SOÑADOR

Mi Poeta sugerido: »Aixa Rava

EL POEMA Lee otros poemas REFLEXIVOS

 

Él es un solitario empedernido,
un tipo que no aguanta la corriente,
que vino para estar siempre presente
y en medio del camino se ha dormido
y acaba de indigente.

Se siente como el ave que está herida
por culpa un cazador impresentable
que impide ya volar, de ala partida,
y obliga a que se diera a la bebida
y ofenda al respetable.

Maldice a los que al agua la bendicen
y dicen que te sana, que te cura,
y en cambio a la cordura la maldicen,
convierten en verdad lo que ellos dicen
en medio su amargura.

Su sueño es conseguir no tener sueños
haciéndole a la vida un estropicio
dejando de insistir en los empeños
asi que se presenten halagüeños
tratando de escribir, su único vicio.
©donaciano bueno

Por qué llaman vicio a eso que te alegra la vida? Clic para tuitear
POETA SUGERIDO: Aixa Rava

Aixa Rava

Cuando no haya nada

No sé cómo suena tu voz, hermana,
cómo danza tu risa y tus ojos cómo transitan
las cosas, los bordes, lo amplio, lo angosto.
No sé cómo tocan tus manos
lo rugoso, lo suave,
lo que amás, lo que te hastía,
ni cómo sueña tu mente, tu pecho
cómo abraza lo que te ilumina, lo que te calma.
No sé si lloraste anoche, si bebiste
¿te alimentaste?
Si hubo un hombre o una mujer
a tu lado, si fue hace mucho,
ayer, si será quizás la próxima semana
esa felicidad inmensa
o esa tristeza abisal
que poco a poco mata.
No sé de vos casi nada
solo lo que importa: que sos hermana
y basta para armar un cuerpo de palabras
que te abrace cuando el tuyo se vuelva parva
una casa para que habites en la distancia
una carta para que leas cuando no haya nada.

El principio

Yo ansié tener un cuerpo que practicara,
como un arte, la ignorancia de sí.
Claudia Masin, “Mi mundo privado”

¿No te diste cuenta?
Eras vos,
te sentaste a mis espaldas.
Yo leía un libro boca abajo
—era mi cama
vos me mirabas.
¿No te diste cuenta?
Eras vos,
yo no entendía que te acercaras
con la mano como pala
para hundirme en el cuerpo
—no te miraba
pero eras vos
tocando
mi fondo
mi principio
—fuiste el principio de todo.
Tiesa seguí, leía
leí
leí
no hubo palabras
no supe si no entendiste
o no te importaba
que era yo
y que me ahogaba
en un silencio que fue solo nuestro
en un dolor que fue solo mío.

Lo que saben mis plantas I

piescésped
piescésped
piescésped
activo el mecanismo de mis piernas
al borde el lago
arriba nubes
abajo
mis plantas
uniéndose a la tierra
piesnervaduraspies
nervadurascésped
rastros que llegan hasta la gruta
rastros de olas, trazos de arcilla
descanso
mi lado oscuro sobre la hierba.

LOS SITIOS DE MI CUERPO

Muérdago magnolia y parra

Caminamos hacia el frambueso sobre el tibio césped
la cabeza cubierta, las mallas bordeadas con factor 50
nos gusta este plural que se desliza por la tarde
este recoger los brotes con el sol encima.
Al costado se extiende más allá la leña
y los pies pueden encontrarse con el pozo y la sierra,
el calor bosqueja todos los contornos
y quién sabe qué hacemos
en este punto del mundo
con ardor semejante.
Acequiándose con el agua
agitada inquieta
viene un tropel de hojas, penachos y tierra
no hay nada que no corra acá
nada que escape en la siesta de la chacra,
muérdago magnolia y parra.
Caminamos en reversa, abandonamos
un vaso sobre los bins, una tuca en la cocina,
ropa interior en un living, alguna
toalla mojada y en ocasiones también
—ya no se niega
la ternura antes de la cama.
Hubo veces que despertamos
y no nos sentimos en casa.

Lo que saben mis plantas II

a FM

Me besa los pies como si supiera
lo que yo no sé.
Los pies me besa, me muerde como si pudiera
hacerme renacer.
No me devuelve intacta
yazgo ahora
coloreada por ese acento suave de su lengua
entre mis dedos
me besa, me lame, me muerde
los pies que enloquecidos corren
sueltos de todo enlace
con el resto de mis miembros
con el deseo.

COCINAR

Pienso mientras corto las papas
mientras cocino para mí como hace tiempo
cocinaba para nosotros
que yo querría cocinarte a vos
cocinarte en esta cacerola
reducirte con un bocado de hongo
mágico
salpimentarte a gusto, rehogarte apenas
con cebolla morada y pimiento rojo
ponerte las papas debajo y encima
no te preocupes
hace calor pero el aroma es extraordinario.
Quedarías tierno, casi tanto como sos
dorado
así como se vuelve tu pelo en el verano,
te comería a mordiscos desesperados
tenerte dentro como nunca antes.

Está claro
que todavía no puedo
cocinar para otro.

ESTARSE VACÍA

Se me van los recuerdos de ese suelo
y con ellos
un poco me voy,
un poco me pierdo.
Y quizás
yo tampoco quiero
perderme de a poco en este tiempo.

Primero fueron los olores.
Aquel perfume dulce y viejo
que moraba en un tapón
de frasco sin cuerpo.
El olor de la tierra y de los troncos,
de las flores del jardín de casa,
el olor de mi cuarto, de mi cama.
No hay olores de toda esa pequeña infancia.

Tampoco junto las piezas del barrio donde vivía,
el dóberman de la vuelta, los gatos de la vecina.
Había extremos y aridez en las aristas
tierra y cemento helado, ñires
barbados, lejos,
y mucha sal en el viento —ese sabor sí que había.

Se me van los recuerdos,
qué ironía,
tanto quise que se fueran
y hoy me extraña
como si pesara la ausencia
este estarse vacía.

Con la barcaza se aleja,
mi niñez de isla.

TARDE

Tatung pone el mate sobre la mesa,
lleno de yerba suave hasta la mitad;
la miro entrar por quinta vez a la cocina
y volver con la pava
y el repasador de las frutitas.
Sabe que no me gusta que me hablen cuando leo,
y yo sé que le gusta hablarme mientras ceba.
Dejo los libros
y también subo las piernas a la mesa.
Nos miramos antes de entrar en las palabras
como si volviéramos otra vez a ser dos niñas,
bajo el árbol de casa,
planeando construirnos otra vida.

—Las llaves estaban sobre la mesa del living
y estaba durmiendo en el escritorio.
—¿Te dijo algo cuando se levantó?
—Seguía durmiendo cuando me vine.
—…

Nos miramos otra vez, ahora como mujeres,
el agua ayerbada en la saliva,
amarga, caliente, anodina.

—Me tengo que depilar.
—Sí, yo también.
—Qué al pedo, ¿no?

Planeamos construirnos otra vida.

Tierra del fuego

La luz rodea el verano en el recuerdo,
aquí la sombra deambula con los niños;
entre turberas y fiordos, los glaciares
hacen que el hielo se vuelva un enemigo.

En esta isla, la sangre se congela,
la piel se raja, la voz se hace chillido;
y hasta las bestias, las plantas, los caminos
creen que la nieve es ajena al paraíso.

Y es que no hay cardos, sudor, no hay regocijo
de tambos, de granjas ni de silos;
y si hay un sol, un día, una tarde,
se esconde junto al hierro sin aviso.

Jugar es cosa de adentro, no de plaza,
y a nadie se le antoja el infinito,
que está en el mar, en el nombre, en la bahía,
en todo el viento, y también, en todo el frío.

En un domingo de bosque y costa espesa,
la libertad una rama de lenga
quiebra
con la ilusión de salir y no encontrarse
con el blanco, el gris y la tristeza.

La isla para el niño es una cárcel
con gaviotas, nutrias y orcas muertas,
un exilio, un castigo, una venganza,
que en el sur de estos pies dejó su huella.

Tempestad

Detrás del vidrio se entroniza el gris,
en una superposición de formas de cemento,
de humedad que chorrea y se hincha,
de grietas que enmudecen y agudizan.

El verde más verde se mueve y se moja,
siente el frío temblor de las hojas
y narra
entre las ramas
impulsos de manos, pechos blandos, encrucijadas.

En volátil sedición, destiñéndose
las nubes se evaporan desiguales,
ultrajadas, proteicas, desmembradas

—más profundas son las líneas
cuando están desdibujadas—
y suman manchas más grises,
más lilas, más blancas
para enterrarse en el cielo.

La calma sin combate se adueñó del tiempo,
presumo un suicidio de pájaros y ecos.

Horizonte

Bicicleta y pedaleo
veo pasar la piedra
toda cortada en figuritas,
veo el cemento y las baldosas,
la tierra bajo mis ruedas
de triciclo
pedaleo
y me alejo porque no quiero
pero quiero
llegar al campo, rascar el cielo.
Perderme
entre los maíces
que grises se van poniendo
y entre semillas
y tallos —tumbas,
trigo, puentes, bayos
punzar el horizonte
muy lejos
muy alto
y en un punto
desbordado nubloso extremo
quedarme porque me siento
muy afuera

y muy adentro.

Te sugiero seguir leyendo...
Yo, dios omnipotente, aquí te pido pues que animal curioso tú le hiciste, al pecador…

Busca poemas entre más de 3000 poetas sugeridos

X
Scroll Up