cada día
prudentemente al aula,
sembrar en sus alumnos
su semilla de sueños
y esperar que germine
cuando estén las espadas envainadas?

¿Acaso debe un hombre
coherente con su obra literaria
caer ebrio en las calles de la noche,
perder un brazo en lucha contra el turco,
o una mano en un lance callejero
o la honra en lo oscuro de un prostíbulo
y dar fin a su vida con pistola?
¿O quizás retirarse
donde habita el olvido
y dejar para nadie
versos que ayudan a entender el mundo,
palabras de consuelo
para las horas grises,
retamas de verdad
en el fulgor incierto de la noche?

¿Debe un hombre que dice
abrazar con fe ciega su destino
apurar la amargura de los cálices,
entregarse al castigo
brutal de los verdugos
en lugar de quedarse
oculto entre las sombras de un olivo
y encontrar la mañana
en un campo florido de azucenas?

¿Debe un hombre que ama
negar que hubiera amado
si no dejó la vida en el empeño?

¿Debe un hombre ser hombre,
crecer, hacerse viejo,
y legar a sus hijos
el miedo de sus padres?
¿O buscar en el magma palpitante
de su sangre caliente
los restos que aún perviven
de la antigua locura
con la que modelaron
los dioses su cabeza?
(De “Las voces encendidas”, 2010)

HABITAS LAS PALABRAS

Lo cierto es la palabra.
Eugénio de Andrade

I
Habitas las palabras
como hachas encendidas de memoria
donde constantemente se pronuncian
tus actos ordinarios.

Habitas las palabras
como dardos de amor
de punta placentera y venenosa.
También como interiores
escalas musicales
que mueven los cimientos
fonéticos del alma.

Habitas las palabras
como bosques de ensueño o de locura,
donde pacen los ciervos
que te están esperando en otra orilla.

Y ellas viven, también, entre tus labios,
metáforas del alma.
Te distraen de la muerte.
Te enredan con sus cantos de sirena.
Te previenen de mí. Quieren que admitas
que sólo con sus besos
podrás ser inmortal.
No las escuches.

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Eres bella, y presumes de sonrisa,sabes bien al mirar cuanto reluces,que eres flor que destaca…
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