UN DÍA MALDITO/

Pedro Enrique Ribadeneira (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Cada día, de la poesía un verso,
un paso de la gloria hacia el olvido,
la ilusión que te impulsa al universo,
un sueño, una esperanza que has perdido.

Un verso que te acerca la quimera,
de la imaginación viendo el reverso,
una oración, la vista del converso
que intenta ver brotar la sementera.

Una visión sutil de la alegría,
la caída más profunda hacia el infierno,
las notas de tu infancia en un cuaderno,
el tierno amanecer de cada día.

La lectura de un texto de Machado,
ser tratante de amor empedernido,
dando gracias a dios de haber nacido,
ser alumno curioso y aplicado.

Convertirte así en escritor proscrito,
un perdedor, mas no un amilanado,
alguien para el que el cielo se ha nublado,
de un sueño que tuviste, un día maldito.
©donaciano bueno

Al fin y al cabo, un sueño, uno más Clic para tuitear
POETA SUGERIDO: Pedro Enrique Ribadeneira

Pedro Enrique Ribadeneira

CUANDO TORNAS, EXACTA, LA CABEZA

Decide mi dolor su sutileza

-oh larga soledad, vuelo perdido-
cuando tornas, exacta, la cabeza
a la tierra sin tierra del olvido.

Es, entonces, el charco mi tristeza,
y es el cielo tu nombre diluido…
y fugas de la boca, si te besa
desfallecida voz para mi oído.

En la mano no estás, y estas cogida
en la piel y en el hambre y en la entraña.
No te tengo, me tienes. Advertida,

la carne que te lleva, no te empaña,
y si apenas un sueño te convida,
te mueres extranjera, breve, extraña.
De Nada más el verbo (1969)

A TI, ALTA Y DELGADA SOMBRA

Otra vez –ya fugada- mi palabra te encuentra,
mi palabra que apenas dibujaba tu boca.
En los pechos intactos mi palabra te besa
y las manos huídas te detiene y te toca.

Miel… panal extremado que mi lírica abeja
labra en honda dulzura cautivada y ya loca.
Mi palabra en el junco de tu sexo ¡despierta!
del entero concepto te florece la boca.

Ya tú, simple, en la nieve de mi verso ¡oh descalza!
tú completa en el agua de la voz intuida,
y desnuda en el aire de la tierra lejana.

Ay perfecta en el verbo ay del beso transida,
ala sola, toda ala y, dolor, sólo una ala
en la lengua más leve del amor recogida.
De Nada más el verbo (1969)

FORMA DEL CORAZÓN ANHELANTE

Cómo fingirte al aire que no es mío,

ave en derrota, carne en desconsuelo,
si todos los desdenes de tu vuelo
se desvanecen con mi desvarío.

Cómo ponerle un ancla a tu navío
y cercenarle el ala a tu desvelo,
ay, cómo desviarte de tu anhelo
con un dique de amor, igual que a un río.

Ser escollo y ser roca y ser la sola
isla perpetua para tu llegada
y ser el aire de tu caracola,

y suelto de mi viento en tu bandada
ser el golfo y la playa para tu ola,
si de amores te encuentras desamada.
De Nada más el verbo (1969)

LA NUEVA CANCIÓN DE LILÍ

II
-¿Sufres, Amada? Yo sufro

-Amado, Amante
¿por qué no callas?
Jamás tu silencio me ha aceptado.
De la muerte has huído en tus palabras.

-¿De la muerte?

-Cuando tu cuerpo me cubría,
cuando agonizaba y agonizabas,
cuando tus terribles esencias feroces regaron mis entrañas,
cuando yo era grito y estertor
esperé, en vano, tus estertores y tus gritos
y aun entonces me hablaste y nunca,
nunca mi amor te ha odiado tanto.
Moríamos y hablabas.
En la vida y en la muerte has hablado.
Limpio charlatán
¡qué sucio habría sido para ti el semen en el silencio!
Para los machos, para el macho,
sentir que mi mano agradecida acariciaba
los genitales laxos,
mojados de mi amor,
fue el éxtasis.
Yo no lo hice contigo, hombre,
porque tú los habías lavado con palabras.
¡Y cada mañana me reclamaste un hijo! yo quería
tenerlo
para matarle luego con un solo
beso largo, asfixiante,
como tantas veces
quise matarte las palabras.

-Creo, Amada, que de la muerte hablando estábamos.

-¡Ay de la muerte! para ganarte en muerte en esta muerte.
De Muerte y caza de la madre (1977)

Cada día que pasa

Cada día que pasa para mí es de ventura
porque voy acercándome a la meta ideal:
me aproximo al instante de arrojar la envoltura
inútil, terrenal…

Cada día que pasa mi visión es más pura…
y se aviva mi vieja sed de lo inmaterial
y percibo más clara la infinita dulzura
de la voz Paternal…

Por eso cada día que pasa es de alegría
porque voy acercándome a la sabiduría
cual se acerca el cordero al pastor.

¡Quien pudiera lograr que el tiempo acelerara
y en el Puerto Celeste mi barca hoy mismo aclara
para estar ya besando las plantas del Señor!

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