UNIVERSIDAD COMPLUTENSE

César Aller(Poeta sugerido)

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He pasado, mirado y visto triste
manchada con grafittis tus paredes,
no presumas, verán que ya no eres
crisol de educación que un día fuiste.

Ni el alma ya es la misma, los enseres,
el tiempo se ciscó sin tu permiso,
tu muerte cerca está sin previo aviso,
¡malditos los que hicieron que murieres!

Olvida presumir pues tu excelencia
ausente está llorando en los laureles,
mendiga de ilusión pide clemencia.

¡Do queda hoy ese centro de la ciencia!
quien busque la hallará en los anaqueles,
fenecida, hoy no existe la docencia.
©donaciano bueno

Si la imagen es el espejo del alma, la Universidad Complutense de Madrid, sucia y llena de pintadas, está podrida por dentro. Los profesores se han convertido en funcionarios, y la razón ha sido asaltada por ciertas ideologías. Este mismo análisis podría hacerse extensivo a la mayor parte de la innumerables universidades públicas españolas.

POETA SUGERIDO: César Aller

César Aller

Fueron voces, relámpagos del aire,

o palabras llamándome en el ruido
cada vez más humano de las aguas,
fue aquel viento tal vez, gritando: César,
César Aller, levántate, ¡levanta…!
Y un yo transfigurado en lejanía,
un yo posible y cierto con mi imagen,
eternamente cincelada,
contemplaba en mi llanto comparando
mi borrada escultura y mis harapos.
De este modo empezaba esta otra vida
calladamente, en guerra, el hombre nuevo.”
De padre hombre

“¿Por qué odiamos

o cuál es el amor
que nos hace odiar
lo que le estorba?
Por nosotros se extienden,
por el alma y la sangre,
raíces de deseos,
y dominan, se adueñan,
y su fuerza reciben
de las mismas potencias
que para el bien tenemos.
No el pensamiento entonces nos dirige.
Sentimos.
Recogemos los frutos de ira
que en los fondos más turbios recuece
la humana malicia.”
De descubrimiento en el habla

Con cita de Heráclito al principio:

“Las cosas se dispersan
y se reúnen de nuevo,
se aproximan y se alejan.”

Escuchad ahora lo que dice:
“Oficio de lo vivo es dejar huella
y así, del mirar, llega esa sombra
que un momento se va en su viaje
y torna leve y no se sabe
dónde desaparece. Oficio
de lo vivo es la querencia
al vivir y llegar viviendo
al ápice, a la cima
en que sólo en quietud se saborea
sin sombra de temor.
Y no habrá muerte allá
donde la luz esplende.”
De Ofrecimiento en sombra

“Allá en los días de otoño

cuando calienta el sol levemente la tierra,
el viento mueve los nogales
y su fronda olorosa cae como la lluvia
con las hojas y el fruto envuelto en brillo verde.
Ábrese el caparazón y desprende la nuez con su cáscara
de madera finísima, unida valva a valva,
mas cerrada cual cajita sonora de sorpresas.
Y allí dentro el grano ungido de óleo
en su matriz como en un arca vegetal
tan moldeada y limpia,
las tostadas películas formando celdillas
como piezas de un reloj parado hace siglos.
Por fuera no se advierten los primores
pero cuando las nueces tendidas a secar
hablan unas con otras,
cuando al azar se mueven recogidas
en las cestas de mimbre,
o en la antigua medida por heminas,
ellas dicen palabras inefables,
la historia de su vida
desde el brote embrionario en el nogal
hasta la madurez.
Y ello es todo un vivir de sonidos.
Basta escucharlas, que ellas hablan
y dicen su apagada canción
o gritan al cascarlas
cual si llegase al fin su muerte”
De Cuaderno en Otoño

Lección bien aprendida en carne viva,

amor tendría un nombre: sólo amor,
en cuerpo y alma, sólo, sólo amor,
de la vieja lección de la Escritura.
Y serán dos en una sola carne,
dos y uno para siempre hasta la muerte,
y tan sólo contabas diecinueve,
linda y joven cual flor de la ribera,
morena de ojos negros, pelo negro,
que había florecido para darse,
y tocó a padre hombre aquella suerte
y a ti te tocó él como una herencia,
inteligente amor para el trabajo,
brazos y manos fuertes, la mirada
serena y cultivada de artesano.
Humilde habitación, noches de sueño,
de amor y confidencias día a día,
y amanecer temprano en el trabajo.
Fue la luna de miel humilde y parva,
sin viajes, ni lujo, al Mare Nostrum,
contadas las monedas una a una,
ración de la pobreza, fiel madrastra
que educa cada día el propio cuerpo,
el continente humilde, el no alargar
la mano más que el brazo en la codicia.
Tuviste por maestra a aquella abuela
que sabía ahorrar en la comida,
vino de la cosecha, aquellas vacas,
lechugas y verduras en verano.
El jornal por semanas, siempre corto
y en el invierno heladas, aquel frío
que templaba el calor de un haz de leña.
Tu hijo primogénito en camino,
llegó en signo de Libra un diez de octubre
y fue un regocijo entre los brazos,
otro varón Aller por apellido,
en aquel dormitorio de tu amor
que andando el tiempo le enseñabas,
en la casa de tierra y de tapiales,
tejas rojas, paraguas de la lluvia,
tan cerca de la iglesia y las campanas
que daban su sonido a vida y muerte,
los días de trabajo y de las fiestas.”
De Madre mujer

“Todo era el orbe aquel

a la medida de tus manos
caricia original,
aprendizaje pulcro,
y era amor todo el mundo en aquel sitio,
abriéndose la tierra,
feraz ebullición sobre los montes
que tocaban el cielo allá a lo lejos
y era una danza,
lumbre de tu niñez,
y hasta el sol en su cénit dialogaba
contigo, tan pequeño,
y era hasta el padre de tus ojos
abiertos a la hermosa creación.”
De Progenitura

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