UNO DE TANTOS…

Poeta sugerido: Francisco Gálvez

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Nunca tuvo en la vida ni un resquicio
de descanso, minuto, ni un instante,
pues que vino a cubrir una vacante
con la fusta dispuesto al sacrificio,
y el arte de fingir como un marchante.

Que el citado, sujeto itinerante,
se enfrentaba a la lucha con oficio
y aunque anduvo cercano al precipicio
mostrándose en el riesgo un principiante
y las tablas ilusas de un novicio

fue de acá para allá como un turista,
curioso de la vida en bicicleta
pedaleando al fina hasta la meta
tratando no salirse de la pista
siempre atento a su estado de retreta.

Que él fue un tipo discreto en apariencia,
otro más del montón. quizás cretino,
a veces sin estado de conciencia,
del que nadie echará en falta su ausencia,
llegó, vivió, se fue al igual que vino.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Francisco Gálvez

Francisco Gálvez

UNO MÁS

En ninguna ciudad soy un extraño
nadie me mira como un extranjero
bebo de su agua y de su luz
hablo su lengua y amo sus maneras
nadie mira si el color de la piel
o si mis rezos son para otros dioses
vivo su mismo tiempo y fervor
nada me vuelve la espalda o palabra
los sueños son el mismo dios de todos
y sólo la mirada nos delata
sin que nadie aprecie lo que somos

(De Asuntos internos, El Brocense, 2006)

Breve paraíso

Para el placer y la muerte un solo instante,
si en ambas se abandona vigor y belleza
o se ejercita de igual modo el conocimiento
y la desolación de la naturaleza:
pues si la luz no arroja sombras,
de nada valen los relieves.
De “Iluminación de las sombras”
Antorcha de Paja. Córdoba, 1984

Brindis

Un destello de amor
es la copa del brindis,
y el tacto una huella
en el fino cristal,
y el instante un brillo
húmedo, evanescente:
hoy lo revela todo
y mañana no existe.
Un momento sublime
sin contornos ni límites.
De “Tránsito”
Anthropos. Barcelona, 1994

Crisis

Tu voz parece de otro tiempo,
ya no tiene aquel tono cálido
de antes, ni la complicidad
de siempre, sólo son palabras
y su afecto es ahora discreto:
en tus mensajes ya no hay mensaje.
De “El hilo roto”
Pre-Textos. Valencia, 2001

El paseante

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Salir de mí,
ir hacia los otros,
amanece y el aire aún es limpio,
sencillamente fresco.
Conforme avanzo el sol
se deja notar más,
no interviene en mi camino,
pero está ahí, entre mis pasos:

voy hacia los otros,
dejo atrás la música primera
de los pájaros,
y se incorporan señales
de un mundo elegido
y al mismo tiempo rehusado;

no llego a conclusiones,
no dejo hacer al pensamiento,
no niego, separo
el interior del exterior,
elijo la ola y la espuma,
el tono de ruido,
el momento del viento;

ahora que estoy afuera
pero voy por dentro.
De “El paseante”
Hiperión. Madrid, 2005

Erosión

Ni la hosca piedra ni el metal más noble.
Una hoja seca en las páginas de un libro
y un cuerpo envejecido nada esperan,
si el tacto ya no existe.
Sólo ver respirar el mundo
y en silencio escuchar la música
que una espaciosa nube le ocupa.
Destino tenaz, naturaleza.
De “Iluminación de las sombras”
Antorcha de Paja. Córdoba, 1984

Invierno en el País de Gales

Es de noche, camino por el bosque sin rumbo,
pero no perdido, a los lejos veo una casita de invierno,
una ventana encendida y me acerco despacio:
no hay pesadas cortinas, una chimenea crepita,
parece Thomas de Quincey leyendo a Kant,
hay un libro inacabado, sobre la mesa
la vida misma, cotidiana y común,
y manos que abren puertas y los sentidos.
En una casa como esta pueden estar
los seres de nuestro pasado y presente,
porque ningún incendio quema miradas
y mucho nos parecemos antes y ahora.
Es noche cerrada, la luz interior de la casa
ilumina al mundo, al universo. En este bosque
está la felicidad, la soledad del pensamiento.
De “El paseante”
Hiperión. Madrid, 2005

La llamada

Sigo esperando tu llamada,
no me olvides ni dejes que transcurra
demasiado tiempo,
porque todo es fugaz
y se pierde el instante de las cosas.

Sigo esperando cada día,
contéstame y renuncia a este silencio
de pálidos mensajes,
porque acaban las horas
y el tacto que mantienen las palabras.

Sigo esperando en la distancia,
acude en breve, escritas en el aire
mi invitación y súplica,
porque ningún decir
ni su gesto es pasión cuando ya es tarde.

Sigo esperando tu llamada,
no demores, depende de un hilo
la vida más sencilla,
porque esta servidumbre
en lugar de acercarnos nos aleja.
De “El hilo roto”
Pre-Textos. Valencia, 2001

Lenguaje

En las callejas del mundo
el lenguaje es sólo la mirada,
sin manos, es silencio, sin palabras
es la angustia con sus mil ojos.
De “El paseante”
Hiperión. Madrid, 2005

Mensajes

En este momento estoy ausente,
pero puedes dejar algún mensaje
y te llamaré cuando vuelva.
Si eres el amor
llama más tarde, o tal vez otro día;
si eres la soledad
espera, pronto estaré contigo;
si eres el suicida
marca otro número, apenas queda tiempo;
si eres la muerte
elige otro destino, sólo soy una técnica;
si eres el pensamiento
abandona, este hilo no medita;
si eres la palabra
da la vuelta, aquí nadie te pronuncia;
y si eres una voz anónima
que llamas angustiada
en cualquier momento llegaré a casa:
habla después de oír la señal.
De “El hilo roto”
Pre-Textos. Valencia, 2001

Natural

Susurra el árbol, la razón entiende:
nada es el norte o el sur sino aquello que
el corazón elige, ni el objeto
es el amor sino el amor
todo en sí mismo, porque viejo o joven
hermoso es el tiempo de la luz,
como natural es el paisaje
o por libre la voluntad es fuero.
De Un hermoso invierno
Antorcha de Paja. Córdoba, 1981

Secretamente

Acompañar a un cuerpo dormido,
acariciar su piel mientras sueñas
en amar esos años prodigiosos
en íntima vigilia,
rememorar ese cuerpo secreto
de ojos dulces y causa ciega,
decir amor sobre sus largos cabellos
y recorrer audaz la línea divisoria,
sin transgredir su paz ni su silencio.
De “Santuario”
Antorcha de Paja. Córdoba, 1986

Túnel

Mensajes, mensajes, mensajes
continuos de bienvenida o despedida,
medida de silencio diario,
tan pequeños, tan gigantes.
De “El paseante”
Hiperión. Madrid, 2005

Vaivén

El mar mantiene su vaivén
variable, e invariable.

Miro las aguas espumosas
y luego transparentes,
suben y bajan en la playa,
se estrellan en las rocas.

En apariencia son uniformes
en su movimiento,
pero la diversidad reina
en todos sus gestos.
De “Tránsito”
Anthropos. Barcelona, 1994

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