CREER O NO CREER III

Mi Poeta sugerido: »Víctor Manuel Pinto

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Creer o no creer, pues bien, no creo.
¿A qué viene creer lo que no he visto?
así que alguien deduzca le hago un feo,
no soy Santo Tomás y me resisto.

Creer o no creer, mirar de frente,
tratando de a las luces sacar brillo,
creer o no creer eso es sencillo
haciéndole un regate hasta la mente.

Creer o no creer, si me conviene
tachando de un plumazo toda duda,
tratando de engañar mientras se suda
al ver que a la falacia no se aviene.

Creer o no creer, ¿si alguien lo dice?
hurgando de este mundo en los misterios,
haciéndole abstracción de los criterios
teniendo siempre en cuenta a quien bendice.

Creer o no creer, yo ante la duda
me pongo a disfrutar, me fumo un puro,
creer o no creer, no estoy seguro
así que mi intelecto me sacuda.

Me pongo a meditar y es mi cerebro
que insiste no seas bobo, no hagas caso,
que al tema tú ya le has dado un buen repaso
y es que ello es más torcida que un enebro.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Víctor Manuel Pinto

Víctor Manuel Pinto

TIERGARTEN

Dos pemones fornican en Berlín.

El amor deja al hombre en ridículo.

Todo el día fumando ese monte,
bebiendo cachiri entre la niebla del tepuy donde hablas con los muertos
y preguntas si otro me revuelca.

Lo único que miras es el agua,
el tiempo; su transparencia nos mengua.

Viejo, abrázame como en Canaima,
cuando bailamos tragando pastillas que nos dieron turistas de Alemania.
Esa noche me diste tu diamante y planeamos la huida de las minas.

Si vendemos la piedra nos largamos.
Nos vamos por el monte, por las trochas,
donde nunca el Sindicato nos encuentre.

Me pediste que no viera a los guardias contrayendo la vulva en la alcabala.
Pero Makunaima siempre te encuentra.

Se troca en sapo, tropa, alemán.
A Makunaima le gusta lo puro.

Es un sol que calcina a sus hijos,
por eso no conoce los abrazos, por eso nos castiga al separarnos.

Dos pemones fornican en Berlín.

Viejo, hazte masa, kilos, toneladas y aplasta al maldito que nos aleja.

Qué mísera se vuelve la sabana para el estómago inquieto del ansioso
que bebe entre asesinos y rameras donde cortan pescuezos por el oro.

Cráneo ensangrentado del palero,
la tormenta y la muerte es por nosotros; el barro que hunde recién nacidos,
el sucio cementerio de la playa, la misa de los santos sin cabeza.

Los tepuyes son las muelas del Diablo.
Los tepuyes son los puños del odio.

Cráneo ensangrentado del palero,
la mano que ciega el clavel de guerra; la bala, la urna, es por nosotros.

Dos pemones fornican en Berlín.

Ario Makunaima, yo te escupo.

De noche se emborrachan los prusianos
y bailan con sus botas militares
como aquélla noche loca en Canaima.

La noche que nos fuimos de la mina.

También el amor usa arcos y flechas.
La plata y el oro son sus venenos.

De noche se emborrachan los prusianos.
Fornican ante mí sobre la grama del viejo jardín de cacería.

Lo único que pasa es el viento erizando el jaspe de la piedra.

¿Por qué acá, Makunaima, si no entienden?

¿Por qué aquí, Makunaima, en el frío?

WALDSEEMÜLLER

Sangre seca es el sepia de los mapas.

Trazar sobre la tierra con un palo,
caminar esa tierra con pistolas.

Las nubes eran grandes continentes
disueltos por el viento de la guerra.

Un mapa es un secreto militar.
Dibujar a cuchillo con un lápiz.

Blancos los pliegos vestidos de novia
pero cruento resultó el casamiento.

Sexo en la playa en nombre de Castilla.

Oro o muerte decía el Almirante.
Muerte como cortándose el pescuezo.

Oro o muerte decía el Capitán.
Y ponía dos dedos en su sien
como un tiro volándole los sesos.

Así obraron los hombres del cielo.

Roja la culebra que entra al agua
directo de la boca del cadáver
dibujando las líneas de sus mapas.

Deseando a la perla deliciosa
vivían jaloneados por la muerte

como el que escupe desde un edificio
y se queda mirando la saliva.

Barriada:

Las casas de bloques rojos
van tumorando la piel de piedra del cerro:
y dentro de cada casa: un cuerpo
y dentro de cada cuerpo: una voz
habitando la formación de carne
que habita el cuerpo de columnas y paredes.

– Si me pregunto:
¿Cómo me veré aquí sentado, así tan solo?
– Ya estoy solo.

Así ya no escucho, así no siento mía la voz
que aquí conmigo vive / arriba,
la voz que aquí conmigo se sienta.

Dos

Arriba: construye / Arriba: fabrica / Arriba: imita sabores:
él con la mano, ella con un dedo;
cada uno solo, tan lejos de la latitud del corazón,
tan dados a la longitud de la carne.

Arriba decide, te llama corazón, te llama espíritu.

¿A dónde estamos? Dame tu mano.
No quiero perderte en esta masa de locos:

– ¿Carne masticada por quién?
– ¿Zapatos calzados por quién?
– ¿Colchón sudado por quién?

¿A dónde estás? ¿A dónde vivo?

Arriba:

sobre los hombros,
frente a la nuca,
y detrás de los ojos.

CONTENIDO

ella me enseñó a obedecer con el brazo recto una distancia de mis amigos,
cantando un himno quieto bajo una bandera. Ella decía la verdad en
un bosque achatado en la pared, debía responderle, debía obedecer. Ella
y el policía con guantes dibujando la quietud de un hombre en el suelo.
Obedecer el azul del uniforme del policía, obedecer el azul de la camisa del
liceo; el mar tenía una quietud falsa en las esferas. Ella era la espuma
de su sal dura hundiéndonos: ser hombres que no mata la policía, ser
mujeres tapándose con vergüenza, obedientes a las flores de los hombres.
En el baño había más preguntas: la revista abierta, el uso del cuerpo
en el labial y el ruedo corto de la falda. Inexacta en sus objetivos: 1a
2b 3c y sin colores. Su punta que no conjuga: él se toca, él roba, el
amigo mata, el amigo muere, ella se toca, ellos sienten, nosotros sentimos.
¿Qué hacemos con el cuerpo nuestro? ¿Qué hacemos con el muerto de cada
día? Me desarmo y busco mi forma real. Buscar: ese verbo que odia

Objetivo 2.b

AZUL

El movimiento del agua más allá de la orilla
distinto al que va y viene
cambiando el color de la arena.

O los pensamientos de un hombre que no siente
en sus movimientos: irse y venir sobre su cuerpo
una mirada distinta..

SUS CABEZAS CAEN COMO LA FLOR SEGADA POR EL CUCHILLO

Ramón Palomares

hundidos en su belleza podrida, que acabó en fermento de alcoholes, que
abren bailes con torceduras en sus cuerpos, que acaban con sus lenguas
afuera, y acaban desnudos sobre sí mismos: su amor es una imagen y
carne agitada. Trato de volver a mí entre ellos, que mi voz sea una
resonancia visible a mi presencia. Ellos apartan sus dedos de la botella de
ron, y hasta amanece y aún les hablo de la pelea por ver al Diablo, y oler
a Dios entre heces y humos. Sólo imagino detrás de un muro con la textura
y la temperatura de mi pecho. Un pedazo de carne cruda vale más que mi
lengua. Imagino esa mi gran ayuda, todo lo digo a ellas, cada dedo tiene el
nombre de cada amigo, y los agito; aprieto y les pego sólo a ellas: mis manos.

SIN PARTIR, PUES NO SABÍA DONDE. SÓLO A LA ESPERA

Pedro Luis Hernández

he escuchado mis pasos al caminar, pude ser yo quien los guiara a su
sonido, desde mi peso y mi deseo: Lo posible de llevar por el pasillo
la hermosa estatura de 30 años. Alguien al volver de la noche, toca
con su puño la puerta deseando que adentro, alguien despierte dejándolo
entrar. Habitar por un instante esta casa habitada por muchos,
ver que sus manos y piernas han crecido, y cómo desde los ojos, la
perspectiva de las cosas sube y baja ligeramente a cada paso… si adentro
el silencio es un logro de la voluntad, disminuyen las órdenes de la
inconciencia. Escuchar sólo el toque de la sangre: los pasos del corazón.

Percepción

No quiero saber si lo que miro
es el verdadero tamaño de la piedra.

Si aún le falta crecer
con el viento
o por el viento
disminuye la dimensión de su masa.

Sólo quiero una piedra
para sentarme
a ser un hombre tranquilo.

Desunir el puño de cosas
que endurecen mis manos.

Encontrar
este momento de la piedra:
sin futuro
ni pasado.

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